su vida está muy ligada a la religión

‘Bubba’ Watson, el cristiano “de pueblo” que ya suma dos chaquetas verdes

El campeón del Masters de Augusta dijo que era "de locos" que un chico de un lugar humilde hubiese conseguido ganar el 'Major' en dos ocasiones

Foto: 'Bubba' Watson señala con los dedos sus dos Masters de Augusta (AP).
'Bubba' Watson señala con los dedos sus dos Masters de Augusta (AP).

“Que un tipo de pueblo tenga dos chaquetas verdes es algo increíble”. Bubba Watson recordó sus orígenes, ocultos en algún punto de cualquier mapa de Florida y difíciles de encontrar para el husmeador de atlas, minutos después de triunfar otra vez en el mundo del golf. “Nací en Pensacola, me crié en Bagdad y ahora he ganado dos Masters de Augusta, es de locos”. Ambas localidades son de la antigua provincia española, situadas en el norte de la misma aunque con largos kilómetros de costa en ambas. Allí, bajo el manto del amor hacia Dios y su aprendizaje autodidacta, se forjó el que se volvió a vestir de esperanza, como ya hiciera en 2012.

Que Watson creciera en Bagdad no quiere decir que se criara en el ambiente bélico constante del país del Golfo Pérsico, que sufre desde hace dos décadas las diferentes tropelías de los ejércitos gobernantes y de los países ‘pacificadores’. Nada más lejos de la realidad. Bagdad es un diminuto pueblo del condado de Santa Rosa, cuya capital es Milton. El número de habitantes de esa localidad de Florida no llega al millar y medio. Poco más de 400 familias. Es el típico lugar en el que el panadero saluda por su nombre a todo aquel que por las mañanas va a su tienda a buscar el pan recién hecho; donde el Sheriff visita puerta por puerta a los vecinos para preguntar por el gato perdido de una niña. En ese ambiente rural y familiar todos sabían que Gerry Lester Watson Junior era un trozo de pan. “No maldecía, no estafaba, no robaba, no mentía, no bebía, ni consumía drogas. Siempre hacía lo correcto, aunque no supiera lo que eso significase”, reconoce Bubba.

Una vez, casi sin querer, su padre le forjó su magnífica carrera de golfista. Le regaló un hierro 9 adaptado para un niño de seis años y Watson tenía que golpear bolas de ‘wiffleball’ esparcidas por la casa. El ‘wiffleball’ es una variante del béisbol pero con la diferencia fundamental de que en este caso las pelotas reglamentarias son de plástico y no de piel, por lo que se puede practicar en invierno sin problemas. Badgad, al estar al norte de Florida, tiene temperaturas mucho más bajas de las que puede haber en Miami, ciudad de playa 365 días al año. Desde ese día han pasado 29 años, y Bubba no ha recibido ninguna otra clase de golf para llegar a convertirse en uno de los mejores del planeta. El ganador en Augusta se aficionó al golf hasta tal punto de abandonar la práctica del béisbol, dejando atrás de esta manera una potencial gran carrera como ‘pitcher’, ya que su lanzamiento con la zurda era sobresaliente.

Optó por el golf y la verdad es que no le fue mal. Nada mal. Su progresión, sin embargo, fue progresiva. Pasó primero por la Universidad de Georgia gracias a una beca deportiva que le otorgaron. El joven pueblerino salió de su escueto hogar de Bagdad y se marchó a una capital a conocer el mundo exterior, el ajeno a su tranquilidad de Florida, extraña al bullicio generalizado de una gran ciudad norteamericana. Allí contribuyó a que su equipo universitario, los ‘Bulldogs’, ganaran el título de la Conferencia Sureste, aunque no pudieron revalidar el trofeo de la NCAA del golf que ostentaban de la temporada 1999-00. Fue ya en 2003 cuando Watson, ya con 25 años, diera el salto al circuito internacional y empezara a acaudalarse, sobre todo cuando ya en el Tour de la PGA, en 2006, consiguiera más de un millón de dólares en premios. Pero no fue hasta el 2010, es decir, dos años antes de ganar el Masters de Augusta por primera vez, cuando consiguió su primer título, el ‘Travelers Championship’.

Pero su vida no habría sido la misma, en absoluto, sin el apoyo que para él ha supuesto su absoluta entrega a la religión cristiana. Bubba Watson comentó en cierto momento que tenía una lista de cinco elementos principales en su vida y los ordenó según la importancia que él mismo les otorgaba a cada uno: Dios, esposa, familia, ayudar a los demás y golf. “Hay gente que quiere menospreciar el cristianismo. Yo intento decirles que Jesús les ama. Para mí es simplemente mostrar la luz”, afirma el de Pensacola. Watson siguió las directrices de la Biblia cuando apoyó públicamente a un presentador de la ESPN, Chris Broussard, que dijo que “ser gay es una rebelión abierta a Dios”. Watson afirmó que “las Sagradas Escrituras dicen que uno no debe ser gay, por lo tanto es pecado, así que cualquiera que viva en pecado lo hace mal”.

Ésa, más o menos afortunada, es una de las demostraciones religiosas de Bubba Watson, que empezó a conocer a Dios algo entrado en años. “Las chicas me invitaban a acompañarlas a la iglesia, y después de ir varias veces me di cuenta de que era eso lo que yo estaba buscando. Había verdad allí. Así que decidí entregarme a Dios” y desde ese instante trató de inculcar su fe también a sus compañeros de profesión con la creación del Estudio Semanal de la Biblia del Tour de la PGA, lo que para el sureño supone “una manera de volver a conectar con la Biblia, con Dios y con Jesús. Es una forma de que la gente haga preguntas, decirles lo que estás pensando, lo que está pasando en tu vida”. Uno de sus cantantes favoritos es el rapero católico Lecrae, que a Watson le parece “el que mejor lo expresa. No quiere ser una celebridad, ni una superestrella. Sólo un hombre corriente a través del cual ver a Dios”.

Su moral católica seguro que estuvo presente en sus pensamientos cuando Adam Scott le colocó este domingo su segunda chaqueta verde bajo la noche de Augusta. Esta vez, Watson se aguantó las lágrimas que no pudo reprimir en 2012, año en el que le cambió la vida y no sólo por ese triunfo en un ‘Major’. “Cuando gané la primera vez la chaqueta verde al poco adoptamos a Caleb –su hijo– y me costó mucho adaptarme a la nueva situación. Tuve que trabajar duro, estudiar calendarios, reducir horas de prácticas, pero aun así mejorar la intensidad y la calidad... Todo ha sido un proceso y creo que ahora estoy muy bien”, dice Bubba, que no necesita ningún reconocimiento personal de sus éxitos. “No juego al golf para que me digan lo bueno que soy, sólo juego porque es mi pasión, por me encanta y porque crecí y me eduqué con el golf”. Pues es bueno, muy bueno, y aspira a seguir estando arriba. Su próximo objetivo, el número uno. Por ahora, ya es cuarto. 

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