COLECCIONA MARATONES OLÍMPICAS Y A SUS HÉROES EN LOS CINCO CONTINENTES

Arcadi Alibés, entre la gloria y la tragedia del corredor de fondo

Correr para correr, correr para ganar, correr para ver mundo, correr para pensar, correr para superarse, correr para ser feliz... De América a Oceanía y Asia,

Correr para correr, correr para ganar, correr para ver mundo, correr para pensar, correr para superarse, correr para ser feliz... De América a Oceanía y Asia, hasta África y Europa, pasando por la Antártida, el periodista Arcadi Alibés ha corrido toda su vida, desde pequeñito en su pueblo natal de L' Ametlla de Merola (Barcelona), y desde hace treinta años en las maratones más famosas y multitudinarias como la de Londres o Berlín o en las más singulares de Honolulu, Isla de Pascua o las Islas Vírgenes. Y corriendo, siempre corriendo, ha querido revivir la gloria y la tragedia de los héroes que hilvanan la épica de la prueba reina del olimpismo. 

"Como corría, de estudiante en Barcelona me apuntaba a las primeras carreras populares del boom de los ochenta, y al hacerme periodista deportivo y escribir sobre la maratón de Nueva York se me despertó el gusanillo", explica Alibés. "La corrí por primera vez en 1983, con 24 años, en 4 horas y 22 minutos, y ya no paré. Sentí entonces, en medio de aquella multitud, que pertenecía a un movimiento mundial compartido por millones de personas y que no era ningún bicho raro". Y empezó a coleccionar maratones olímpicas hasta conseguir el récord inédito de haber culminado todas salvo la de Los Ángeles, "que coincidió con la Volta a Cataluña de ciclismo que he de retransmitir cada año para TV3".

Sin embargo, fue en 2004, disputando y sufriendo la maratón de Roma, sobre los adoquines y junto al Coliseo, cuando algo cambió: "Mis pies llenos de ampollas casi hacían que me avergonzara recordando la hazaña cuarenta años atrás del etíope Abebe Bikila que batió el récord del mundo corriendo descalzo. Vaya fenómeno. Entonces pensé que podía contar en un libro las dos filosofías de los corredores de maratón. Por un lado, la de los atletas de élite que luchan por ganar y, por otro, la del corredor popular y viajero, que corre por el placer de hacerlo y de conocer ciudades, países, idea que comparten millones de personas de todo el mundo". Así surgió La huella de los héroes (Corner).

"Entonces empecé a profundizar en el mundo de la maratón olímpica y descubrí corredores increíbles que no sabía ni que existían, y no sólo por sus victorias. Gente como el cubano Félix Carvajal, que en los juegos de San Luis, en 1904, llegó cuarto después de haber ido en cabeza toda la carrera, porque muerto de hambre como estaba se paró ante un manzano a comer sus frutos que se ve que estaban verdes y le dio tal diarrea que tuvo que parar, perdiendo la gloria olímpica por poder comer; o la única muerte de las maratones olímpicas cuando el carpintero portugués Francisco Lázaro, primer abanderado de la historia de su país, con la piel cubierta por una espesa crema cayó desplomado en el kilómetro 30 de la maratón de 1912 en Estocolmo; o la historia del italiano Dorando Pietri, que entró primero en el estadio en los juegos de 1908 en Londres, pero que lo hizo tan grogui que se cayó varias veces, se confundió de sentido y que, ayudado a cruzar la meta, fue descalificado". O la de la suiza Gabriela Andersen que en Los Ángeles 1984, donde las mujeres se incorporaron por primera vez a la maratón olímpica, hizo historia sacando fuerza de lo inimaginable para agónica, rechazando toda ayuda, cruzar la meta. Gracias a ella se creó la regla por la cual los atletas pueden recibir atención médica sin ser descalificados (artículo Andersen-Scheiss). "No venció en la carrera (llegó la 37 de 44), pero ganó la eternidad".

De las 114 maratones que ha corrido Alibés, incluida la de Río de Janeiro, que será olímpica dentro de tres años, recuerda como la más emocionante la de Atenas, por ser la cuna de la prueba y su carrera número 50. "Era consciente de que corría por un lugar histórico por donde antes lo había hecho el primer campeón olímpico Spiridon Louis, un vendedor de agua griego, en 1896, y el famoso soldado Filípides". Sus momentos de gloria los reparte entre Mallorca, donde bajó por primera vez de las tres horas o Sevilla, un recorrido que culminó en dos horas y 53 minutos. "Entonces estaba condicionado por la marquitis; luego vi otras cosas más importantes como regresar después de una lesión o completar el proyecto de las maratones olímpicas". Y en el capítulo de las tragedias no se le olvida París 1988, "donde pasado de forma lo que tenia que haber hecho en menos de tres horas lo terminé en más de cinco".

En la Antártida ha corrido sobre nieve y barro a -5º C, "un ejemplo de hasta dónde te puede llevar la maratón"; y por el Sahara, aprendiendo que "al final, una maratón son siempre 42 kilómetros y 195 metros pero que las diferencias pueden ser brutales. En Nueva York corres en mitad de un aluvión de 45.000 personas y en la Isla de Pascua o en las Islas Vírgenes entre apenas 14".

¿Y qué se cuece en mitad de esa melé humana que cruza el puente de Verrazano? "En la primera mitad de la carrera, mucha euforia, la gente sonríe, va alegre... Pero en la segunda parte se hace el silencio, la gente no habla, se han ido las fuerzas, desde el kilómetro 35 se ven los rostros compungidos de los que quieren acabar ya, sufriendo... Y te preguntas ¿por qué quieres terminar algo que tanto te gusta?".

Sin patrocinios ni espónsor, en vacaciones (tres maratones olimpicos en tres semanas -Sidney, Melbourne y Pekin-), pero siempre corriendo, empezó el año en Zúrich en la primera maratón del mundo que se celebra el 31 de diciembre a las 12 de la noche. Ahora entrena para la de Barcelona "haciendo a la semana entre 70 y 90 kilómetros" y tiene el resto del 2013 abierto a la improvisación. Eso sí, sabiendo siempre que sólo o en medio de multitudes, con frío polar o calor desértico, es corriendo como se encuentra a sí mismo.      

Alma, Corazón, Vida
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios