SE ESTRENA 'EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING'

Un empacho de relámpagos y muñecas endemoniadas

'Expediente Warren: The Conjuring', la última cinta de terror de James Wan ('Saw'), parte de un clásico: una familia, una casa y mucha actividad paranormal

Foto: Una escena de 'Expediente Warren: The Conjuring'. (WARNER BROS.)
Una escena de 'Expediente Warren: The Conjuring'. (WARNER BROS.)

En los años 60 dos chicas jóvenes explican a cámara su experiencia paranormal. En el piso que comparten una antigua muñeca se mueve de lugar, desaparece y reaparece por las habitaciones y hasta vuelca y rompe el mobiliario. Si la tiran a la basura regresa enigmáticamente a la vivienda y si no le prestan atención la reclama aporreando puertas y paredes. Es una niña, creen, que murió en la casa y ahora se ha encarnado en el juguete, pero los Warren, un matrimonio de expertos en espíritus, demonología y fantasmas, no las tienen todas consigo. Lo que realmente habita en la muñeca es una entidad demoníaca que las ha engañado, haciéndose pasar por el espíritu de una niña fantasma. Es un objeto peligroso que debe ser puesto en cuarentena inmediatamente.

Esta es la historia que prologa a Expediente Warren: The Conjuring, la película de James Wan que se estrena este viernes en España, y que cumple la función de meterle al espectador el mood en el cuerpo sin dejarle poco menos que sentarse en la butaca. Solo después de esta traca inicial –inexpresivos ojos de muñeca, violines chillando, carreras por los pasillos– arranca la historia propiamente dicha que, resumiendo, quedaría de la siguiente manera.

Una familia feliz y numerosa –con su clásica su hija pequeña que habla con presencias paranormales, su clásica hija mediana inquietante y sonámbula y su clásica hija mayor en la edad del pavo– se muda sin saber muy bien por qué a una antigua y remota mansión estilo segundo imperio –con su bosquecillo truculento, sus relojes que se paran todos a la misma hora y su perro que desconfía enigmáticamente del inmueble– y allí descubre un sótano secreto –con sus telarañas, su bajada consecuente a la luz de una cerilla y su cerilla apagándose por el camino– que se revela pronto como una fuente de gran intríngulis paranormal. Por supuesto Ed –Patrick Wilson– y Lorraine Warren –Vera Farmiga– serán los encargados de poner fin, o de intentarlo, a los estremecedores sucesos que se desatarán en la casa.

Si nos propusiéramos rodar una spoof movie de terror pero totalmente en serio nos saldría algo parecido a The Conjuring. No es que la cinta recurra puntualmente a todos los clichés mascados por el género desde su creación hace ya ni se sabe: es que recurre incluso a aquellos tan machacones que llevan décadas siendo objeto de parodia. La muñeca truculenta, el sótano secreto, los fantasmas en camisón, los pájaros –¡los pájaros!–, los relojes que se paran todos a una hora, la niebla... Con la salvedad del aporreo de un órgano –eso ya lo hacen los violines–, de los relámpagos recortándose contra una ventana y del protagonista cruzando un pasillo con un candelabro en la mano, el espectador podrá reconocer en la concatenación –porque hablamos de una concatenación– casi cualquier cosa que se haya demostrado efectiva en la provocación del susto en pantalla, desde los referentes cinematográficos –de los pájaros de Hitchcock a las sombras del Nosferatu pasando por hypes recientes como las niñas en camisón, de escuela japonesa, o el fantasma cadavérico que universalizó  M. Night Shyamalan– hasta los clásicos folclóricos del terror: la muñeca endemoniada, el poltergeist, el lanzamiento por los aires, la figura que aparece en el espejo cuando lo volvemos a mirar...

No es que los clásicos tengan nada de malo, claro, o que lo tenga acaso decidir no arriesgar y hacer una película de verano recurriendo a las tácticas narrativas efectivas. Lo malo, en particular en el cine, son los atracones. Y es el problema que tiene The Conjuring, una película que es al terror lo que El diario de Noa al romántico, es que empacha al espectador de sustos y no lo consigue emocionar, sumergiéndole en una tensión puramente física, sensorial, y sometiéndole a un régimen constante de respingos en su butaca sin sostener –sin siquiera intentarlo– un enigma que magnetice el interés del que mira. Aburre, en otras palabras, y como remedio al aburrimiento lo que hace es gritarnos "¡uh!" constantemente. Algo así como hacer un pollo al horno y en lugar de hacerlo bien, proponernos cocinarlo reseco e insípido y aderezarlo después con salpimienta a puñados.

The Conjuring  es la sexta película del malasio James Wan, celebrado demiurgo de la saga Saw y director de la exitosa Insidious, una cinta de 1,5 millones de dólares que recaudó casi 100 el año pasado y le coronó como uno de los jóvenes maestros del terror de Hollywood. Con toda probabilidad The Conjuring repetirá el éxito comercial de sus predecesoras –su eclosión en saga es ya otra cosa, habida cuenta de que los hechos de la película se venden inspirados en sucesos reales– pero, como las anteriores –y quizá con la excepción de Saw–, sedimentará en el género sin pena ni gloria ya que renuncia desde el primer minuto a innovar, siquiera a evitar repetirse, poco más que en la forma en la que se dan un par de sustos –uno de ellos con una sábana, seguramente el más brillante de toda la película–.

Expediente Warren: The Conjuring

Director: James Wan

Género: Terror

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 118 minutos

Reparto: Patrick Wilson, Vera Farmiga, Ron Livingstone, Lili Taylor.
Cine
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