LOS RETRÓGRADOS SON SIEMPRE LOS OTROS

“Su nacionalismo es malo y nuestro patriotismo, bueno”

En un panorama cada vez más convulso en lo referente a las cuestiones de identidad, nación y Estado, la sociología se ha molestado en arrojar una

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“Su nacionalismo es malo y nuestro patriotismo, bueno”

En un panorama cada vez más convulso en lo referente a las cuestiones de identidad, nación y Estado, la sociología se ha molestado en arrojar una nueva luz a esos temas tan vinculados con lo emocional (y lo ideológico) y que, por ello mismo, son producto de disputa también en los ámbitos académicos. Es el caso, por ejemplo, de Ellos y nosotros. Por qué los nacionalistas son siempre los demás, publicado recientemente por Ewan Crawford, que señala que el término “nacionalista” siempre se aplica de manera negativa, frente al más positivo de “patriotismo”. En otro estudio publicado la pasada década, Amélie Mummendey y Andreas Klink de la Universidad de Jena (y Rupert Brown de la de Kent) matizaron la utilización de ambos términos. Según los profesores, el nacionalismo se encontraría relacionado de manera estrecha con el grupo exógeno (el Otro frente al Nosotros), mientras que el patriotismo establece una relación con el grupo endógeno, al que se percibe de forma positiva. Por ello mismo, señalan, los nacionalistas suelen ser, por lo general, los demás.

Una vieja polémica

Existen dos tendencias principales en la bibliografía que aborda el tema del nacionalismo, que son en el enfoque primordialista y el enfoque modernista. El primero manifiesta que la mayor parte de nacionalismos se vinculan a una tradición ininterrumpida que se remonta a tiempos ancestrales en los que se conformó tal identidad nacional. El segundo enfoque, el modernista, señala que todos los nacionalismos son producto de la invención o la imaginación y que su origen auténtico se encontraría en la época del Romanticismo y en los albores de la sociedad industrial de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX.

El término 'nacionalismo' se dirige siempre a los demásEsta visión modernista del nacionalismo pone de manifiesto que las naciones no tienen nada de perenne, sino que más bien son producto de una construcción social sujeta a los embates del tiempo y el espacio. Para algunos como el historiador Eric Hobsbawm, la categoría “nación” no se corresponde a ninguna realidad objetiva, sino que es producto del interés de determinados grupos sociales; por lo general, las elites. Como señalaba el célebre autor de Historia del siglo XX (Grijalbo-Mondadori), estas utilizarían de manera pasiva a las masas, de las que se servirían para llevar a cabo su programa político y económico. El autor emplea el término de “invención de las tradiciones”, que da título a uno de sus trabajos, para referirse a las referencias que los nacionalismos modernos toman del pasado para justificar su presente, ya que, como señala en dicho texto, “las tradiciones que parecen o pretenden ser antiguas son a menudo relativamente recientes en cuanto a su origen y algunas veces son producto de invención”.

Por su parte, para primordialistas como Clifford Geetz, la nación es algo objetivo que se manifiesta a través de la lengua, el lugar, los modelos de vida y la cultura y que busca su manifestación y autodeterminación a través del tiempo. En dicha corriente también existen diferentes divisiones, de la más cultural del propio Geetz a la más sociobiológica de pensadores como Pierre L. van der Berghe.

La crítica minoritaria

Ewan Crawford, antiguo líder del Partido Nacionalista Escocés, ha proporcionado este año una nueva vuelta de tuerca al asunto en el artículo anteriormente señalado. La investigación recuerda que, por lo general, el término “nacionalismo” es empleado en la mayor parte de ocasiones, de manera peyorativa. Crawford lleva a cabo un análisis de los medios de comunicación británicos para concluir que uno casi nunca se refiere a sí mismo como “nacionalista”, sino que es un término siempre referido a los demás y, en concreto, a los llamados “nacionalismos minoritarios”, como una herramienta de descrédito.

En primer lugar, Crawford señala que los medios suelen utilizar el calificativo de “nacionalista” a manifestaciones y movimientos muy distintos, de manera que se ha convertido en un término comodín. El profesor de periodismo señala que, al emplear el mismo término para definir actitudes muy diferentes, lo que se consigue es generar un Otro indiferenciado que se antepone al Nosotros, “que parece atemporal y natural”. La obra de Crawford se encuentra claramente orientada por su experiencia vital, ya que además de trabajar en la división escocesa de la BBC, fue durante cuatro años el secretario del líder del SNP (el Partido Nacionalista Escocés) John Swinney, perteneciente al ala más fundamentalista de su partido, que pide una independencia absoluta de Escocia del país británico, frente a aquellos que se contentaron con la existencia de un Parlamento Escocés. El veterano Alex Salmond retomó su lugar al frente del partido, desde un punto de vista más moderado, después de la salida de Swinney.

Un término peyorativo

En su análisis, Crawford señala que los adjetivos valorativos se emplean muy a menudo cuando hablamos de temas relacionados con el nacionalismo. Además, recuerda, los periodistas se ven obligados a dar forma a un conjunto de ideas, argumentos e implicaciones de manera sintética y con el objetivo de que cualquier lector pueda entenderlo, lo que da lugar necesariamente a una simplificación de la realidad. El principal problema que encuentra el autor es que no se utiliza el término “nacionalista” para referirse a “nosotros”, sino a “ellos”, ya que se parte de la idea de que el Estado-nación es una entidad natural, tal como señala Crawford.

Keating considera que Quebeq, Cataluña y Escocia son naciones sin EstadoEl término “nacionalista”, señala, suele utilizarse para referirse a cosas muy diferentes: “a aquellos que apoyan un movimiento secesionista, a aquellos que se oponen a un movimiento secesionista, a un segregacionista religioso, a una persona racista y a muchas cosas más”. Es decir, se entendería que esta polisemia provocaría que el concepto pudiese aplicarse a realidades muy distintas, y no fuese valorativo de por sí. Sin embargo, recuerda Crawford siguiendo a Michael Billig, autor de Banal Nationalism (SAGE), la mayor parte de aplicaciones del término contienen un matiz negativo.

En su libro, Billig, profesor de la Universidad de Loughborough escribe que “’nuestro nacionalismo’ nunca se presenta bajo el nombre de nacionalismo, que siempre es peligrosamente irracional, alienante y prescindible. ‘Nuestro nacionalismo’ se presenta bajo la apariencia del ‘patriotismo’, una fuerza beneficiosa y necesaria”. En el ensayo de Billig, este adopta una perspectiva diferente a la habitual, e intenta dar voz a las expresiones menos radicales del nacionalismo que, por lo general, recuerda, son las menos conocidas pero las más numerosas y, quizá por ello, las que habría que tener más presentes.

Michael Keating, autor de Nations Against the State: The New Politics of Nationalism in Quebeq, Catalonia and Scotland, se muestra de acuerdo con Billig, y señala que “todos aquellos que condenan los nacionalismos minoritarios como un desprecio a toda clase de nacionalismos, ignoran el nacionalismo implícito en su propia posición, confundiendo su chauvinismo metropolitano con los valores universales”. Una enfática defensa de los nacionalismos periféricos la de Keating, que considera que Quebeq, Cataluña y Escocia son “naciones sin Estado”. El problema, señala el profesor de ciencia política de la Universidad de Aberdeen (Escocia), es que la soberanía que persiguen estas naciones no puede ser la misma que en la formación de las naciones-Estado, sino que deberían conformar una entidad propia de la era “post-soberanista” en la que los Estados europeos han perdido poder a favor de instituciones superiores como la Unión Europea.

Alma, Corazón, Vida
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