¿Cuánta gente casada querría estar soltera? Esta es la intrincada pregunta que se plantea la psicóloga Bella DePaulo, y que resulta de gran vigencia, ya que vivimos en una sociedad que nos empuja al emparejamiento por motivos sociales, familiares o incluso logísticos. De este modo, no es raro encontrarse con personas que se han visto abocadas al matrimonio sin desearlo verdaderamente. Quizá por eso DePaulo, que estudió en Harvard y es la autora del libro Singled Out: How Singles are Stereotyped, Stigmatized and Ignored, and Still Live Happily Ever After (St. Martin's Press), reflexiona acerca del concepto de soltería y las razones de que más a menudo de lo deseable no encontrarse en pareja supone un estigma social.

La psicóloga analiza, según los porcentajes que otorga el Pew Research Report, los diferentes motivos de las personas que desean ser solteras, a raíz de la pregunta de la periodista Maartje Duin, a la que no le cuadraban los resultados porcentuales. DePaulo da respuesta a cada apreciación que hace Duin, y elabora asimismo sus propias preguntas al respecto.

1. Del 12% de solteros y el 46% de divorciados/viudos, no sabemos si viven en pareja o no

El número de solteros, en EEUU y en el resto del mundo, ha aumentado en las últimas décadas. DePaulo menciona que hay 103 millones de americanos mayores de 18 años que están divorciados, son viudos, o han sido siempre solteros. La pregunta a continuación se hace evidente: aunque no estén casados, ¿no están conviviendo con alguien?

No tantos como podría parecer, afirma la psicóloga. Cuando se resta a las parejas que viven juntas, incluidas las homosexuales, quedan 90 millones de americanos que son solteros y no viven en pareja.

2. A menos que hayan matado a su marido/mujer, es difícil considerar solteros por elección a los viudos

DePaulo señala que ha conocido a numerosas mujeres que se han quedado viudas. Todas amaban a sus maridos, pero todas señalan del mismo modo que no querrían volver a casarse: una vez han experimentado el matrimonio y, tras él, la soltería, descartan el primero en virtud del segundo.

3. ¿Qué sucede con las personas en una relación comprometida pero que viven en casas distintas?

Es lo que en inglés se conoce como relaciones LAT, las siglas de "living apart together", vivir juntos pero separados, o "no revueltos", que dice la sabiduría popular. Se trata de parejas que mantienen una relación de compromiso pero que viven en casas distintas. No hay demasiadas investigaciones acerca de este grupo social, pero se cree que constituyen el 7% de las parejas. DePaulo aventura que se trata de una opción que irá en aumento.

4. ¿Cuánta gente soltera afirma que quiere casarse, pero prioriza otras cosas?

Los solteros saben que se les presupone el deseo de casarse, esa es la ideología que prevalece hoy en día. Cuando se hace una encuesta todos responden que, por supuesto, claro que quieren casarse. No obstante, esto no implica que estén dando los pasos que les llevarán por el camino del matrimonio, y a menudo sus propias acciones, su ritmo de vida o sus prioridades personales van en contra de ese supuesto deseo de vida en pareja.

La elección de casarse es en ocasiones cultural o ideología, pero no reside en una capacidad real de deliberaciónEs tal vez esta última razón la que nos hace reflexionar acerca de por qué se casa tanta gente que no quiere casarse. ¿Es el matrimonio la única concepción que tenemos de la vida adulta? ¿O es acaso el cine, en el cual la boda es el evento celebrado por excelencia, "el día más feliz de la vida" de los implicados?

Lo cierto es que el estigma es perjudicial porque hay gente a la que lo único que le incomoda de su soltería es la actitud de los demás, pero que viven en perfecta sintonía consigo mismos y con el mundo sin necesidad de compartir su vida con alguien a ese nivel. Si socialmente estar soltero fuera tan válido como estar casado, ¿cuáles serían, entonces, los porcentajes de matrimonios al año?

Como señala la psicóloga, es muy difícil saber lo que la gente realmente quiere o lo que verdaderamente nos haría felices cuando no todas las opciones se presentan como equivalentes, sino que una es reconocida y celebrada y las demás están estigmatizadas. Entonces la elección se convierte en cultura e ideología, pero no en capacidad real de deliberación.