¿Hablamos? Comunicación en la pareja

Existen al menos tres modos de comunicarse con la pareja. Normalmente los tres se van intercalando y sucediendo, según el momento que esté atravesando la relación.

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    Existen al menos tres modos de comunicarse con la pareja. Normalmente los tres se van intercalando y sucediendo, según el momento que esté atravesando la relación. Pero podemos pensar cuál de ellas es la que prima con nuestra pareja actual, valorar cuáles pueden ser las opciones frente a una falta de entendimiento con el otro y de este modo crear una relación más satisfactoria.

    Uno de los tipos de comunicación es aquella que se da de forma constructiva, donde la mirada de cada uno de los miembros de la pareja sirve para buscar un consenso hacia la búsqueda conjunta de una solución a un problema. Cada uno siente la necesidad de compartir experiencias con el otro, y por tanto, de encontrar en él un alivio emocional. Es una forma para buscar apoyo en el otro.

    Otro tipo de comunicación, opuesta a la anterior, es la que se da de forma destructiva, con reproches, rabia, dolor y ataques verbales hacia la pareja. Aquí la mirada de uno está puesta en atacar o defenderse del otro, olvidándose del problema, objetivo o dificultad.

    Ambos tipos de comunicación generarán un vínculo en la pareja. En el primer caso será un vínculo positivo, de bienestar y entendimiento. Y en el segundo, un vínculo donde prima el enfado, el malestar y el desencuentro.

    Si no quieres que tu pareja se extinga en la indiferencia, es importante hablar, comunicar, decirse y compartirHablemos del silencio. La pareja que no habla, la que no se comunica, ni para bien ni para mal, esa que no se dice nada por las razones que sean. En el vínculo de esta pareja reina la indiferencia a los estados emocionales del otro, a sus experiencias, a todo aquello que le rodea. Lo que prima es una sensación de no querer compartir con la otra persona cómo se encuentra uno, qué es lo que le pasa por dentro, y eso generará de una manera u otra que se vaya diluyendo el vínculo entre ellos, que vaya desapareciendo más o menos rápido, pero con un final claro. Cada uno va haciendo una vida paralela y cada vez compartiendo menos aspectos de uno mismo con el otro. De este modo, la indiferencia conseguirá que se apague el amor que pudiera haber existido.

    Por eso, si no quieres que tu pareja se extinga en la indiferencia, es importante hablar, comunicar, decirse y compartir. Pero existen relaciones de pareja desbordadas por problemas que inundan el vínculo de agresiones, confusiones y malentendidos. Esto, mantenido en el tiempo, produce un desgaste importante. Es entonces el momento de consultar con un profesional para poder introducir opciones de comunicación distintas, y para poder salir de la espiral que lleva a cada uno de los componentes de la pareja a sentir rabia, dolor, frustración, tristeza e impotencia con el otro.  

    Ajustando expectativas

    El deseo de estar juntos y hacer más placentera una relación dificultosa será el gran motor de una terapia de pareja. Pero hay que tener en cuenta que el terapeuta no tiene como objetivo que la pareja se mantenga como tal, sino que se cree un espacio seguro dónde se puedan cuestionar y hacer preguntas el uno al otro, y a sí mismos. Además ambos ampliarán el conocimiento de cómo funcionan en la pareja y cada uno consigo mismo. Es entonces cuando cada uno se permitirá elegir que es lo que quiere y puede hacer con su pareja. Cuáles son los puntos fuertes y los débiles, qué es lo que se podrá pedir a la pareja y qué cosas no. De este modo, se ajustan las expectativas de cada uno a los resultados. El resultado final es que se favorecerá un menor sentimiento de frustración con la otra persona, en cuanto que si conozco sus limitaciones, sé que es lo que puedo esperar y también pedir. Si dejo de pelearme con el otro por exigirle imposibles dejaré más espacio para otro tipo de cosas que no sean las peleas. Y a la vez, plantearse cada uno de ellos si lo que hay es suficiente para seguir juntos o no.

