Vuelve a su casa después de cinco días okupada. Vitori todavía se emociona cuando piensa en que los vecinos de Portugalete han hecho justicia. Dentro la casa está por los suelos y tendrá que esperar a que sus familiares la ordenen. Además le han robado joyas y enseres. Sus sobrinos tienen claro que no eran okupas, sino una mafia. Mientras los vecinos viven una película con final feliz. Orgullosos de lo que llaman justicia popular. Un movimiento que sacó a los okupas de otras dos casas del barrio. Lo que la justicia tarda meses, ellos lo han hecho en horas.

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