tiene una resolución mayor que el Hubble

El radiotelescopio más grande del mundo para impulsar la ciencia en África

En estos momentos se está poniendo en marcha el que será el mayor radiotelescopio de la Tierra, el SKA, que tendrá una resolución 50 veces mayor que el Hubble

Foto: Recreación de cómo será la red africana de telescopios del desierto de Karoo.
Recreación de cómo será la red africana de telescopios del desierto de Karoo.

En estos momentos se está poniendo en marcha el que será el mayor radiotelescopio de la Tierra, el SKA, que tendrá una resolución 50 veces mayor que el archiconocido Hubble. Una empresa mayúscula con importantes aplicaciones en ciencia, ingeniería y telecomunicaciones pero que quiere poner el acento en dos asuntos más novedosos: su carácter de proyecto verde y su intención de convertirse en un buque insignia de la ciencia para el desarrollo.

“Estamos muy interesados en el impacto que vaya a tener el proyecto en África”, asegura Lourdes Verdes-Montenegro, investigadora principal de esta iniciativa tecnológica internacional, en la que participan 11 países entre los que se encuentra España.

Esta astrofísica organizó recientemente en Granada un encuentro de todos los participantes españoles para poner en orden sus intereses dentro de este gigantesco proyecto. “España ha pasado en pocos años de ser un espectador dentro de la organización del SKA, a tener un papel relevante y reconocido”, asegura Verdes-Montenegro.

España ha pasado en pocos años de ser un espectador dentro de la organización del SKA, a tener un papel relevanteA pesar de las adversas condiciones económicas se ha logrado que nueve centros y 11 empresas españolas participen en seis de los consorcios internacionales que actualmente trabajan en la etapa de preconstrucción de SKA, que comenzará a levantarse a partir de 2016 en África y Australia. “Nuestra contribución actual está valorada en torno a dos millones de euros que no proceden de financiación específica del Ministerio, sino que ha sido aportada en especie por los propios centros y empresas interesados en el proyecto”, explica, con la intención de posicionarse estratégicamente con respecto al reto tecnológico.

¿Cuál es ese reto? El SKA lo formará una red de sensores radioastronómicos, compuesta por miles de antenas equivalentes a un kilómetro cuadrado de superficie total (de ahí las siglas Square Kilometre Array) distribuidas entre dos continentes.

Miles de antenas repartidas en un kilómetro cuadrado

Esta gigantesca disposición, que permitirá observaciones profundas y de gran detalle, estará ubicada en África y en Australia porque el SKA necesita grandes superficies con cielos de alta calidad y baja interferencia de ondas, es decir, poca densidad de población que interfiera en los datos recibidos. La infraestructura africana se centrará en el sudafricano desierto de Karoo, para las frecuencias altas y medias del espectro radioeléctrico, y la de Australia cubrirá el rango de bajas frecuencias y contará con un instrumento de exploración del cielo.

Tal será la complejidad tecnológica de la red que el principal reto estará en conseguir procesar la innumerable cantidad de datos que comenzarán a producir cuando el SKA se ponga a funcionar a partir de 2020, reduciendo estos datos en paquetes más manejables para la distribución a grandes supercomputadores y de ahí a los investigadores de todo el mundo. “Evitar el cuello de botella en el consumo de datos será un problema fundamental”, asegura Verdes-Montenegro.

Los científicos españoles participarán en todos los proyectos de investigación clave que se plantean para el SKA, que abarcan desde la búsqueda de señales alienígenas hasta la búsqueda de respuestas sobre la energía oscura, pasando por el estudio de las primeras galaxias y estrellas que se formaron tras el Big Bang. Aunque se destaque el papel de España, el planteamiento del proyecto está dirigido a convertirse en un ejemplo de ciencia distribuida entre equipos multinacionales.

“SKA implicará una ruptura total en el diseño tradicional de los radiotelescopios”, asegura la astrofísica, que señala la vocación verde del proyecto, con alimentación de las infraestructuras mediante energías renovables, por ejemplo. Y el interés por sembrar ciencia en África: “No queremos que la gente de la región se limite a aportar mano de obra. Está planteado un sistema de formación tanto en la escuela como en la universidad locales. Queremos sacar científicos de allí”, insiste la investigadora española.

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