Acabó cuarto el master de augusta

A sus 50 años, todavía nadie le 'apaga el puro' a Miguel Ángel Jiménez

El golfista malagueño completó en la jornada del sábado la mejor tarjeta de todo el campeonato, con 66 golpes, seis menos del par del campo

Foto: Jiménez fuma antes de competir en Augusta.
Jiménez fuma antes de competir en Augusta.

Llegaba uno de los golfistas nacionales con posibilidades reales, muy reales, para traerse a España la chaqueta verde. Y es uno de los grandes, de los que llevan con nosotros muchos años, ganando y ganando, que nunca parecen tener fecha de caducidad. Miguel Ángel Jiménez estuvo cerca de ganar el Masters de Augusta después de una fabulosa jornada del sábado, en la que obtuvo la mejor tarjeta de todo el fin de semana en la ciudad estadounidense. En el último día de competición, la disputada este domingo, encadenó tres ‘bogeys’ en los primeros cinco hoyos que le impidieron acercarse al primer puesto. Empezó la jornada en el quinto puesto, a apenas dos golpes de los líderes Jordan Spieth y ‘Bubba’ Watson, pero acabó alejándose a cuatro golpes de Watson, flamante campeón.

Hay casos esporádicos en el deporte de élite en el que un profesional abandona la práctica del ejercicio a una edad tardía. En baloncesto, en fútbol, en tenis; por norma general, esos jugadores se retiran como tarde a los 40 años, más bien antes. Pero el golf es otra cosa. Otro mundo. "Tengo movilidad, estoy ágil, lo que significa que puedo hacer todas las cosas en el campo como lo hago en la vida normal y además las disfruto". Así se define 'er Pisha', que firmó la mejor tarjeta para un jugador de su edad, empatado con Hogan, en 1967, y Fred Couples, en el 2010. Tiene 50 años, participa ya en torneos de veteranos, pero que se une al resto del circuito mundial para seguir gozando (y haciendo gozar) de su golf.

El Estado de Georgia no se caracteriza por la frondosidad de la flora en sus bosques, más bien escasos en un lugar que los europeos pueden llegar a conocer por ser la cuna de la ‘Coca-Cola’. Desde Atlanta salió al mundo ese jarabe dulce, pero el olor a césped recién cortado queda muy lejos, a apenas unos kilómetros de la frontera con el vecino Estado de Carolina del Sur. Ambas zonas de Estados Unidos están separadas por el río Savannah, de cuyas aguas fronterizas nace el suave arroyo Rae que riega los campos densos del Club Nacional de Golf de Augusta.

El camino hacia el ‘green’ se identifica con sencillez cada mes de abril, cuando las medidas de seguridad del Estado de Giorgia impiden al público acercarse al lugar por donde deberá volar, rodar o flotar la bola blanca de estructura de cráteres lunares. Allí, donde la hierba es más suave, lisa, elegante para la visita de los mejores golfistas del planeta, hay una diminuta humareda. Mantiene una cadencia constante, rítmica. Entre el tropel de personas que se agolpan para ver el lanzamiento, se observa que ese inquietante humo surgía de un habano. Un puro. Y el que lo fuma es Miguel Ángel Jiménez, esperando con paciencia de estatua el momento en que tendrá que empezar a competir.

El gesto del malagueño puede resultar pasota, ajeno a la trascendencia que tiene cada golpe en el Master de Augusta. "Es un lugar muy hermoso, y lo mismo el campo de golf, siempre en un estado perfecto de cuidado y donde me siento fenomenal" dice Jiménez. Se siente feliz y relajado cuando juega al golf. Los nervios siempre están presentes, no se pueden borrar del cerebro humano, pero él los esconde con su postura altiva y casi indiferente. La filosofía del golfista español es la de ‘disfrutar del momento’. No hay mejor momento para Jiménez que esos segundos de relajación inicial, en los que se evade del olor a hierba, del sonido metálico de los palos, de las pelotas volando hacia el hoyo. Como haría Winston Churcill, Miguel Ángel espera el inicio de la batalla y ‘lo que tenga que pasar, que pase, pero yo gozo este instante’.

La tensión va por dentro, esa que este fin de semana en Georgia parecía desaparecida de su persona, especialmente el sábado, día que igualó la mejor tarjeta para un jugador de 50 años, con 66 golpes. Una maravillosa tarde con seis golpes bajo el par de Augusta. Y eso sucedió porque estaba disfrutando, porque la ley de Jiménez es primero deleitarse, después jugar, y después ganar, y una cosa es consecuencia de la otra. Sin disfrutar, no se gana. Una vez le preguntaron qué le pediría a un genio que saliese de una hipotética lámpara mágica. Respondió: “cumplir 50 años y tener cuerpo de joven; cumplir 60 años y tener cuerpo de joven; cumplir 80 años y tener cuerpo de joven para poder gozar siempre”.

Fuera de la práctica del golf, la vida de Miguel Ángel Jiménez es más similar a la de un hombre de familia que ha sobrepasado la barrera del medio siglo, el problema es que la libertad que le permite su trabajo es escasa. Sin embargo, cuando tiene un rato, se escapa a Nueva York, a Manhattan, para visitar el restaurante del que es accionista junto a Dani García y otros colegas suyos. Y entre sorbo y sorbo, y calada y calada, tiene tiempo para enseñar a los niños de Torremolinos, y todo aquél que se quiera apuntar a su escuela de golf. Y bueno, por supuesto, sus relaciones y su simpatía le permiten llevarse al Open de Andalucía a sus compañeros del circuito.  Pero, por ahora, 'er Pisha' no tiene prisa por dedicarse a esos menesteres de manera inmediata. Y el mundo del golf se lo agradecerá.

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