La incomprensión causa el 95% de los trastornos de los superdotados
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La incomprensión causa el 95% de los trastornos de los superdotados

Se definen a sí mismos como personas corrientes que tienen más intereses que la media aunque, ya de adultos, reconocen que disponer de una inteligencia impoluta

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La incomprensión causa el 95% de los trastornos de los superdotados

Se definen a sí mismos como personas corrientes que tienen más intereses que la media aunque, ya de adultos, reconocen que disponer de una inteligencia impoluta les ha acarreado más de un problema. Casi todos han sufrido de niños por ser más despiertos que el resto. Si no se le da la respuesta que necesitan, saber más que lo que debes puede ser el origen de una gran infelicidad y de trastornos de distinta índole. Los superdotados son pequeños genios que concentran al 2% de la población. En España suman, más o menos, 300.000, aunque sólo 3.000 sepan que lo son. Sufren porque se sienten solos en un mundo que sólo ellos parecen entender.

Tienen una edad cronológica, pero la mental está muy por encima de lo que marca su DNI. No tienen los mismos intereses que sus compañeros de pupitre y se mueren de asco si los pones a copiar de una pizarra. "Obligarlos a seguir esas pautas puede desembocar en una hiperactividad, enfermedades psicosomáticas, bulimia o anorexia", cuenta a El Confidencial María Isabel Jiménez, psicóloga infantil. Los expertos hablan de que el 95% de las patologías de los superdotados son trastornos de personalidad y de conducta. Están los que acaban desarrollando trastornos que les empuja a la depresión. Incluso se habla de algún caso de suicidio. Les cortan las alas y llega un momento en que ellos son los que no quieren volar. Por eso, aunque suene paradójico, cuatro de cada diez niños superdotados sufre fracaso escolar. "El problema está en que se les corta la libertad", reconoce la psicóloga. Por eso la inteligencia que les sobra la usan para inventar dolores de cabeza, ataques de colitis, depresiones y mil historias más que los aparte algún día del calvario que supone ir al colegio, donde todos dicen sentirse como perros enjaulados.

La Fundación de Ayuda a Niños Superdotados de Canarias ha descrito hasta 25 enfermedades catalogadas como de origen desconocido que se dan en chavales cuya superdotación no ha sido atendida en los primeros años de vida. Tras analizar 600 casos han señalado anorexias, bulimias, fiebres de más de 40 grados sin causa aparente, epilepsias, asma, esquizofrenia, pérdidas del habla durante más de un año...La escuela es el hervidero donde se cuecen todos los trastornos que acechan al superdotado. Se aburren; se duermen; no les gusta porque no aprenden nada; no se esfuerzan; las explicaciones sobran porque se repiten conceptos; pierden la motivación y sienten una absoluta repulsión por asistir a clase. En este caso, Ismael tuvo suerte de vivir en Langayo, un pequeño pueblo vallisoletano de apenas 400 habitantes. Allí compartía aula con los niños de su curso, el siguiente y el de dos años más adelantados. “Yo atendía lo que el profesor explicaba a los más mayores”. La primera sorprendida fue su madre, cuando antes de cumplir los 4 años leyó un titular de un periódico que estaba ojeando su tío. “Mira a ver este niño que ya lee y cuenta los números”, le adelantó al profesor, que no tardó mucho en reírse de ella. Unos años más tarde, fue el mismo profesor quien le explicó a Ismael que, al igual que hay compañeros que tienen que repetir curso porque les cuesta aprender, él tenía que adelantarse un curso porque sabía más que los demás.

Cómo saber que su hijo es superdotado

Un aviso para los padres que se huelan que su hijo puede ser superdotado: algunos de los síntomas ya se ven desde bebés. Sufren dolores de oído en los dos primeros años de vida; andan y hablan demasiado pronto; hacen preguntas demasiado complicadas; son demasiado curiosos y demasiado sensibles. Con dos años, ya cuentan hasta 10 y conocen casi todas las letras del abecedario. Sienten un interés demasiado precoz por la muerte y con 4 años ya leen, imitan a personajes cómicos y no les gusta que les interrumpan cuando hablan. Son signos de que pueden serlo, aunque tampoco tiene por qué.

Ena estudia primaria en un colegio público de Ávila. Se queja de tener que ir a clases aburridas y repetitivas. Necesita conocimientos de más nivel, lo que los expertos denominan “celeración académica”. A la salida del colegio, sus padres se encuentran con una niña desmotivada que no para de repetir por qué tiene que pasar tantísimo tiempo en la escuela si aprende tan poco. Una cosa, más o menos, al mes. “Papá, estoy en una escuela para tontos”. "Otra característica común entre los superdotados es una baja autoestima", añade Jiménez. Daniel ni siquiera tenía. “Era un castigo que me llevaran al colegio cada día, yo sabía que ese ambiente no era para mí”. Sentía que le trataban como un niño más pequeño “y yo me sentía un idiota porque no me hablaban como un adulto”. Es el precio que hay que pagar por ser más listo que los de tu edad. “No te entiendes con tus compañeros. Cuando ellos hacen bromas no te ríes, porque te parecen demasiado simples. Si la haces tú, no te entienden. Era una angustia estar allí”.

Los especialistas dicen que ser superdotado es por un factor genético, pero hay otros componentes más importantes que éste: el ambiental, el entorno donde crezca el niño y la motivación que reciba serán decisivos para el desarrollo personal que necesite. La ciencia aún debe escudriñar la pregunta más compleja en toda esta historia: ¿Cómo funciona el cerebro de una persona superdotada?

Dentro de las asociaciones donde todos se sienten de igual a igual reina la heterogeneidad. Comparten experiencia diplomáticos, informáticos, médicos, agricultores o carpinteros. Los hay que hablan una decena de idiomas y otros que ni siquiera fueron al instituto. En cuestión de géneros, los hombres ganan por mayoría. Aunque sólo un 20% de los miembros son mujeres, no significa que sean menos inteligentes, sino que no descubren tanto que son superdotadas. Todos sienten una curiosidad insaciable, una tremenda afición por la lectura y muchas, muchas ganas de hablar. El tópico del superdotado introvertido y raro existe pero, en estos casos, tampoco se puede generalizar.

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