ALZHÉIMER, LA QUE MÁS CRECE

Obituario de España: de qué morimos hoy y de qué moríamos hace 40 años

El lugar donde vives o cuándo hayas nacido puede influir a la hora de tu muerte. El alzhéimer, los ictus, la diabetes y los trastornos mentales sobrevuelan el mapa sanitario español

Foto: Hospital San Cecilio de Granada (EFE)
Hospital San Cecilio de Granada (EFE)

Si estás leyendo esto desde cualquier zona de España que no sea Madrid, Toledo, Almería, Gerona o las islas, tienes muchas más probabilidades de morir de un ictus o un derrame. Si, además, vives en provincias como Zamora, Ourense o Teruel, debes tener el doble de cuidado: cien de cada 100.000 personas murieron a causa de esta patología cerebrovascular, tres veces más que en las primeras regiones.

Las enfermedades cardíacas también suponen una amenaza para tu salud si vives en Lugo, Huesca o La Coruña, donde hace dos años murieron entre 80 y 110 habitantes por cada 100.000 a causa de dolencias relacionadas con el funcionamiento del corazón y del sistema circulatorio. Si vives en Orense, es más probable que mueras de neumonía que en cualquier otro punto de la península, y si vives en una provincia de la España vacía es probable que tu autopsia revele… una caída accidental.

El lugar donde vivas o cuándo hayas nacido influye, en parte, en el tipo de muerte con el que se presentará la Parca en tus últimas horas de vida. Por eso, este periódico ha analizado las causas de defunción de los españoles desde 1980 y su distribución por todo el país a partir de la ‘Estadística de defunciones’ del Instituto Nacional de Estadística. En el siguiente mapa puedes consultar cerca de 80 enfermedades, patologías y circunstancias vitales y ver cómo ha cambiado la muerte en España -y en tu provincia- en las últimas cuatro décadas para saber a qué atenerte.

Alzhéimer, la causa mortal que más crece

Cada generación ha tenido tradicionalmente una enfermedad de la que preocuparse. Mientras que en los años ochenta el SIDA atemorizó a los españoles, especialmente a los más jóvenes, en la década de los 2000 fueron las ‘vacas locas’ las que coparon las portadas de los principales periódicos durante meses con una enfermedad de la que se sabía muy poco y se hablaba mucho. A punto de cerrar otra década, los trastornos mentales, el alzhéimer, la diabetes o las complicaciones en el sistema respiratorio son las que tienen más protagonismo, reflejo de una sociedad cada vez más estresada, envejecida y con peores hábitos de vida.

En 1980 se diagnosticaron en España únicamente 23 muertes por alzhéimer, frente a las 15.202 de 2017, último año del que se tienen datos. Tiene sentido si se tiene en cuenta que sólo unos años antes los científicos habían empezado a diferenciarlo como una patología distinta a la de demencia senil que, de hecho, empezó a descender a partir de ese momento. “Ahora se considera una causa de muerte porque tiene muchas complicaciones secundarias”, explica Ezequiel Hidalgo, médico rehabilitador especializado en enfermedades neurológicas del hospital Ramón y Cajal. Pero el cambio en el diagnóstico no es la única razón: “Cada vez vivimos más, por lo que más personas lo acaban padeciendo, porque es degenerativa y seguimos sin encontrarle una cura”, añade.

Algunas de las provincias donde más personas mueren por alzhéimer son, precisamente las más envejecidas, como Teruel o Soria. Lo mismo ocurre con las muertes por “caída accidental” que pueden tener una consecuencia fatal para las personas mayores, y que es más habitual en regiones como Huesca, todo Galicia, Albacete, Cuenca o, de nuevo, Teruel.

Otra de las causas de mortalidad que más ha aumentado en los últimos años son las relacionadas con los trastornos mentales orgánicos que engloban, por ejemplo, el trastorno bipolar, de personalidad, la alucinosis o la esquizofrenia. Según la psicóloga de emergencias Angélica Rodríguez, la principal razón es que antes se diagnosticaban menos, pero también influye el cambio en los hábitos de vida: “Es como si el desarrollo del cerebro fuese más lento que el desarrollo ambiental: no tenemos capacidad para adaptarnos a las nuevas formas de comunicación, a las demandas del día día, y eso genera un estrés que, en función de nuestra personalidad, puede desarrollar ciertas patologías mentales”.

