EL EROTICIÓN

La prostitución, ¿trabajo o esclavitud?

La prostitución es un tema complejo. En este concepto coinciden sexualidad y poder, incluso el poder puede desplazar a la sexualidad. Se podría definir como el

La prostitución es un tema complejo. En este concepto coinciden sexualidad y poder, incluso el poder puede desplazar a la sexualidad. Se podría definir como el intercambio de conductas o relaciones eróticas (principalmente genitales) por dinero, bienes o favores. Usualmente cuando hablamos de prostitución, pensamos automáticamente en la prostitución femenina, sin embargo, incluye también la compra-venta de relaciones genitales con hombres, con niños y con niñas.

A lo largo de la Historia, la prostitución ha estado presente en muchas culturas en épocas muy diversas. En muchos casos, ha tenido un sentido sagrado. En otros, ha sido denigrada y perseguida, impulsando leyes para su erradicación pero a la vez siendo mantenida por la demanda social de los clientes.

Teniendo en cuenta que a lo largo de la historia, en nuestra cultura (y en muchas otras) el poder económico, político y social ha estado mayoritariamente en manos de varones, no es extraño que en muchos casos hayan sido las mujeres, que disponían de menos recursos, las que hayan intercambiado contactos genitales por recursos económicos.

En la mayoría de los casos, las leyes sociales para su erradicación incluían la persecución y el castigo de la persona que se prostituía (una mujer usualmente), pero no de los clientes. La doble moral con que la sociedad ha juzgado de manera frecuente a los hombres y las mujeres, estigmatizaba a las féminas que se prostituían, pero no reservaba castigo o reproche alguno para el cliente de sus servicios. Incluso a veces, el haber hecho uso de los servicios de una o varias prostitutas, constituye motivo de orgullo o chanza para ciertos varones, especialmente delante de otros varones.

La prostitución como opción... de supervivencia

La ‘trata de blancas’ designa la esclavitud del siglo XXI. La prostitución con frecuencia se asocia a situaciones de explotación por parte de proxenetas, a la pobreza económica de la mujer que se prostituye, a una situación de adicción, a situaciones de abuso infantil o desestructuración familiar, a la falta de permiso de trabajo que impide acceder a otras formas de ganarse la vida, relaciones de dependencia con el chulo o proxeneta, maternidad sin apoyo económico del padre...

La prostitución para mejorar económicamente, por parte de personas pertenecientes a las clases sociales media-alta, es muy minoritaria, pese a que muchas personas mantienen todavía el mito de que la mayoría de las mujeres que se prostituyen “podrían elegir fácilmente otras posibilidades”, e incluso “disfrutan con ello”.

La prostitución masculina frecuentemente adopta la forma de intercambio de contactos genitales por parte de un hombre joven, hacia otro hombre. En cuanto a la prostitución infantil, desgraciadamente las cifras de la misma en todo el mundo son escalofriantes. Hay muchos países, económicamente deprimidos, como Filipinas, Tailandia, Corea del Sur,etcétera, donde las autoridades hacen la vista gorda ante los turistas de los países “ricos” que vienen a mantener contactos genitales a cambio de dinero con niñas y niños pequeños o adolescentes.

En 1949, la Convención de las Naciones Unidas difundió una tesis, según la cual la prostitución constituía una forma de esclavitud. Una mujer adulta o un hombre adulto es libre de cambiar contactos genitales por dinero u otros bienes si así lo desea. Nadie tiene el derecho moral de insultarlo o insultarla, ni denigrarlo o denigrarla por ello. Lo triste es que en muchos casos detrás de este intercambio se encuentra la pobreza, la indefensión, la drogadicción, la situación de explotación o de dependencia de la persona que se prostituye. En muchos casos, no se trata de una libre elección, sino de la elección entre la falta de recursos económicos y la prostitución.

El estigma social que acompaña a la mujer que vende contactos genitales, no es el mismo que acompaña al hombre que hace lo propio. Un hombre no se convierte en un puto con la misma facilidad con que una mujer se transforma en una puta. De hecho, la palabra puto es inusual y no suele aplicarse, ya que fue creada con la finalidad de denigrar a una mujer.

¿Legalización de la prostitución?

Convertir la prostitución en ‘un trabajo más’, ¿vendría a solucionar los problemas de las mujeres que se prostituyen? Es obvio que no debería penalizarse a la mujer que se prostituye, no se debería castigar a nadie por su propia explotación. Ahora bien, ¿debería considerarse ‘un trabajo más’? A veces, con tal consideración de la prostitución se piensa en dignificar a las mujeres que la ejercen, pero lo cierto es que no se dignifica a la mujer, sino que se dignifica a toda la industria del sexo (proxenetas incluidos).

En Holanda, país en el que la prostitución y el proxenetismo son legales, encontramos que las mujeres que se prostituyen en la mayoría de los casos no se sienten menos estigmatizadas por la legalización y despenalización de la industria del sexo, más bien al contrario, se hace a las mujeres más vulnerables frente al abuso ya que, al tener que registrarse, pierden el anonimato. Por este motivo, la mayoría de las mujeres que se prostituyen, a pesar de todo, prefieren proceder de manera ilegal y clandestina. Según indican APRAMP y la Fundación Mujeres, “los miembros del parlamento que en un principio apoyaron la legalización de los prostíbulos, basándose en el supuesto de que esto iba liberar a las mujeres, están viendo ahora cómo la legalización refuerza la opresión de las mujeres”.

Diversos estudios realizados en países que han legalizado la prostitución y el proxenetismo, considerándolos como un trabajo más, muestran que las mujeres no se ven beneficiadas, pero sí (y mucho) los proxenetas y dueños de clubs, que han prosperado mucho convertidos en honrados empresarios.

A veces, también se presupone que la legalización y despenalización de la prostitución va a regular y limitar la expansión de la industria del sexo y va a suponer un control de dicha industria. Sin embargo, miremos el ejemplo de Holanda, donde la industria del sexo representa ahora un 5% de la economía del país. APRAMP y la Fundación Mujeres señalan que “durante la ultima década, después de que el proxenetismo y los prostíbulos se despenalizasen en Holanda en el año 2000, la industria del sexo se ha expandido un 25%. A cualquier hora del día, mujeres de todas las edades y razas son expuestas, y puestas en venta para el consumo masculino en los conocidos escaparates de los prostíbulos y clubes de Holanda. La mayoría de las mujeres provienen de otros países y probablemente han sido traficadas”.

En definitiva, nos encontramos con un tema complejo. Sin embargo, aún aquellos que defienden que la prostitución debería ser considerada un trabajo, ¿estarían contentos o contentas de ver a sus hijas, a sus madres, o a sus novias, ejerciendo este trabajo como cualquier otro? Muy probablemente no. Tal vez porque en el fondo entendemos que la sexualidad, en un mundo perfecto, debería ser algo compartido por placer y con placer, con buen trato y respeto mutuo, y a ser posible también con algo (o mucho) de cariño y ternura… y elegido libremente, y no como una opción de supervivencia.

*María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.

Asociación www.lasexologia.com

Alma, Corazón, Vida
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