Cinco razones para que este cuadro valga 192 millones de euros
  1. Alma, Corazón, Vida
'LOS JUGADORES DE CARTAS' SE CONVIERTE EN LA PINTURA MÁS CARA DE LA HISTORIA

Cinco razones para que este cuadro valga 192 millones de euros

Mide 96 centímetros de alto y 103 de ancho, se pintó entre 1892 y 1893 y vale casi 250 millones de dólares, unos 192 millones de

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Cinco razones para que este cuadro valga 192 millones de euros

1. Muchos lo consideran el primer cuadro cubista

El cubismo, una vanguardia que rompería para siempre con convenciones artísticas de milenios, no apareció de la noche a la mañana. Picasso, Braque o Juan Gris fueron los sucesores de algo que, para muchos, empezó Paul Cézanne. Tanto así que hay quien considera la última fase de su vida artística, tradicionalmente considerada postimpresionista, como la primera fase del cubismo, que en este contexto llaman protocubismo o cubismo cezanniano. El porqué es sencillo: en Los jugadores de cartas podemos observar que el autor francés derivó en su vejez hacia el cubismo, de forma comedida pero con determinación. Los pliegues del mantel, por ejemplo, o los desproporcionados brazos de las figuras no corresponden con una intentona realista, sino geometrista y poliédrica.

Detalle de 'Los jugadores de cartas'

Aunque al final de su vida acabaría pintando obras como Las grandes bañistas –una obra casi plenamente cubista– fue con Los jugadores de cartas cuando Cézanne cultivó por primera vez otra de las ambiciones diferenciadoras del cubismo: representar un objeto simultáneamente desde todos sus planos y puntos de vista. Las perspectivas de la mesa y de la figura derecha están forzadas, proyectándolas de forma antinatural hacia el espectador.

2. Es una de las primeras obras donde el rostro desaparece

Cézanne no sólo innovó en lo cubista; Los jugadores de cartas es uno de los primeros cuadros donde los rostros son sustituidos por una suerte de máscaras inexpresivas, una técnica –en este caso influenciada por el arte africano– que después explotarían sin complejo artistas como Gauguin, Matisse o el propio Pablo Picasso –por ejemplo, en su Retrato de Gertrude Stein de 1906–.  

La inspiración étnica y la inclusión de temas exóticos y no europeos supuso una revolución para el arte europeo y fue determinante en la aparición de movimientos posteriores como el fauvismo o el cubismo.

3. Mantiene un equilibrio perfecto entre lo clásico y lo moderno

En Los jugadores de cartas, la figura derecha se sale de los bordes del cuadro mientras que la izquierda no llega siquiera a rozarlos. Esta descompensación que hoy puede pasar incluso inadvertida supuso un su época todo un atentado contra el canon pictórico clásico, que reza que los objetos están o dentro o fuera del cuadro, pero nunca a medias.

En realidad es uno de los primeros síntomas de otra revolución en la pintura del siglo XIX: la decisión de dejarse influenciar por la fotografía. Edgar Degas –en obras como En las carreras, de 1880– fue el artista que más reivindicó esta composición, pero su tímida aparición en Los jugadores de cartas de Cézanne resulta significativa por un motivo: el francés intenta conjugar esta estructura innovadora con un composición simétrica clásica –delatada, entre otros detalles, por la botella que divide el cuadro en dos–, convirtiendo la obra en una rara avis a medio camino entre el canon clásico y la composición moderna.

4. Es todo un tesoro nacional francés

Los jugadores de cartas es la obra cumbre de un artista, de una época y de un país, lo que lo convierte no sólo en un cuadro caro, sino estratégico.

Que Los jugadores de cartas es un tesoro nacional francés quedó demostrado en 1961, cuando la obra fue robada junto a otras siete mientras eran transportadas a una exposición. Considerándola perdida, el Gobierno francés expresó el duelo acuñando una serie de sellos conmemorativos que hoy, por cierto, son un tesoro filatélico. Francia recuperaría sus preciados cézannes meses después y sólo tras pagar un cuantioso rescate.

5. Francia y Reino Unido también hacen negocio

Un detalle que a veces escapa a la atención del gran público es que hay tres versiones de este cuadro. La que ha comprado Qatar es la primera, también considerada la más valiosa. Las otras dos (en la imagen), pintadas por Cézanne entre 1892 y 1895, se encuentran en el Musée d’Orsay de París y la Courtauld Institute of Art de Londres.