Un aparato solo apto para adictos a la adrenalina extrema. Los saltadores de BASE Chris Douggs McDougall y Jimmy Pouchert han sido los atrevidos probadores de esta catapulta humana que les lanzó al aire de Dubái a más de 200 kilómetros por hora. Una vez que los deportistas perdían contacto con el artefacto –a 91 metros de altura–, se dejaban caer durante algunos segundos para después terminar abriendo sus paracaídas. Todo el trayecto se grabó en vídeo gracias a unas cámaras atadas a su cuerpo.