Cuál es la clave de la inteligencia (y por qué los autistas son tan brillantes)
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“ESTAMOS ANTE UN CAMBIO DE PARADIGMA”

Cuál es la clave de la inteligencia (y por qué los autistas son tan brillantes)

Tradicionalmente, la ciencia ha asociado la inteligencia con la velocidad mental, es decir, con la capacidad para administrar con velocidad una gran cantidad de información y

Tradicionalmente, la ciencia ha asociado la inteligencia con la velocidad mental, es decir, con la capacidad para administrar con velocidad una gran cantidad de información y poseer un amplio abanico de conocimientos que puedan ser aplicados en nuestra vida diaria. En definitiva, como ocurre en el caso del procesador de un ordenador, la inteligencia estaba directamente vinculada con la memoria y el número de conocimientos almacenados en el disco duro de nuestra mente. Sin embargo, una nueva investigación abre la puerta a un nuevo paradigma, como algunos científicos han considerado. Este nuevo estudio, que se publicó la pasada semana en la revista científica Current Biology, indica que aquellos que tienen una mayor inteligencia son los que son capaces de ignorar la información superflua y centrarse únicamente en lo esencial. Lo importante ya no sería la cantidad de información, sino la calidad.

Según descubrió el grupo de investigadores de la Universidad de Rochester y de la Universidad de Vanderbilt encabezados por el profesor de ciencias cognitivas Duje Tadin, aquellos que tienen un coeficiente intelectual más alto son los que tardan más tiempo en procesar los movimientos de grandes figuras que se producen en el fondo de una imagen, puesto que su cerebro está programado para ignorar dicha información. Por el contrario, son capaces de identificar con una velocidad mucho mayor el movimiento de los pequeños objetos en primer plano. Este puede ser uno de los factores decisivos a la hora de identificar cuáles son los cerebros que funcionan de manera más eficiente, indicaban los investigadores en el estudio, llamado A Strong Interactive Link Between Sensory Discriminations and Intelligence.

Centrándonos en lo que importa (y despreciando lo demás)

En opinión de Michael Meinick, uno de los responsables del artículo científico, los resultados no dejan lugar a dudas. “Partiendo de las investigaciones previas, esperábamos que todos los participantes fuesen igual de malos a la hora de detectar los movimientos en de las grandes imágenes, pero aquellos con mayor coeficiente eran mucho, mucho peores”. El autor recordaba que ello no debía verse como un déficit cognitivo, sino todo lo contrario, ya que a la hora de conducir un coche, entrar en una habitación o caminar por un corredor el movimiento en primer término es lo más importante.

Ignorar este tipo de estímulos nos permite centrarnos en las amenazas que tenemos más cercaLos investigadores recuerdan que en la adaptación del hombre en la naturaleza es vital que este sea capaz de obviar los movimientos de grandes objetos que se producen en el fondo (como puede ser el viento meciendo las copas de los árboles o las nubes avanzando por el cielo), puesto que por lo general se encuentran lejos y no pueden causarle daño. Sin embargo, es el movimiento cercano y de pequeños cuerpos lo que marca la diferencia ya que, en definitiva, es aquel que percibiríamos si un animal salvaje nos atacase.

A medida que el coeficiente de los investigados aumentaba, también lo hacía su capacidad para ignorar los movimientos del segundo plano. Los investigadores han dado el nombre de “índice de supresión” (o “suppression index”) a esta capacidad de discriminación de estímulos que hallaron tras analizar cómo respondían sus investigados a la visualización de un vídeo en el que barras de colores blanco y negro se desplazaban de izquierda a derecha en primer o en último término, como se puede apreciar en el vídeo.

Los autistas y los jazzmen son los mejores

Este descubrimiento, según sus responsables, sienta un importante precedente ya que hasta la fecha las correlaciones entre inteligencia y este tipo de percepción habían sido poco significativas. “Para la inteligencia, es necesario que seas capaz de procesar la información importante de manera rápida, pero también necesitas centrarte en la información más importante y dejar de lado lo que resulta irrelevante”, explicaba Tadin. En la primera parte del estudio, que tuvo lugar con 12 participantes, la relación encontrada entre coeficiente intelectual y discriminación de impulsos era del 64%, mientras que la realizada sobre una muestra de 53 personas era del 71%. Hasta la fecha, el porcentaje se encontraba entre el 20 y el 40%. Como indica el profesor, “los estudiosos, desde tiempos de Francis Glaton, han intentado encontrar una vinculación entre el coeficiente intelectual y los resultados siempre han sido mucho más débiles que los que hemos localizado en nuestro primer estudio”.

Las secciones del cerebro vinculadas con los sentidos eran las que se ponían en marcha mientras los músicos tocabanUna de las implicaciones de dicho descubrimiento es que puede introducir otros factores para el análisis de la inteligencia que, por ejemplo, expliquen la brillantez de los autistas en algunos aspectos. “La gente con un autismo de alto funcionamiento es realmente buena a la hora de centrarse en los aspectos locales de la percepción e ignorar el marco general”, exactamente igual que ocurría con las personas con un coeficiente más alto.

Sin embargo, los investigadores no creen que esta prueba vaya a reemplazar a las medidas habituales de coeficiente intelectual, aunque quizá sí matice los resultados que estas sugieren, ya que relativiza la importancia de lo cultural. “Ya que la inteligencia es una construcción mental, no puedes reducirla únicamente a una parte de la mente”, explicaba Duje Tadin que, sin embargo, recordaba que “esta nueva relación con la inteligencia proporciona un buen método para observar qué es diferente sobre el procesamiento neuronal, en la neuroquímica y en los neurotransmisores de las personas con distintos coeficientes intelectuales”. Como indican los investigadores, esto no niega la importancia de la velocidad del procesamiento de información, sino que la complementa.

Esta investigación es semejante en la misma dirección que aquella que en 2012 explicaba, a partir de los músicos de jazz, por qué estos eran más creativos. Como indicaba dicho estudio, la creatividad no nace de la nada, sino de procesos cognitivos ordinarios. En el caso de los seis pianistas de jazz que fueron analizados, la parte del córtex destinada a la autocensura y la planificación cuidadosa era la que menos se activaba, mientras que aquellas secciones vinculadas con los sentidos (principalmente el oído y la vista) eran las que se ponían en marcha mientras tocaban. El mito del músico concentrando en su arte, totalmente abstraído de todo lo demás, quizá esté a punto de ser confirmado por la ciencia. Al fin y al cabo, parece ser que lo más importante es concentrarse en lo que importa y despreciar lo inútil.