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Circuitos por Alemania: ruta para visitar Múnich, Fráncfort, Selva Negra y más

El país germano es mucho más que salchichas y cerveza. Con este recorrido conocerá sus atractivos principales en un viaje que querrá repetir

Foto: Rotemburgo, Alemania. (iStock)
Rotemburgo, Alemania. (iStock)

Viajar a Alemania es mucho más que salchichas y cerveza. Dejando al margen las virtudes gastronómicas de este país centroeuropeo, los que quieran vivir una experiencia llena de contrastes entre urbanismo y paisajes naturales encontrarán en el territorio germano un amplio abanico de posibilidades. Basta hacer un recorrido por algunas de sus principales ciudades para darse cuenta de que 'Deutschland' es el enclave perfecto para saciar las ansias de aventura.

Aunque no es su capital, dar comienzo a este circuito por Alemania en la ciudad de Fráncfort permite hacerse una idea de la grandeza económica del país. En sus calles se perciben sin dificultad esos toques financieros que se dejan sentir en el barrio donde se localiza el edificio de la Bolsa –con sus características esculturas de un toro en representación de los valores en alza y de un oso como emblema de las acciones a la baja–. La tarde se convierte en un lienzo en blanco para pintar sobre él sus deseos y preferencias, pues tendrá tiempo libre para conocer los monumentos de la ciudad que más le interesen. Muy recomendable resulta el edificio Römer que durante seis siglos actuó como consistorio de la urbe, la plaza situada frente a él o la calle comercial de Zeil.

La Edad Media está aún muy presente en los callejeros germanos, y es frecuente contemplar hitos de esta época salpicados por el territorio. Así, cuando llegue a Heidelberg se trasladará más de 900 años atrás en la historia al vislumbrar su castillo de tonos rojizos –la entrada está incluida–.

Río Main, en Fráncfort. (iStock)
Río Main, en Fráncfort. (iStock)

Esta ciudad universitaria es uno de los lugares más visitados por su idílica ubicación a orillas del río Neckar, paisaje digno de admiración durante el paseo que se puede realizar entre sus calles.

De la Selva Negra a Füssen

La naturaleza hace su aparición en esta ruta a través de su más mítico entorno verde: un viaje por la Selva Negra inundará sus sentidos de aire puro. Se cree que tan curioso nombre deriva de la 'oscuridad' que se percibe al atravesar su vegetación: tan densas y pobladas son las copas de los árboles que la luz del sol no consigue alcanzar el suelo. Además de arboledas y forestas, en la 'Schwarzwald' alemana también es posible encontrar pequeños pueblecitos que hacen las delicias de los amantes de la fotografía. Es el caso de Breitnau, donde su puente del Ravenna de altas arcadas o la Capilla de San Osvaldo –la más antigua de la región– le posibilitarán la toma de impresionantes instantáneas.

Y para irse con buen sabor de boca a descansar, por la noche compartirá los buenos momentos del día sentado frente a las más clásicas recetas alemanas: cenará en un restaurante típico de la Selva Negra antes de conocer una de las industrias con más fama de la región del Tirol. Tras el desayuno, una breve presentación sobre la producción de los relojes de cuco le hará ver estos precisos mecanismos con otros ojos. Si el hambre va haciéndose hueco de nuevo, no se preocupe: tendrá la suerte de visitar una pequeña granja tradicional donde le obsequiarán con una degustación de quesos.

Casco histórico de Füssen. (iStock)
Casco histórico de Füssen. (iStock)

Su brújula ya apunta hacia el sur de la Selva Negra, enclave donde se localiza uno de los lagos más famosos de Alemania. El Titisee le estará esperando para indicarle el camino a la pequeña isla de Lindau custodiada por otro gran embalse de agua conocido como el lago Constanza. Esta ciudad está 'abanderada' por un faro y una estatua de un león de Baviera situados al frente de su puerto con preciosas vistas a los Alpes. El día terminará en la ciudad de Füssen, el punto más al sur de la fantástica ruta por Alemania que está realizando.

Neuschwanstein, el castillo del 'Rey Loco'

Es posible que al oír la mención a Füssen no venga a su mente ninguna imagen. Póngase a prueba: al descubrir que en los alrededores de esta ciudad se encuentra el castillo de Neuschwanstein, ¿verdad que su memoria ha recuperado al instante la imagen de este singular edificio? La construcción de este palacio –en el que muchos intuyen claras referencias al mítico castillo emblema de la industria de Disney– fue ordenada en 1866 por Luis II de Baviera, monarca al que la historia recordaría con el apodo del 'rey loco'. Podrá acceder al interior de esta arquitectura romántica en la que los frescos, los ventanales y los tonos dorados son una constante.

Castillo de Neuschwanstein. (iStock)
Castillo de Neuschwanstein. (iStock)

Y de castillo... a castillo. En esta ocasión, tras visitar el pueblo donde se celebra una de las representaciones de la Pasión de Cristo más famosas de Europa central –Oberammergau–, será el palacio de Linderhof el que le deleitará con sus estancias. La entrada está incluida en este castillo que fue uno de los tres que mandó levantar Luis II y que además ostenta el honor de ser el que habitó durante más tiempo. Sus dimensiones, mucho más reducidas que en el caso de Neuschwanstein, le dotan de cierto aire acogedor frente a la gran fuente que preside una estatua dorada.

El 'tejado dorado' más famoso de Austria

El Goldenes Dachl de Innsbruck, en Austria. (CC)
El Goldenes Dachl de Innsbruck, en Austria. (CC)

El brillante destello del estanque de Linderhof no será la única referencia dorada de su viaje. Cruzará la frontera de Austria en autobús para llegar hasta Innsbruck, la capital del Tirol, donde a través de una visita a su callejero será partícipe de la perfecta armonía en la que conviven esta ciudad con gran afluencia de turistas –su perímetro está bordeado por un gran número de pistas de nieve y esquí– y su 'Goldenes Dachl' construido en el año 1500. Esta estructura llama la atención por su singular tejado de más de 2.700 azulejos de color oro.

No crea que su periplo en Alemania concluye al poner el pie en el país vecino, puesto que regresará a territorio germano por la tarde cuando ponga rumbo a Múnich. El famoso reloj de Marienplatz, la cervecería más antigua de Alemania –Hofbräuhaus– o el parque de Englisch Garten –donde algunos alemanes acuden a practicar nudismo– son algunos de los atractivos que no faltarán en su ruta por la capital del estado de Baviera. Por la noche, una cena típica bávara le permitirá recobrar fuerzas para seguir disfrutando de las tierras alemanas.

Algunos dicen de Rothenburg ob der Tauber que es el pueblo medieval más bonito de toda Alemania, un auténtico paraíso para los que disfrutan de los rincones románticos y las casitas de angulosos techos. En Navidad, la decoración que ilumina sus calles dota de un singular encanto a esta ciudad de ensueño [consulte las fechas de salida de la ruta]; aunque durante el resto del año su belleza no se ve menospreciada. El tour terminará en Fráncfort, la urbe que a su llegada le gritó un afectuoso 'Willkommen!' de bienvenida y que a su salida estará deseando verle de vuelta.

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