no alcanza los 200 kilómetros por hora

El saque de Rafa Nadal ya no volverá (pero quizá tampoco lo necesite)

El jugador español tiene otras prioridades en su juego. El servicio, que nunca fue brillante, se muestra en Australia anémico, pero no lo necesita para dominar, porque el resto de su tenis está afinado

Foto: Nadal sirve contra Zverev (EFE)
Nadal sirve contra Zverev (EFE)

En estado de alerta, con las piernas flexionadas y la mirada fija, Rafa Nadal espera el servicio de su rival. Es su ritual favorito, donde más cómodo está. Él es un restador, un jugador muy completo que es capaz de descifrar bien el bombardeo al que suelen someterle los contrincantes. Cuando está mal, y eso ha sido frecuente en el último año, es donde más se le nota. Si Nadal no está fino el miedo le empuja a unos cuantos metros detrás de la línea, donde la pelota llega con menos violencia, también donde es más complicado ser agresivo y tomar la iniciativa.

En eso, Nadal ha vuelto. Contra Baghdatis apuraba la línea, esperaba con mirada felina lo que pudiese ofrecer con su servicio un jugador talentoso, pero con sus mejores días ya a su espalda. De todos modos, siempre fue un hombre irregular. No importa, el rival no se elige, uno juega con quien tiene enfrente, que en este caso era el chipriota. Con Zverev se echó algo más para atrás, consecuencia lógica de tener enfrente una lanzadera de cohetes. En el resto se vio el mejor Nadal. El servicio es otra historia, y lo será siempre, porque para eso hay que conocer al balear. El saque no volverá, quizá nunca llegó a estar.

Hay un tramo de la carrera de Nadal, cuando era un niño prodigio pero aún estaba indiscutiblemente a la sombra de Federer, en el que su servicio era una cuestión de Estado. El análisis lógico llevaba a pensar que, con todo el tenis que tiene en sus brazos, era solo cuestión de técnica que el saque apareciese rotundo y pudiese así dominar con más fluidez el juego. A nadie se le escapa que un saque poderoso da la iniciativa y descarga los partidos, permite una cosa extraña en el tenis, que es descansar mientras se juega.

Hubo mejoras, incluso cambios mecánicos para encontrar una solución a un golpe que nunca terminó de aparecer. En sus mejores días, parecía un sacador aseado. Pero todo tenía que marchar a la perfección para que así fuese. El Nadal dominador tampoco era un sacador, aunque tiene la altura suficiente para haber sido competitivo, lo cierto es que nunca llegó al máximo en esa faceta. Es, probablemente, el único aspecto del juego que no pudo sublimar.

Otras prioridades

Ahora aquellos problemas con el saque, ese debate sobre la necesidad de ser un bombardero, son cosa del pasado. Ya tiene 30 años y es evidente que su juego no va a metamorfosear de repente. Tampoco es ya su máxima preocupación, ahora el problema está en mantenerse físicamente bien e ir recuperando las sensaciones de su mejor tenis, ese que tenía un saque servicial pero no brillante.

Nadal está más fino, lejos queda aquel chico con brazos muy musculados. Para cuidar las articulaciones ha necesitado optar por ese camino, pues siendo más ligero se hace menos daño. Eso le obliga también a cambiar algunos conceptos, ahora depende más de sus piernas, que siempre fueron rápidas, y menos de los golpes. Estos los sigue teniendo, porque la calidad está ahí y siempre lo estuvo, aunque algunos se empeñasen en desdeñar esos golpes para dar más importancia a su privilegiada cabeza o a su físico. No hay tenista exitoso sin golpes decisivos, y Nadal los tenía, aunque fuese más heterodoxo que sus rivales. Donde predominaban los golpes planos él jugaba con alturas. Otra manera de entender el mismo deporte.

Cuando comenzaron las lesiones, servir dejó de ser una necesidad. Nadal se centró en meter los primeros servicios y buscar la iniciativa engañando con los ángulos más que buscando velocidad. En los dos primeros partidos del Abierto de Australia ninguno de sus servicios ha llegado a los 200 kilómetros por hora, una cifra accesible para la mayor parte de jugadores buenos del circuito. La media del primer servicio no llega a los 180 por hora, muy por debajo de lo que conseguía, incluso, el Nadal de otras épocas.

Para darle contexto, Zverev, una promesa que aún está armonizando y a quien logró eliminar con mucho sufrimiento, tiene de media en el primero servicio 201 kilómetros por horas. Es decir, su saque habitual es más potente que cualquiera de los que haya utilizado Nadal en todo el torneo. Su pico está en 219 kilómetros por hora, Siempre será una carencia, un motivo de preocupación, lo que pasa es que el tiempo lo ha sepultado entre otras urgencias mayores.

Hay, además, una cuestión que sobresale con Nadal: puede ganar sin sacar. No es una presunción, es la constatación a lo largo del tiempo de un fenómeno que se repite con frecuencia. Nadal necesita estar rápido y confiado de sus posibilidades, y en Australia parece tener esos ingredientes. Necesita volver a ser táctico, eliminar la ansiedad se su juego y poder madurar los puntos como siempre hizo. Necesita que la derecha corra y utilizar el revés para ganar ángulos. Necesita restar como solo él sabe. ¿El saque? no hubiese estado mal, pero uno no puede llorar lo que nunca fue propio.

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