El histórico desastre medioambiental del Mar de Aral

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Antes agua, ahora desierto.
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Antes agua, ahora desierto.

Un camello deambula en lo que antes era todo agua, a las afueras de la ciudad de Zhalanash, junto al Mar de Aral, en el suroeste de Kazajistán. (Reuters)

Barcos en ruinas.
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Barcos en ruinas.

Un barco en ruinas yace en la zona salina de la costa del Mar de Aral. La superficie del mar de Aral se ha reducido en un 60% y su volumen en casi un 80%. La situación actual es de pura desolación. (Reuters)

Restos del pasado.
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Restos del pasado.

Una concha es lo poco que queda de los restos de vida marina en el Mar de Aral, cerca de la ciudad de Akespe, al suroeste de Kazajistán. (Reuters)

Gasolineras (y camellos) abandonados.
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Gasolineras (y camellos) abandonados.

Varios camellos caminan junto a una gasolinera abandonada en la ciudad de Zhalanash. En los años 60, el Mar de Aral era el cuarto mayor lago del mundo, con 68.000 kilómetros cuadrados de extensión. Menos de 40 años después, su superficia había descendido a poco más de 28.000 kilómetros cuadrados, el octavo lago del mundo. (Reuters)

Vuelta a la vida.
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Vuelta a la vida.

Un proyecto para repoblar con peces algunas de las zonas del Norte del Mar de Aral está dando fruto. Algunos pescadores han podido volver a vivir de la pesca, y se han establecido algunas granjas. En la imagen, una cocina improvisada en una de estas granjas en la ciudad pesquera deBogen, en la zona norte del Mar de Aral. (Reuters)

Pescadores.
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Pescadores.

Sagnai Zhurimbetov, de 84 años, con su nieto de 10 meses. Fue pescador en el Mar de Aral durante 56 años. Hoy algunos habitantes de la zona norte pueden volver a dedicarse a la pesca después de repoblaciones muy controladas. (Reuters)

Barcos abandonados.
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Barcos abandonados.

Un barco abandonado se encuentra cerca de la costa, al lado de Akespe, una de las poblaciones que en su día se encontraban en pleno litoral marítimo. Hoy, en Akespe sólo viven unas 250 personas cuando en su momento llegó a dar trabajo a muchos pescadores. (Reuters)

Los pescadores vuelven a trabajar.
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Los pescadores vuelven a trabajar.

Un grupo de pescadores, a las afueras de Karateren, al suroeste de Kazajistán. La vuelta de la pesca al mar ha posibilitado que aparezcan nuevos negocios, como aquellos dedicados a la venta de barcas. (Reuters)
Barcos diminutos.
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Barcos diminutos.

Poco tienen que ver las embarcaciones que usan hoy los pescadores del mar de Aral en comparación con los barcos abandonados que todavía hoy se pueden observar en los alrededores del mar. (Reuters)
Aguas poco profundas.
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Aguas poco profundas.

Tal y como dice un lugareño, "el mar de Aral no es un mar de verdad. El antiguo tenía olas de hasta siete metros de altura.. (Reuters)
La industria del pescado renace.
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La industria del pescado renace.

Un trabajador local trabaja en una fabrica de pescado en la localidad de Bogen. El pueblo acoge en la actualidad a unas mil personas y en su día se encontraba en primera línea de mar.
Las tradiciones resisten.
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Las tradiciones resisten.

Una mujer prepara 'shubat', la bebida típica de la región hecha con leche de camello. Las poblaciones costeras comenzaron a notar los efectos de la sequía y la ausencia de agua a partir de 1960. (Reuters)
 El algodón sí engañaba.
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El algodón sí engañaba.

La Unión Soviética pretendía aumentar la producción de algodón irrigando las áreas bañadas por los ríos Sir Daria y Amu Darya. Al trasvasar sus aguas, el mar se comenzó a secar hasta su práctica desaparición. (Reuters)
 Alto índice de contaminación.
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Alto índice de contaminación.

El vertido de residuos de fertilizantes a lo largo del siglo XX así como otras actividades (pruebas armamentísticas o proyectos industriales) han contribuido a hacer del mar de Aral un lugar inhóspito. (Reuters)

Llegó a ser el cuarto lago más grande del mundo, con más de 68.000 kilómetros cuadrados de superficie, aunque hoy ha quedado reducido prácticamente a nada y ocupa una extensión de menos del 10% de lo que llegó a ser en su momento.

Es uno de los mayores desastres medioambientales provocados por el ser humano, que ha cambiado el paisaje por completo en tan solo un cuarto de siglo. Pero no todo está perdido. La zona norte del lago ha recuperado la pesca comercial gracias a una presa que ha separado las aguas del norte de las del sur, donde el proceso de desecación se ha acelerado.

La costa, que en su día llegó a adentrarse hasta 100 kilómetros, ahora sólo se encuentra a unos 20 o 25 kilómetros de Aral. Aunque parece imposible recuperar el esplendor de antaño, la recuperación de esta parte del mar recuerda que no todo está perdido en la lucha contra el medio ambiente.

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