    Cuando ambos sienten que desean estar juntos lo ideal es que aprendan nuevas formas de comunicación En algunos casos se inicia una terapia de pareja sabiendo que uno de los miembros no siente nada por la otra persona. O puede que esté tan deteriorada la relación para alguno de ellos, o para ambos, que saben que no van a continuar juntos, pero necesitan de un espacio terapéutico y un tiempo para poder comunicar la separación a la otra persona (o así mismos).  A veces, se da este espacio por miedo a la reacción de la otra persona cuando se le vaya a comunicar la ruptura, miedo a la ira del otro, o miedo a que se deprima y se hunda.

    Por eso necesitan la ayuda de un profesional que pueda amortiguar el impacto y facilitar que tanto uno como otro puedan cuidarse e iniciar un proceso de separación lo mejor posible para todos, sobre todo, cuando existen hijos. Para el bienestar de estos últimos es fundamental que el terapeuta facilite el espacio para el mejor entendimiento al que puedan llegar los padres en esa difícil situación.

    La importancia de asumir responsabilidades

    En cambio, cuando ambos sienten que se quieren y que desean estar juntos lo ideal es mostrarles que pueden aprender nuevas formas de comunicación que les permitan pactar y llegar a acuerdos. Una de las cosas que podemos hacer es favorecer que piensen en ciertas preguntas: “¿En qué voy a ceder o que puedo hacer yo de forma diferente para que las cosas estén mejor? ¿Qué es lo que pido y qué es lo que te doy?”. Estas reflexiones son lo contrario a  querer que el otro cambie, iniciar una comunicación de reproches, o forzar que el otro se transforme en lo que nosotros consideramos mejor o pensamos que nos haría más felices. Todo ello sin que nosotros hagamos ningún esfuerzo en cambiar nada. 

    Sentir que todo lo malo es culpa de la pareja imposibilita la asunción de responsabilidadesResponsabilizar a la pareja de todos los infortunios que me suceden y de lo desgraciado que soy, o sentir que todo lo malo es por su culpa, eso, imposibilita la asunción de la responsabilidad de mi propia situación, y de mi felicidad o frustraciones, sea lo que sea. Nos sorprenderíamos de ver cuán dueño es cada uno de su propia vida.

    Cuando no se da ese pacto consensuado por ambas partes, y alguno cede permanentemente ante el otro, aparecerá el sentimiento subjetivo de desequilibrio en la relación, y si continua en el tiempo, y a ese desequilibrio se añaden diferentes temáticas que puedan surgir en la pareja, se generarán sentimientos de impotencia, hostilidad y rabia hacia la otra persona. Pensaremos que el otro se sale con la suya y nosotros nos sometemos a todo lo que nos dice. Por eso llegar a acuerdos donde ninguno de los participantes de la pareja sienta que pierde mientras el otro gana es la mejor opción para poder continuar hablando y sentir la relación en un equilibrio de poder entre ambas partes.

    Cuando se mejora la comunicación y se puede hablar de lo que sucede dentro de la pareja se posibilitará y consolidará la estabilidad, cohesión y capacidad de progreso de ambas partes, y eso será la mejor herramienta que podrán tener para su futuro. El hecho de compartir sentimientos y emociones con el otro hace que el vínculo entre ellos genere un sentimiento subjetivo de seguridad y apoyo emocional y que, de este modo, se pueda acordar un proyecto juntos que aporte un camino común y coherente a la pareja.

    No hay recetas ni estructuras prefijadas que aseguren la felicidad en la relación de pareja. Solo el respeto y la búsqueda del encuentro con el otro mediante una buena comunicación y de los pactos entre ellos podrá indicar el camino a seguir para cubrir las necesidades de cada pareja en particular.

    Alma, Corazón, Vida
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