Cómo construir a la "esposa físicamente perfecta" en seis años
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EL CIRUJANO QUE JUGÓ A SER DIOS

Cómo construir a la "esposa físicamente perfecta" en seis años

La del hombre que juega a ser Dios y pretende crear vida con sus propias manos es una figura que ha aparecido a lo largo de la historia del ser humano

placeholder Foto: Veronica Matlock, la "mujer perfecta" para el cirujano, en una competición de 'bodybuilding'.
Veronica Matlock, la "mujer perfecta" para el cirujano, en una competición de 'bodybuilding'.

La del hombre que juega a ser Dios y pretende crear vida con sus propias manos es una figura recurrente a lo largo de la historia del ser humano, incluso en la mitología clásica. Prometeo intentó arrebatar el fuego a los dioses para dárselo a los hombres y, siglos después, el doctor Frankenstein intentaría darle la “chispa de la vida” a su criatura, formada a partir de trozos de cadáveres diferentes. Quizá podamos apuntar a David Matlock en dicha lista, como el mad doctor de la era de las operaciones quirúrgicas y el lookism.

Lo que Matlock, de 49 años, ha conseguido, es diseñar al milímetro a la que denomina “su mujer perfecta”, después de pasar por sus manos y su bisturí en incontables ocasiones. Matlock y la que habría de ser su futura esposa, Veronica (38 años), se conocieron en 2007, cuando ella acudió a su consulta para someterse a una vaginoplastia (o, como el doctor lo llama, “vagina de diseño”) después del nacimiento de su hija Isabella.

Por supuesto, la fama precedía al cirujano, cuya clínica ya había tratado a más de 60.000 mujeres para cuando la mujer acudió a ella en busca de ayuda. Matlock era toda una celebridad en Hollywood, gracias principalmente a sus vaginas de diseño y el “g-shot”, una inyección de colágeno en el punto G que, en teoría, triplica el placer sexual. La clínica de Matlock, llamada Laser Vaginal Rejuvenation Center of Los Angeles, es una de las pioneras en ofrecer, desde los años noventa, el llamado “rejuvenecimiento vaginal por láser”.

Del quirófano a la… ¿perfección?

Veronica no era una novata en el mundo de la cirugía, ya que había sido sometida con anterioridad a tres operaciones de aumento de pecho. Sin embargo, notaba que el resto de su cuerpo no hacía juego con sus sobredimensionados senos, y algo semejante debía pensar el que sería su futuro marido, puesto que le sugirió lo que en su página web promociona como un Wonder Woman Makeover, es decir, una “renovación Wonder Woman”, consistente en una liposucción de la papada, de los brazos y de las piernas y un levantamiento “brasileño” de trasero. Por aquel entonces, Veronica pesaba casi 20 kilos más que ahora.

No le di importancia a su peso, simplemente supe lo que tenía que hacer

Ese primer encuentro tendría otra consecuencia determinante para la vida de la operada mujer: David se quedaría prendado de ella y le pediría una cita, en la cual, el célebre cirujano le pidió matrimonio. La suerte estaba echada, y Matlock se aseguraba, de esa manera, de disfrutar del producto de su propio trabajo. Además, sirvió para ayudar a Veronica a deshacerse de la vergüenza que le producía el motivo de su visita al centro: “Ni siquiera podía mirarle a los ojos”, ha reconocido a la prensa. “Yo estaba completamente avergonzada, pero él me dijo que fue amor a primera vista”. Eso sí, amor a primera vista, pero al que no le sobraban un par de retoques.

Juntos en el quirófano

Desde entonces, Matlock se ha encargado de diseñar miembro por miembro, centímetro por centímetro, el cuerpo de su esposa. “No le di importancia a su peso, simplemente supe lo que tenía que hacer”, ha manifestado el cirujano. “Ella estuvo de acuerdo con todo. Incluso con el matrimonio”. Además del matrimonio, hay que añadir a la larga lista de cirugías consentidas por la estadounidense una reducción de labios vaginales, inyecciones de bótox y el célebre “G-spot shot” (sí, aquel que multiplicaba el placer sexual). Cada vez que entraban al quirófano, lo hacían juntos, aunque Veronica lo hiciese con una bata verde y su marido, con una mascarilla y un bisturí en la mano.

Quería llevar mi cuerpo a un punto al que no podía llegar simplemente haciendo ejercicio

Las fotografías que Matlock ha expuesto en la página de la clínica o que han aparecido en medios como The Daily Mail, y en las que la feliz pareja posa orgullosa con la niña Isabella (que ya tiene 9 años), dan buena fe de la silueta escultural de Veronica. También de la de su marido, que luce un marcado six-pack abdominal (o, como diríamos en España, una trabajada tableta de chocolate).

Al fin y al cabo, Matlock también ha pasado él mismo en repetidas ocasiones por el quirófano, por ejemplo, para probar el sistema de adelgazamiento denominado Vaser High Def Liposculting que él mismo diseñó. Se trata de implantes generados por la propia grasa del paciente que se inyectan en los músculos para aumentar su volumen. Ahora mismo, Matlock está preparando un método alternativo consistente en sustituir la grasa por plasma. No es la única operación por la que ha atravesado el médico de origen afroamericano sino que, como su esposa, también ha sido sometido a diversas liposucciones. Como indicaba el cirujano, “quería llevar mi cuerpo a un punto al que no podía llegar simplemente haciendo ejercicio y con dieta”.

Entre el amor y la competición

Se trata de una de esas historias tan retorcidas que pueden ser analizadas desde un punto de vista tanto negativo como positivo. Cierto es que presenta alguno de los ingredientes que resumen lo peor de nuestra sociedad (la importancia de la apariencia, la sumisión de la mujer al hombre), pero también, en el fondo, se trata de una historia de amor y de comprensión mutua. Un tanto peculiar, eso sí.

Ya que él se esfuerza en tener buena apariencia, siento que yo también debo hacerlo

Hoy en día, la pareja disfruta presentándose junta a competiciones de bodybuilding, donde en raras ocasiones son apeados del podio, y manteniendo una estricta dieta formada por seis comidas al día, con el objetivo de mantener su cuerpo a punto. La mejor motivación, señala Veronica Matlock (que se considera a sí misma la mejor promoción de la clínica de su marido), es aguantar el ritmo de este: “Ya que él se esfuerza en tener buena apariencia, siento que yo también debo hacerlo. Es presión añadida”.

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