En muchas ocasiones, lo que más llama la atención de los niños es su mal comportamiento y se tiende a pensar que el problema está en su actitud pero, en realidad, lo que hay detrás de un comportamiento suele ser una emoción que, el niño, no ha aprendido a expresar de la manera más adecuada. A continuación, podremos ver qué tipo de emociones están detrás de algunos malos comportamientos frecuentes en el día a día.  

Las emociones son innatas en los niños, se activan ante las situaciones que ocurren en el entorno y, al hacerlo, se produce una conducta que ayuda a expresarla y comunicarla a los demás. Es la primera forma de comunicación que tienen los niños cuando nacen. 

El objetivo de todo ser humano al nacer es la búsqueda y el mantenimiento del bienestar, de forma que sus impulsos van dirigidos a que sus intereses y deseos se cumplanCada emoción aporta la información de qué es lo que la persona necesita, las emociones informan de cómo está el entorno y nos preparan para que lo cambiemos si no nos gusta. De esta forma, si sufrimos una perdida, nos ponemos tristes; si una situación nos parece injusta, nos enfadamos y, si algo nos gusta, nos ponemos contentos y propiciamos que vuelva a repetirse.

El objetivo de todo ser humano al nacer es la búsqueda y el mantenimiento del bienestar, de forma que sus impulsos van dirigidos a que sus intereses y deseos se cumplan. Por eso mismo, hay que tener siempre en cuenta que, detrás de un llanto, de una rabieta y de unas risas, está esa búsqueda de bienestar.

El problema es que la forma de expresar las emociones y buscar el bienestar no siempre se hace de la forma más adecuada. La mente del niño está en desarrollo y no tiene las herramientas necesarias para controlar esas emociones, por lo que, en la mayoría de las ocasiones, se ven invadidos por ellas y por lo que eso conlleva. Por ejemplo, si un niño está en la tienda pidiendo que se le compre algo, y su padre no se lo quiere dar, esa situación hace que busque un cambio y para ello, el enfado aparece y se manifiesta con la rabieta.

Aquí es donde entra el papel de los padres. Si ante las conductas negativas se detecta cuál es la emoción que hay detrás, se podrá ayudar al niño a regularla para dirigirla de forma más correcta y enseñarle lo que hay que hacer cuando uno tiene una emoción desagradable. “Entiendo que estés enfadado porque quieres que te compre las gominolas, pero vamos a cenar y no es el momento de tomarlas. Ahora nos vamos a casa y mañana cuando termines los deberes venimos a comprar algunas”

El pensamiento es el que permite esa regulación. La tarea del adulto será poner palabras a esas emociones y ayudarle a desarrollar esa habilidad. El niño, simplemente, siente la emoción y si el adulto le enseña a identificar esa emoción y la llama por su nombre, será consciente de cómo influye en su comportamiento, sabrá lo que le está pasando y eso le ayudará a calmarse.

Enseñar a controlar las emociones no consiste en reprimirlas y negarlas. Todas las emociones son necesarias, lo importante es aprender a expresarlas. Los niños irán desarrollando la madurez emocional a medida que los padres le ayuden y practiquen con ellos aprovechando todas las situaciones del día a día.

Es importante que aprendan la diferencia entre estar enfadado (algo legítimo y comprensible) y pegar a mi amigo porque estoy enfadado (algo no tolerable).

Ejercicios para empezar a hablar de las emociones

  • Caras con las emociones: podéis dibujarlas juntos y ponerlas en un sitio visible en casa, cuando ocurra algo, podéis acudir a ella y practicar su identificación.
  • Ponte como el mejor ejemplo, los niños aprenden de cómo actúan sus padres, cuéntale cómo te sientes en algunas situaciones, dile que estás contento porque te lo has pasado bien con él, que estás enfadado cuando estás en un atasco y enséñale cuál es la mejor forma de afrontar esos sentimientos.
  • Cuando estés leyendo algún cuento con tu hijo, identifica las emociones que sienten los personajes y pídele que haga lo mismo.
  • Anímale a averiguar los motivos que hay detrás de su enfado, tristeza o miedo.

Ejemplos para trabajar algunas emociones

Qué hacer con la tristeza:

  • Respeta sus opiniones y problemas, esto le animará a que hable de lo que le ocurre y que lo cuente para buscar ayuda.
  • Anímale a que exprese esa tristeza dibujándola o escribiendo sus sentimientos.
  • Avísale de que, a veces, cuando uno está triste, empieza a verlo todo negativo. Hacer una lista de las cosas buenas que hay en su vida, le ayudará a ser más objetivo.
  • Búsqueda de alternativas: todas las situaciones tienen una parte positiva, con tu ayuda podrá encontrarla.

Qué hacer con el miedo:

  • Ayudarle a aceptarlo: todo el mundo tiene miedo a algo, eso le ayudará a no hacerlo más grande y a poder hablar de ello.
  • Expresar el miedo: hacer algún dibujo hará que la situación se vea más manejable. 
  • Transforma el miedo: podéis crear una historia en la que el objeto de su miedo quede ridiculizado. Por ejemplo: si le dan miedo los ladrones, podéis inventaros historias en las que a los malhechores siempre les salen las cosas mal, si además incluyes el humor, mucho mejor!

Cómo manejar la ira:

  • Pararse a pensar: puede contar hasta 10, irse a su habitación y pensar tres alternativas más adecuadas para resolver lo que le molesta.
  • Hablar con la persona: una vez que esté más tranquilo, puede explicar lo que siente y lo que piensa a las personas involucradas.
  • Descargar la rabia de forma adecuada: si no consigue calmarse, dale su espacio para que pueda hacerlo, dile que puede irse a su habitación y pegar a la almohada para descargar esa rabia, de esta forma no se hará daño a él ni le hará daño a nadie.

La educación emocional es la base para una buena relación con uno mismo y con los demás.

Mónica Cruz Coronado* es licenciada en Psicología, experta en clínica infanto-juvenil y terapeuta en Centro de Psicología Arganzuela.