Su jornada laboral consiste en dar de comer a cocodrilos salvajes. Es el único empleo que encontró un joven de Costa Rica, para delicia de los turistas que visitan el país. Un trabajo de riesgo, no solo por la voracidad de estos animales, sino porque en el país está prohibido alimentarles. Dicen que afecta a su instinto de caza y les convierte en más vulnerables. Aun así, es una profesión que capta todas las miradas, aunque son muy pocos los que la envidian.

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