NOS HACEMOS SABOTAJE CON MUCHA FRECUENCIA

La clave para ser más feliz es dejar de ponerte la zancadilla

La vida tiene numerosos obstáculos y no siempre es fácil superarlos. Por si fueran pocos los retos que se nos presentan, muchas veces nos empeñamos en

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La clave para ser más feliz es dejar de ponerte la zancadilla
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    La vida tiene numerosos obstáculos y no siempre es fácil superarlos. Por si fueran pocos los retos que se nos presentan, muchas veces nos empeñamos en sabotearnos a nosotros mismos, poniéndonos las cosas más difíciles de lo que ya son. No lo hacemos de forma consciente, sino como un resorte defensivo: nos complicamos la vida sólo para evitar el fracaso.

    Ponernos osbtáculos o excusas para intentar evitar el fracaso se conoce como 'self-handicapping'Este proceso se conoce en el mundo de la psicología como self-handicapping, literalmente autodiscapacitación” que, tal como lo definieron Edward E. Jones y Steven Berglas en 1978, consiste en evitar esfuerzos con la esperanza de eludir un posible fracaso y el consiguiente daño en la autoestima. Para ello, con la idea a veces inconsciente de no fracasar, nos ponemos obstáculos inexistentes, a los que luego podamos echar la culpa.

    Un mecanismo de defensa muy habitual

    La gente tímida e introvertida es especialmente propensa a ponerse obstáculos innecesariosSólo hay que pararse a pensar un momento para darse cuenta de que el self-handicapping es un fenómeno extremadamente común, que nos afecta a todos de alguna u otra manera. Para los estudiantes, por ejemplo, supone un peligro constante. El razonamiento podría ser el siguiente: “como el examen va a salirme mal de todas formas, no importa que me vaya hoy de fiesta”. Esto tiene varias consecuencias. Nos ponemos la zancadilla dificultando la consecución del objetivo real (aprobar el examen), para que, cuando llegue el suspenso, podamos echar la culpa a un obstáculo que hemos creado nosotros mismos (salir de fiesta).

    Cuando este comportamiento se repite de forma crónica nos encontramos con un verdadero problema. Y puede ocurrir en todas las esferas de la vida. En la laboral (“para qué me voy a presentar a una oferta de trabajo, si seguro que no me cogen”) o  en la sentimental (“no volveré a llamar a esta chica pues seguro que va a pensar que soy un pesado”). Se trata además de algo que afecta especialmente a la gente más tímida e introvertida, siempre temerosa del fracaso.

    Evitando el sabotaje

    En muchas ocasiones, vemos el self-handicapping como algo positivo, pues se trata de un resorte para evitar el fracaso pero, en realidad, es un mecanismo que a la larga nos crea una mayor frustración, en la medida en que nos impide lograr nuevos objetivos y superar nuestras expectativas. Si nos ocurre de forma esporádica no hay que darle mayor importancia, pero cuando se convierte en algo recurrente puede afectarnos gravemente. Y, en cualquier caso, lograr evitar esta práctica nos hará más felices, en la medida en que tendremos un mayor control sobre lo que realmente buscamos en nuestro devenir vital.

    Hay prácticas que repetimos de forma inconsciente y que obstaculizan nuestros objetivos vitalesComo todo en esta vida, el primer paso es identificar el problema. Debemos ser conscientes de los momentos en que nos estamos saboteando a nosotros mismos, para poder evitarlos en un futuro. Es aconsejable trazar una lista de las excusas e impedimentos que nos apartan de lograr nuestros objetivos. Estos pueden ser muy variados. Hay prácticas que repetimos de forma inconsciente (como no contestar las llamadas que nos van a dar problemas o no ir al médico para que no te diga que estás enfermo) así como elementos de distracción que recurrentemente nos apartan de lo que realmente queremos, o debemos, hacer (el alcohol, la comida, la música, los videojuegos…).

    Muchos de estos obstáculos –ya sean excusas o distracciones– aparecen de forma inconsciente. Por ello, para enfrentarse al problema, es aconsejable pedir ayuda a amigos y familiares, que seguro se han dado cuenta de cómo nos comportamos y nos pueden ayudar a identificar qué tipo de obstáculos nos autoimponemos.

    Un fenómeno muy relacionado con todo esto es la procrastinación: la habilidad que tenemos para posponer lo que queremos hacer hasta el último minuto. No deja de ser una forma sofisticada de self-handicapping; al postergar las cosas que realmente tenemos que hacer intentamos sortear el fracaso mediante el torpe método de retrasarlo. Es también muy típico de los estudiantes, pero cada vez es más frecuente en el mundo laboral: ¿cuánto tiempo hemos pasado en las redes sociales sólo para retrasar el momento en el que tenemos que rellenar un tedioso informe? Procrastinar sólo sirve para hacer las cosas deprisa y mal y evadirse de la realidad. Sus consecuencias son siempre negativas.

    Buscando el sentido de la vida

    Debemos hacer las cosas que nos gustan como un fin, no como un medio para lograr otro supuesto objetivoEl objetivo principal es intentar darle un sentido concreto a nuestras acciones, logrando que éstas estén encaminadas a la consecución de un logro: una meta que realmente consideremos importante o, al menos, satisfactoria. Eso hará que hagamos las cosas que nos gustan como un fin, no como un medio. Si, por ejemplo, nos dedicamos a ver capítulo tras capítulo de una serie sólo para evadirnos y no enfrentarnos a un problema determinado, ni disfrutaremos realmente de la serie, ni resolveremos el problema. Y esto se puede aplicar a todas los actos que escogemos hacer, o no, en nuestro día a día.

    Este ejercicio de exploración interior hará que nos demos cuenta de la cantidad de cosas que hacemos de forma inconsciente sólo como una excusa para no hacer otras. En definitiva, lograremos identificar los obstáculos impuestos por nosotros mismos y, a la larga, seremos más felices. 

    Alma, Corazón, Vida
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