Si en los ochenta murieron casi 400 personas por estos trastornos, en los 90 fueron más de 4.800, una cifra que alcanzó las 10.000 víctimas en los 2000 y que se duplicó en 2017, hasta alcanzar los 21.000 fallecidos. En otras palabras: en casi cuarenta años, el ratio de muertes ha pasado de una a 45 por cada 100.000 habitantes. Según Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, en los datos también hay que tener en cuenta que la población con este tipo de trastornos se cuida menos y acude en menor medida al médico.

Cuando los pacientes son diagnosticados les cuesta seguir más los tratamientos

Así, mientras muchas causas de mortalidad bajan para toda la población, ésta se mantiene impasible en su morbilidad: “Cuando son diagnosticados les cuesta más seguir los tratamientos y recomendaciones médicas, y no tienden a cuidarse mucho físicamente. En torno al 60% de personas con este trastorno son fumadoras, por ejemplo, y su expectativa de vida es un 20% inferior al resto”. Aunque la clasificación del INE de esta causa de muerte sea “trastorno mental orgánico, senil y presenil” los expertos explican que suelen producirse por suicidios, paros cardiacos o respiratorios tras episodios derivados de su trastorno.

Donde más presencia tiene este tipo de defunciones es, curiosamente, en el norte de España. Para Bobes esto tiene una clara explicación: “La edad media de la población con trastornos mentales ha subido bastante y la zona norte es tradicionalmente envejecida. A esto se suma que ni los mayores ni los que tienen estas enfermedades suelen migrar a otras provincias, por lo que se concentran más ahí”.

También los suicidios se dan más en esta zona (Asturias y Galicia), debido sobre todo, al clima: “La falta de luz provoca que se produzca menos serotonina, por eso en esas zonas hay mayores tasas de suicidios, igual que ocurre en los países nórdicos, aunque también influyen otros factores”, explica Rodríguez, la psicóloga. “En Cádiz, por ejemplo también subió esta causa debido a la crisis, aunque lo preocupante es cómo aumenta, y no la zona”.

La edad media de la población con trastornos mentales ha incrementado, por eso se concentran en el norte de España
La edad media de la población con trastornos mentales ha incrementado, por eso se concentran en el norte de España

Ictus y derrames, las primeras desde los 80

Pero de todas las razones por las que morimos, hay una que no ha cambiado: las enfermedades cerebrovasculares, también conocidas como ictus isquémicos y hemorrágicos. Según Ricardo Gómez, presidente de Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), aquí influye, de nuevo, la edad de la población española, pero también “el control deficitario que hay en nuestro país de la presión arterial, del consumo de sal y de los productos procesados”.

Tal y como muestra el registro elaborado por el INE, las muertes por este tipo de afecciones no bajaron del centenar en un ratio de 100.000 habitantes hasta 1995. Tras los avances médicos y la prevención diagnóstica aplicada en los hospitales españoles, la cifra ha podido reducirse más de la mitad (el mínimo se logró en 2017, con un ratio de 32 muertes) pero, según el doctor, los números tienen toda probabilidad de volver a dispararse en el futuro próximo.

“Además, hay factores de riesgo como la edad o la genética que no se pueden controlar, y es una enfermedad silenciosa, que no duele, por lo que es más difícil de detectar”, añade Hidalgo, quien afirma que la tendencia al alza está lejos de paliarse: “Dadas las estimaciones demográficas, en el año 2050 seremos una de las poblaciones más envejecidas del mundo, por lo que es previsible un incremento”.

Curiosamente, en zonas como Madrid, Toledo, Barcelona, Gerona y las islas, las muertes en esta categoría están por debajo que el resto de España. Según Hidalgo influyen múltiples razones, como “los diferentes hábitos de vida, el clima, la atención que se presta a estos pacientes y los recursos con los que se cuenta”. La atención inmediata es clave para evitar un desenlace fatal tras un ictus y, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, existen diez unidades especializadas en ictus y catorce en Cataluña.

Vacunas y prevención: las muertes que bajan

Algunas afecciones ya han pasado a mejor vida en España gracias a el avance en el sector sanitario. La enfermedad meningocócica ha batido récord cayendo más de un 90% en estas últimas cuatro décadas, gracias a las vacunas que se administran durante el primer año de vida. "Es un elemento más para poner en cuestión todo este movimiento antivacunas", asegura Gómez de SEMI. Lo mismo ha pasado con las malformaciones congénitas y tuberculosis, minimizadas en más de un 80%.

