La popularización de los contenidos pornográficos en internet, o democratización como más banalmente prefieren denominar algunos sexólogos, ha sido fuente de numerosos análisis sobre sus posibles efectos negativos en los más pequeños, así como infinitdad de ensayos (alguno de estos últimos con premios nacionales de ensayo, como el Anagrama otorgado a Andrés Barba y Javier Montes por Pornografía y representación). Control parental, restricciones de acceso, cierre de páginas web, educación sexual digital… son algunas de las estrategias que se han intentado utilizar para evitar la expansión de la pornografía en la red y limitar su impacto en los menores. Todo en vano, pues la esencia misma de internet se basa en la filosofía de la libre distribución, para lo bueno y para lo malo. Una praxis que los nativos digitales llevan en su ADN, mal que le pese a las ofuscadas generaciones analógicas.

Pero, ¿cuáles son y serán las consecuencias de este fenómeno? ¿Provocará algún tipo de cambio sociológico significativo? Y, de hacerlo, ¿será tan negativo como vaticinan los sociólogos y psicólogos más reaccionarios?

Pocas dudas existen a estas alturas de la influencia que está teniendo el elevado consumo de pornografía digital en la educación sexual de las generaciones más jóvenes. El concepto ‘generación youporn’ (en referencia a una de las páginas más famosas de contenidos pornográficos) hace hincapié en este posible cambio de paradigma, supuestamente provocado y precipitado por la pujante industria pornográfica a raíz de la universalización del acceso a internet. Las agencias de publicidad también lo tienen claro. El marketing de las marcas comerciales bebe directamente de las culturas emergentes y trata de amoldar sus estrategias de venta a los nuevos estilos de vida.

Moldeando la moda, la música, el cine y todo lo mainstream

El diseño de los productos y servicios, así como su estrategia de venta, se está inspirando cada vez más en los rasgos que definen a esta ‘generación youporn’. El mundo de la publicidad comercial está financiando estudios cualitativos dan cuenta de los nuevos lenguajes, símbolos, iconos y, en definitiva, de todos los códigos definitorios de la new porn culture.

El diseño de los productos y sus estrategias de venta se están inspirando cada vez más en los rasgos que definen a la ‘generación youporn’El mundo de la moda y el de la música han sido los primeros en adoptar estos nuevos códigos. Un ejemplo reciente de esta evolución es la actitud de la actriz Miley Cyrus, la Hannah Montana con la que creció una generación de niños, y que ahora siguen de cerca la transformación de su carrera marcada por la exhibición sexual, como quedó más que patente en su actuación en los premios Video Music Awards trasmitida por la MTV.

El mundo de las editoriales no se ha mantenido ajeno a este fenómeno. La literatura erótica (aunque en ocasiones el término parezca un eufemismo dado su contenido fuertemente sexual) se ha convertido en uno de los géneros más populares, al menos en lo que a producción de best sellers se refiere. Por otra parte, las novelas autodenominadas pornográficas huyen cada vez más de los clichés tradicionales del sexo, abriendo sus fronteras mucho más allá de la heterosexualidad, además de no estar tan pensadas para el consumo exclusivo de los hombres.

Transformaciones éticas y estéticas

Una experimentación que está salvando las ventas de muchas casas editoriales aplicando simplemente algunas de las características de la heterogénea new porn culture, en la que los contenidos amateur y las prácticas sexuales menos convencionales o minoritarias encuentran su mejor espacio de difusión. El clásico cinematográfico Emmanuelle (Just Jaeckin, 1974) solo fue el inocente prólogo que presentó la pornografía en el epicentro de la cultura popular. Hoy en día, ya son pocos los periódicos (digitales) que no cuentan con su sección de sexo, los museos que no hacen exposiciones artísticas relacionadas con el porno, las editoriales que no encarguan libros eróticos a sus autores de cabecera o los barrios hipsters sin una tienda de objetos eróticos en cada manzana.

La mayor parte de la pornografía digital nos obliga a dejar de lado nuestra ética, estética e inteligencia para contemplarlaEl prestigioso filósofo británico Alain de Botton ha centrado la mayor parte de sus obras de los últimos años en las consecuencias sociales de la sexista pornografía mainstream.  “El porno actual elimina todas las preocupaciones que una persona razonablemente sensible, amable e inteligente pueda tener”. En su opinión, todo el porno que abarrota internet nos hace elegir a diario entre “los valores pornográficos: explotación, humillación, suciedad…” y nuestra verdadera sensibilidad: los valores que defendemos durante el resto del día.  

La pornografía, tal como la ve De Botton, “nos obliga a dejar de lado nuestra ética, nuestro sentido estético y nuestra inteligencia para contemplarla”. Para combatir los negativos efectos de la ‘pornocultura’ sobre la escala de valores, el reputado filósofo y profesor británico ofrecerá en su Escuela de la Vida contenidos explícitamente sexuales pero moralmente aceptables. Se trata de un nuevo enfoque que ha dado en llamar Better Porn para que “la virtud triunfe sobre la suciedad”.