SEGÚN ANTONIO BAÑOS, "ESTA ES UNA NUEVA EDAD MEDIA"

"La economía se ha convertido en teología y sus expertos en sacerdotes"

¿Qué tienen en común el capitalismo financiero actual y el feudalismo? Para Antonio Baños existe una conexión directa entre ambas sociedades, aparentemente, tan alejadas en tiempo
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"La economía se ha convertido en teología y sus expertos en sacerdotes"
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    ¿Qué tienen en común el capitalismo financiero actual y el feudalismo? Para Antonio Baños existe una conexión directa entre ambas sociedades, aparentemente, tan alejadas en tiempo y forma. “Primero están las élites políticoeconómicas que se autorreproducen a sí mismas, como hacía la nobleza en la Edad Media en sus cerrados círculos. Luego se encuentran las clases medias, que casi han desaparecido convirtiéndose en un ‘precariado’ que transita de un lugar a otro trabajando para distintos ‘señores feudales’ y, finalmente, quedan los esclavos, representados actualmente en las poblaciones del Tercer Mundo”. Esta es la provocadora tesis de la que parte Posteconomía (Libros del Lince), el segundo "libelo" de Baño. En este vuelve a remover en lo más hondo de las conciencias para desmitificar la que considera la pseudociencia más universal: la economía.

    La Nueva Edad Media (NEM), según la jocosa terminología acuñada por Baños para referirse al actual momento histórico, se funda sobre la base ideológica de los think tanks, cuyo papel se equipararía al de los antiguos monasterios, y sobre la organización privada del espacio: “La gente se recluye en lugares cerrados como las urbanizaciones, con su propia seguridad y vigilancia privada, algo así como los castillos feudales”.Todo lo que se haga o se diga debe enfocarse hacia la rentabilidad

    El discurso antisistémico de este escritor y periodista catalán está a medio camino entre el situacionismo de Guy Debord, el sarcasmo de Groucho Marx y las mitologías de Roland Barthes. Su lectura es transversal, incluyendo vastas referencias a los pensadores clásicos y modernos, pero clara y directa. En ningún momento esconde que su principal objetivo es desmontar la “gran mentira en la que vivimos”, y es que se coja el libro por donde se coja no deja de ser una mirada existencialista hacia la deriva actual de la sociedad. Pero ¿cómo hemos llegado a este callejón sin salida? “Desde el momento en el que la economía deja de ser descriptiva para comenzar a ser prescriptiva, es decir, que te dice cómo tienes que vivir y cómo debe ser la organización social en función a unos determinados valores, perdemos la libertad para dársela a la escuela económica de turno”.

    La revolución de los de arriba

    Baños bucea en las antípodas de este sistema, que se sitúan en los años 80, con Ronald Reagan y Margaret Thatcher como “revolucionarios” primigenios. "Las élites políticas y económicas han impuesto su visión del mundo con una fuerza casi revolucionaria apoyándose en la globalización de las redes comunicativas, para unificar los mercados, y acompañándose de mecanismos de adoctrinamiento muy potentes". Sin embargo, lamenta Baños con su ácido humor, “nos pilló desprevenidos porque la gente se pasó de la resistencia a la gastronomía y el buen vino”.

    La socialdemocracia, continúa Baños, también ha sido cómplice del establecimiento de la Nueva Edad Media (NEM). “Al comenzar a decirnos que todo iba bien y que lo más importante era ver cómo crecía el PIB del país, nos convirtieron en personas pasivas. De este modo, asistimos impasibles a la guerra que los de arriba libraban con los de abajo”. Simulando una especie de rebelión de las élites, los economistas “reaccionaron contra el género humano imponiendo el darwinismo social sobre la generosidad o la bondad”. Finalmente, las pantallas hicieron el resto: “Si miramos tanto la televisión no puedes ver al mismo tiempo las injusticias sociales”. Las élites económicas han impuesto su visión del mundo con una fuerza casi revolucionaria

    Esta invertida lucha de clases se gestó primero en secreto: “El foro de Davos era algo desconocido, pero con el tiempo se ha convertido en un show porque en la medida en que van ganando terreno y poder se ven obligados a hacerlo visible para afianzarlo todavía más”.

    La fe incuestionable en las predicaciones de los gurús de la economía ha calado en todos los aspectos de la vida de las personas. Baños, que defiende llamar a las cosas por su nombre, define esta situación como una "teología" que gestiona "desde el amor y el afecto, hasta el lenguaje o los estudios”. Nada se escapa a la praxis empresarial, “todo lo que se haga, se piense o se diga debe tener como fin la rentabilidad”, apunta el autor.

    Paren las máquinas, llega el decrecimiento

    La financiarización de la economía coincide con el fin de la historia proclamado por Fukuyama. Como explica Baños, “desde que identificamos lo material con el bienestar social creímos que no debíamos pensar más en política”. Con el tiempo, la gente común fue alejándose más de los “palabros de la casta sacerdotal económica”, pero entonces llegó la crisis y todo dio un vuelco. “Tenemos la percepción de que la crisis es ininteligible, pero cuanto menos la entendamos más respuestas buscaremos”. Así lo piensa Baños, que por primera vez intenta transmitir un halo de optimismo: "Se va a generar una conciencia ciudadana que será directamente proporcional al desconocimiento previo”.Desde que identificamos lo material con el bienestar social creímos que no debíamos pensar más en política

    El autor de Posteconomía tiene claro que “cuánto más se sepa, más se organizará la gente para cambiar la situación”, aunque se mantiene escéptico sobre si este “levantamiento” conducirá a la sociedad hacia una alternativa razonable. Aunque prefiere no dar soluciones cerradas, sí apunta hacia las teorías del decrecimiento como una salida a la NEM. “El decrecimiento nos plantea reflexiones muy necesarias sobre la propiedad privada, el procomún, los bienes culturales –si realmente tienen dueño o hay que pagar por ellos– o la gestión de los recursos”. Todas estas ideas tienen un nexo común: la dimensión moral de la economía.

    Como colofón a su segundo ensayo, Baños se atreve a plantear una estrategia contra el capitalismo de la Nueva Edad Media aparentemente sencilla: no participar. Con esta aseveración no se refiere al anticapitalismo automarginal relacionado con una vida hippie al margen del mundo, sino a la vida acorde con la moral propia y no con la impuesta. Es decir, “no machacar al próximo, hacer bien tu trabajo sin tener que arrasar con la competencia y, en definitiva, moderar el lucro hacia lo razonable sin intentar cargarse la vida de los demás”.  

    Alma, Corazón, Vida
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