Además, la mejora del diagnóstico y una mayor calidad de la sanidad pública han mermado algunos tipos de defunciones que tiempo atrás eran inevitables si no se controlaban a tiempo. Las complicaciones durante los embarazos, los partos y el puerperio llegaron a cobrarse la vida de 63 mujeres en 1980 y, casi cuarenta años después, tan solo de 13, una cifra prácticamente residual que ni siquiera llega a sumar una mujer por cada 100.000 habitantes.

Cada vez se hacen procedimientos más invasivos y hay mayor riesgo de infección

Las muertes por “paro cardiaco, sin asistencia y otras causas desconocidas” han seguido el mismo ritmo. Si en 1983 se cobraron la vida de 22 de cada 100.000 habitantes, en 2017 la cifra no pasó de los ocho fallecidos. No obstante, cabe destacar que en provincias como Cáceres, Badajoz y Jaén este tipo de muertes superaron las 20 víctimas por cada 100.000 habitantes en 2019.

Curiosamente, las mejoras médicas también tienen efectos secundarios. Es el caso de la septicemia -la muerte provocada por la respuesta a una infección bacteriana-, que ha aumentado en un 340% desde la década de los 80: “Tiene que ver con la progresiva complejidad de las intervenciones que hacemos en los hospitales y los pacientes inmunodepresivos y envejecidos. Cada vez se hacen más procedimientos invasivos y hay más riesgo de infección”.

Las nuevas epidemias del siglo XXI

A lo largo de estos 40 años, las categorías de mortalidad se han usado como “cajón de sastre”, categorizándose en ocasiones un fallecimiento por la causa más genérica en lugar de especificar el motivo concreto, por lo que el descenso de algunas enfermedades se debe más a la mejora en los diagnósticos o aparición de nuevos términos que a un descenso real de las patologías. “Al final, depende de lo que ponga el médico en el certificado de defunción y esto es en parte subjetivo. Cuando no se sabe exactamente qué ha sido, se usa el término más genérico”, explica Gómez.

Esto es lo que suele ocurrir con la diabetes, que ha crecido un 13% en estas cuatro décadas. No quiere decir que se preste una menor atención sanitaria a los pacientes o que el acceso a la medicación sea difícil sino que, esta enfermedad es “la gran oculta” de nuestro siglo. Todo se debe a un error en la codificación: “Si cambiásemos la codificación que utilizando, el manual 9, por el que se usa en casi todos los países europeos, el 10, el diagnóstico de muertes por diabetes crecería en un 30%”, explica el endocrino Alfonso López.

Tenemos unas tasas de tabaquismo inaceptablemente altas y una contaminación bestial

“Ella ordena los asesinatos, pero nunca le echan la culpa. La diabetes es la primera causa de ceguera en la población adulta entre 18 y 75 años, también de amputaciones y de las diálisis. Sin embargo, cuando termina en una parada, se tiende a definir como tal”, explica el doctor. Por esta razón las diferencias son tan llamativas en el mapa, donde Zamora parece estar gravemente afectada por esta enfermedad registrando un total de 46 muertes por cada 10.000 habitantes en 2017. Desde la Asociación de Diabéticos de Zamora, dan el mismo motivo. "Los servicios endocrinos son muy buenos pero, como ocurre en países como Estaodos Unidos, la diabetes no figura en muchos certificados de defunción".

Pero si la diabetes puede parecer una amenaza, los tumores desarrollados en los bronquios y el pulmón ponen en serio peligro a la población. Actualmente se encuentra en el cuarto puesto, con casi 50 muertes por cada 100.000 habitantes. “Aunque la mortalidad haya podido aumentar porque otros tipos de cánceres hayan caído, el cáncer de pulmón ha aumentado mucho porque tenemos unas tasas de tabaquismo inaceptablemente altas junto con la contaminación ambiental, que también es bestial”, explica Hidalgo, el doctor del Ramón y Cajal.

El cáncer de pulmón sigue teniendo una tasa de supervivencia muy baja, normalmente en torno al 10%. Uno de los motivos es que estos tipos de tumores crecen silenciosos y solo manifiestan síntomas cuando su estadio ya está muy avanzado, por lo que la única forma de detectarlos a tiempo es a través de un TAC. “Debería hacerse una prueba anual a cada paciente en riesgo -ex fumadores y pacientes con enfermedades respiratorias- pero eso saturaría los aparatos”, afirma el neumólogo Germán Peces-Barba. “Con la ley de tabaco se empezó muy bien, pero la supervisión se fue relajando demasiado rápido y eso, estamos seguros, es motivo del aumento”.

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