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¿Son un infierno los audios de WhatsApp? El botón que divide a España

Un maravilloso avance tecnológico para unos, un incordio de Satán para otros

Foto: Llevo siete minutos escuchando esta nota de voz y ahora me quiero morir.
Llevo siete minutos escuchando esta nota de voz y ahora me quiero morir.

Hasta ahora, los mayores debates que iban a fracturar a la humanidad eran el de la pizza con o sin piña y el de la tortilla de patatas con o sin cebolla. Para ligar con alguien ya no preguntamos por el horóscopo, ahora necesitamos saber si la otra persona es concebollista. Pero las comunicaciones digitales entre humanos nos han traído un debate de dimensión superior: los audios de WhatsApp.

El día que presentaba la nueva función de los mensajes de voz, WhatsApp anunciaba en su blog: “Sabemos que no hay nada como escuchar la voz de un amigo o familiar”. Vale, hasta ahí de acuerdo. Pero luego seguía: “Simplemente presionando un botón, puedes grabar un mensaje de voz para saludar o contar una historia”. Una historia. NO TU VIDA.

Porque los audios de esta aplicación ya se han convertido en el sustituto de la llamada, y en algunos casos, del psicólogo. Son como una conversación a la carta que puedes elegir cuándo escuchar o responder, pero también una forma de contar tu movida sin tener que aguantar la del otro. Lo curioso es que nos apetece más escuchar un audio que acabamos de enviar que oír la respuesta de la otra persona. Un narcisismo chungo.

En esto nos hemos convertido.
En esto nos hemos convertido.

Así que ahora el mundo se divide entre los que envían audios para todo y los que responden de forma escrita o con el icono de la berenjena. En palabras de un referente como BoJack Horseman: “Los chavales ahora no llaman. Se comunican mediante una combinación de mensajes de texto, ojos en blanco y fotos de penes”.

Un monstruo fuera de control

Los audios de WhatsApp se han distanciado completamente de su función original. Y esto es peligroso, porque así es como nacen los mayores engendros genéticos en la ciencia ficción. De crearse para promover una comunicación más rápida, han acabado convertidos en monstruosas formaciones de seis minutos en las que ese al que considerabas amigo te cuenta, con todo detalle y sin prisas, que ha venido un técnico a arreglarle la lavadora.

WhatsApp es ese científico loco que se ríe a la vez que estalla un trueno pero que luego se mira las manos temblorosas murmurando: “Dios mío, qué he hecho”. Pero no hay marcha atrás, aunque hay tanta gente que odia las notas de voz que ya han inventado una app para poder convertirlas en texto.

"Pero a mí me gustan los audios"

Vale, pero piensa que WhatsApp permitió a los introvertidos salir de su caparazón a través de una comunicación que no requiere quedar para unas cervezas, solo con un teclado y ganas de ejercitar los dedos desde la seguridad del sofá. El icono verde ha supuesto el cielo abierto para ellos, sobre todo teniendo en cuenta que hacer o recibir llamadas puede ser su mayor miedo y pedir una pizza vía telefónica, una pesadilla recurrente. Por eso WhatsApp es el edén de los tímidos, y sus audios son el ejército de mercenarios que viene a perturbar la paz.

[Pulsa el botón de rechazar llamada] [Abre WhatsApp] ''Ahora no puedo hablar, estoy liado. Mejor cuéntame por aquí''.
[Pulsa el botón de rechazar llamada] [Abre WhatsApp] ''Ahora no puedo hablar, estoy liado. Mejor cuéntame por aquí''.

Con el debate abierto, proponemos una guía de uso para que las notas de voz no acaben reduciendo el mundo a cenizas, azufre y audios de 2 segundos diciendo “sí”.

Por favor, no

-Mensajes de voz de más de 5 minutos. ¿De verdad llevas todo el rato pulsando un botón y hablándole a la nada? ¿Y de verdad crees que tu interlocutor no va a mentar a todos tus antepasados cuando tenga que escuchar ese discurso?

-Mensajes de voz por pereza. Escribir un “sí” o un “no” no te va a llevar tanto tiempo ni tanto esfuerzo como te imaginas. Hemos avanzado mucho en el ámbito tecnológico y sería triste volver a los 'walkie-talkies' en forma de audios de 2 segundos.

-Mensaje de voz mientras estás haciendo otra cosa. En serio, oigo cómo estás comiendo. Al hacer dos cosas a la vez, además, es muy fácil irse por las ramas o dejar varios segundos de silencios o de interminables “eeeh…”, con lo que un audio que bien podría no llegar al minuto acaba siendo una divagación de lo más espesa.

-Mensaje de voz para algo urgente. Un mensaje de texto se puede leer discretamente en cualquier momento, pero para poder escuchar un audio de WhatsApp hay que parar todo lo que se esté haciendo. Y ese mensaje urgente va a acabar sepultado por todas las otras conversaciones que te mandarán más audios o gifs de gatos.

-Mensajes de voz mientras vas conduciendo. No lo hagas, por favor, no quiero escuchar tu muerte en directo.

Esto sí

-Mensaje de madrugada. Una de las cosas buenas que tienen las notas de voz es que se pueden enviar a ese amigo que falta en la fiesta cuando el grupo ya está cocido. Porque llamar a las 3 de la mañana es muy inhumano, pero escribir “EEEEEEH” en lugar de gritarlo no motiva igual.

-El audio del concierto. Es mucho más sencillo pulsar un botón en 'I don’t want to miss a thing' que entrar en la lista de contactos, llamar, ponerte el móvil en la oreja mientras Steven Tyler te mira mal desde el escenario y esperar a que el amigo de turno lo coja.

-Contar una anécdota. Hablado queda más gracioso que escrito, y además, puedes imitar al que te cae mal poniendo voz de pito. Pero tampoco vas a llamar a alguien para decirle que acabas de ver a Santiago Segura comprando el pan o que te has cruzado con un perro que llevaba un jersey de cuello vuelto.

-Estás secuestrado, atado de pies y manos y lo único que está a tu alcance es el botón para enviar una nota de voz. Entonces, sí.

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