Ser zurdo, ¿cosa de los genes o cuestión de azar?

No son ni mejores ni peores. Simplemente son diferentes. Lo único que cambian los zurdos del resto es que en lugar de dominarles el hemisferio izquierdo

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    No son ni mejores ni peores. Simplemente son diferentes. Lo único que cambian los zurdos del resto es que en lugar de dominarles el hemisferio izquierdo del cerebro, les manda el derecho. Los investigadores todavía no se ponen de acuerdo en determinar por qué una persona nace diestra o zurda. ¿Será cosa de los genes o cuestión del azar? Lo cierto es que una de cada diez personas escribe con la mano izquierda. Según ellos mismos, el mayor obstáculo es acostumbrarse a vivir en un mundo hecho exclusivamente para diestros. Aunque, al estar en minoría, desarrollan una visión mucho más global de las cosas.

     

    Hay quien afirma que si uno de los progenitores es zurdo, el descendiente tiene muchas posibilidades de heredar esta tendencia. Otros expertos sostienen que es simplemente un capricho del destino. Lo que en sí parece que se ponen de acuerdo es que las causas son neurológicas: ser zurdo o diestro lo decide el cerebro y también tiene mucho que ver que un padre o una madre tenga esa costumbre. Entonces aparecen los que ofrecen una explicación genética: la ausencia o presencia de un gen (el que hace a la mayoría de las personas ser diestras) es el responsable de la zurdera.

     

    El psicólogo Stanley Coren, de la Universidad de la Columbia Británica en Canadá, considera que la zurdera es una manifestación de un trauma prenatal. Según su libro El síndrome zurdo, los humanos son diestros por naturaleza, y sólo alguna complicación durante el embarazo los convierte en zurdos.

     

    Para fortalecer las razones neurológicas, algunas investigaciones han determinado que el hemisferio izquierdo es el responsable del lenguaje. También hay teorías que afirman que el lado izquierdo es el que ordena funciones como la escritura, la lógica, la expresión oral y el pensamiento abstracto. Para el lado derecho quedaría el control de la expresión emocional, el lenguaje mímico, la sensibilidad musical y la artística. Una diferencia que determinaba que las funciones que mandaba el hemisferio izquierdo eran las importantes, por lo que se pasó a llamar dominante. Las mismas teorías que dudan del papel que desempeña el hemisferio derecho, relacionadas con la creatividad y el ingenio, más secundarias.

     

    Está demostrado que utilizar el lado izquierdo no implica retraso en ninguna de las facetas del desarrollo y que, si se obliga a utilizar la derecha, sí puede provocar una deficiencia.  Es lo que se conoce como lateralidad: término utilizado para poder determinar el predominio de un hemisferio u otro. A los dos meses ya se puede intuir la lateralidad de un bebé: cómo se deja llevar más, si por la parte derecha o por la contraria. Si se le obliga a un niño cambiar de mano puede traer trastornos como la tartamudez, dislexia y la timidez extrema. Y no existe ninguna prueba científica para decir que los zurdos sean más o menos inteligentes, o más o menos hábiles que los que usan la mano derecha.

     

    Lo que parece estar claro es que entre los 2 y los 4 años es cuando se establece una preferencia definitiva de una mano u otra. Aunque sólo a partir de los seis, cuando llega la enseñanza básica, se sabe con certeza si el niño es diestro o zurdo. Aunque puede darse la ‘lateralización cruzada’, cuando por ejemplo se es diestro de mano y zurdo de pie. Poco a poco, los hemisferios cerebrales maduran y emergen a medida que el niño va creciendo.

     

    Los zurdos tampoco son torpes. Simplemente viven en una sociedad que los ignora porque muchas cosas no están pensadas para ellos. Hasta ahora, muchas explicaciones y estudios intentan demostrar la verdad de sus teorías. Pero ninguna de ellas es la definitiva.     

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