"LOS DIRECTIVOS BUSCAN SU INTERÉS PARTICULAR"

Mi sueldo puede acabar con la empresa

Los grandes salarios de los altos ejecutivos ingleses son “corrosivos” para la economía, según el análisis de la Comisión inglesa de Altos Salarios. Este organismo asegura

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    Los grandes salarios de los altos ejecutivos ingleses son “corrosivos” para la economía, según el análisis de la Comisión inglesa de Altos Salarios. Este organismo asegura que en los últimos 30 años la desigualdad entre lo que cobran los directivos y la gente de a pie se ha incrementado, ya que la remuneración de estos cargos ha crecido en los últimos tiempos un 4.000 por ciento.

    Como ejemplo, la comisión hace referencia al ex consejero delegado del banco Barclays, John Varley, que ha ganado en un solo año 5.064.137 euros, lo que cobrarían 169 ciudadanos con un sueldo medio. El salario de Varley ha crecido, además, un 4.988 por ciento respecto a 1980.

    La institución pide que se tomen medidas para atajar esta desigualdad. "Hay una crisis en la dirección empresarial británica y es profundamente corrosiva para nuestra economía", señala la portavoz de la comisión, Deborah Hargreaves. "Cuando los salarios de los altos ejecutivos son establecidas a puerta cerrada, esto no refleja el éxito de la compañía y alimenta una gran desigualdad", añade y comenta que “la población británica cree en la justicia y, en momentos de una austeridad incomparable, una muy pequeña parte de la sociedad continúa disfrutando de fuertes ingresos anuales en cuanto a salarios". 

    El decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nebrija, Carlos Cuervo Arango, corrobora a El Confidencial que estos sueldos son “tremendamente perturbadores” y se lamenta de que “establecen un ejemplo de mala práctica y escándalo”. Para Cuervo, estas actitudes “socavan los cimientos en los que se basa el sistema”.

    Retribuciones tan altas afectan a la credibilidad de las empresas

    Reino Unido no es el único país en el que esto sucede, ya que es una práctica bastante extendida en las sociedades actuales. Los ciudadanos ven cómo mientras ellos tienen que ajustarse el cinturón y sufrir los recortes de los gobiernos, a estos directivos no les ha pasado factura, aunque sí a sus empresas. Estos casos son todavía más polémicos cuando se trata de entidades financieras que han recibido ayudas públicas para evitar su quiebra.

    Los altos ejecutivos españoles, los terceros que más cobran

    En España no nos salvamos de esta lacra y si nos comparamos con Europa salimos perdiendo. Según un informe elaborado por Adecco y el IESE, el salario medio de los españoles es un 20 por ciento inferior a la media europea y se queda en los 21.500 euros anuales. De los países seleccionados para el estudio, sólo Portugal, Hungría, Rumanía, Bulgaria y Eslovaquia perciben una remuneración menor. El problema es que si analizamos los salarios de los altos ejecutivos de la banca, la diferencia es todavía mayor. Según un estudio de Alphaville publicado en el diario Le Parisien, los españoles son los terceros que más cobran –sólo por detrás de británicos y suizos- con 3.701 millones de euros anuales en 2010.

    Si buscamos quiénes son las personas que están mejor pagadas en nuestro país, el primero que sale a la palestra es el recién indultado consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz, con 7,878 millones anuales –el tercero de la lista-, al que le sigue Francisco González, presidente del BBVA, con 5.316 millones, en el noveno lugar del ranking.

    El profesor de comportamiento organizacional del IE, Ignacio Álvarez de Mon, asegura a este diario que estas retribuciones son una “sinrazón” y alerta de esa desconexión entre rendimientos y salarios. Álvarez de Mon achaca al sistema de objetivos estos resultados, ya que se hace “a corto plazo y no se fijan de forma sostenible”.

    Además, alerta de que “no siempre el gestor trabaja por los intereses de la empresa, sino en su beneficio particular”. Se refiere a que estos altos ejecutivos, en vez de mirar por el resto de personal o por reinvertir los beneficios, prefieren ganar estas altas remuneraciones.

    Esto hace que empresas con pérdidas, que están despidiendo a trabajadores y que cuentan hasta con ayudas públicas, estén pagando altos salarios a la cúpula de la compañía. Más aún cuando los que ahora se están forrando estaban al mando antes de la crisis y son responsables de algunas gestiones dudosas.

    En este sentido, el profesor del IE comenta que “la gestión no ha brillado por su excelencia” y desde el punto de vista moral “tampoco es razonable”, menos todavía en mitad de una crisis como la que estamos viviendo.

    Carlos Cuervo explica que “el devenir económico ha hecho que estos sueldos no tengan nada que ver con la realidad. Son de antes de la crisis, con la euforia de esos años, y no se han adaptado a los cambios. No se ajustan a la verdad y están afectando a la credibilidad de estas empresas”. Llama la atención, además, a los principales accionistas y considera que estos deberían ver “que estas prácticas no ayudan” a sus empresas.

    Los que ahora se están forrando estaban al mando antes de la crisis

    Cuervo comenta que esta problemática es “un grano más que se añade a un conjunto de situaciones” que pueden llevar a la empresa a una caída o a su cierre. Se queja, sobre todo, de que no se corresponden las remuneraciones y la responsabilidad que tenían los gestores de la compañía.

    Sin embargo, cree que limitar esos salarios sólo “tendría un efecto simbólico”, ya que el efecto práctico en las cuentas sería reducido.

    Cómo atajar el problema

    La Comisión inglesa de Altos Salarios recomienda solucionar la cuestión haciendo un esfuerzo en tres puntos fundamentales: transparencia, responsabilidad y equidad. Entre otras cosas, pide que se paguen sueldos simples, que no estén divididos en muchas partidas, que se publique la remuneración de los ejecutivos más importantes y la relación de la distribución de los beneficios, que se establezcan comisiones que supervisen la equidad de las compensaciones, etc.

    El decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nebrija explica que estas prácticas “se están acabando progresivamente y ya no se contratan ejecutivos en esas condiciones”, sino que los que cobran esas retribuciones fueron contratados antes de la crisis.

    Cuervo alude a que “las empresas que han tenido apoyo público o las entidades que han sido rescatadas al día siguiente de su intervención deberían cambiar los sueldos” porque son los mismos que nos han llevado a esta situación. Sin embargo, en las empresas que van bien reconoce que “es más difícil”, aunque aboga por una “sensibilización” para evitar los efectos negativos que tienen en la opinión pública estas prácticas.

    Carlos Cuervo lamenta esa “absurda desigualdad”, pide una regulación más precisa, aunque no un control al detalle, y aboga por establecer unos parámetros para incorporarlos a las buenas prácticas corporativas.

    Si está convencido de que “poco a poco la transparencia empresarial va a ir aumentando porque aquí está tardando en implantarse. En EEUU es algo normal”.

    Ignacio Álvarez de Mon dice que “hay que repensar el sistema para que sea acorde a los intereses globales, sea más justo y esté vinculado a los beneficios”. A su juicio, todo este asunto es un tema de “legislación y voluntad política” y pide que se depuren responsabilidades. “Esta crisis supongo que algo bueno nos traerá” y habrá un replanteamiento jurídico, moral y de principios, ya que el actual “ha sido la base de lo que ocurre ahora”.

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