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La autobiografía de la pionera trans Jan Morris y las dudas que suscitó: "No está escrita por una mujer"
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La autobiografía de la pionera trans Jan Morris y las dudas que suscitó: "No está escrita por una mujer"

Se reedita este clásico testimonio de esta periodista que cambió de sexo en los años setenta y que levantó polvareda entre las feministas. A día de hoy algunas expresiones suenan muy anacrónicas

Foto: La escritora y pionera trans Jan Morris (CEDIDA POR LA EDITORIAL)
La escritora y pionera trans Jan Morris (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

El día que la primera expedición del mundo consiguió hacer cima en el Everest y bajar la reina Isabel II fue coronada. La primicia la dio Jan Morris -que había ido con ellos- en ‘The Times’ y se convirtió en una noticia mundial a la altura del evento regio. La impresión de la periodista fue tal que la propia Morris escribió años después en su autobiografía ‘Enigma’: “Me emocioné como si me hubieran coronado a mí”. Fue uno de los días más felices de su vida.

Y, sin embargo, no estaban siendo años fáciles. Al menos en la vida personal de la exitosa reportera. Porque por aquel entonces, en 1953, todavía era reportero. Todavía no se sentía dentro del cuerpo que ansiaba tener desde que, según relató ella misma, era todavía un niño.

placeholder 'Enigma', de Jan Morris, en la reedición de Gallo Nero
'Enigma', de Jan Morris, en la reedición de Gallo Nero

La británica Jan Morris (1926-2020) fue una de las primeras mujeres trans, ya que comenzó su cambio de sexo -su transición- en 1964 y lo finalizó con una operación quirúrgica en 1972 en Casablanca (Marruecos). Y todo salió bien. Su autobiografía, que publicó originalmente en 1974 y que estos días reedita en español la editorial Gallo Nero, da buena cuenta de ello, desde su infancia hasta los 48 años de edad en los que afirmaba sentirse feliz y en ningún caso arrepentida de haber tomado aquella decisión.

Niña desde la infancia

Hoy, cuando tenemos sobre la mesa la llamada Ley Trans que vela por los derechos de los transexuales y que ha dado lugar a un enconado debate por algunos puntos polémicos -sobre todo el de la autodeterminación de género- , es interesante acercarse a la figura de Morris y a lo que escribió. Hay que estar un poco alerta. Ella misma lo avisa en el prólogo que escribió en una edición de 2001: “Los años han hecho que algunos pasajes del libro resulten curiosamente anacrónicos”. No obstante, también recalca que “en el fondo no han alterado ni un ápice los cimientos”. Para aquellos primeros años de los 2000 señalaba que, si bien su libro había causado revuelo en los setenta y todavía se veía como “un gancho morboso para la prensa amarilla”, para este inicio del milenio “ha pasado a ser algo casi normal”. “Las personas que ahora llamamos transexuales son, en casi todos los aspectos cotidianos, muy parecidas a las demás”.

Morris, nacido como James Humphrey, no sabía por qué, pero ya se sentía una niña con apenas "tres años, tal vez cuatro"

Esta autobiografía da algunas claves acerca del pensamiento de Morris sobre la transexualidad. Para empezar, para ella es algo que, de alguna manera, ya está inherente en la infancia. Y no porque la trataran como a una niña, la vistieran de niña o le gustaran los juguetes considerados para niñas. Morris, nacido como James Humphrey, no sabía por qué, pero ya se sentía una niña con apenas “tres años, tal vez cuatro”. Esto, que ella difiere de la homosexualidad desde el principio, es el enigma que se destila durante todo el libro (¿por qué alguien es transexual?) y nunca llega a ser resuelto.

Por supuesto, nunca lo reveló en la niñez, ni en la adolescencia, ni en la juventud y ni siquiera cuando ya era verdaderamente adulto. Y nunca mostró un carácter ni unas formas afeminadas. Sentía una cierta espiritualidad y misticismo cuando observaba la catedral de Oxford -ciudad en la que estudió-, pero si algo transmite la época en la que todavía era James Morris es que era un tipo bastante masculino.

Un tipo masculino

Desde muy joven le gustó el mundo militar. La fuerza. “Los tanques, que llegué a conocer al dedillo, me han fascinado toda la vida”, escribió. También apostilló: “Disfruto con su brutal ofensiva”. Se hizo soldado y después de la II Guerra Mundial participó en distintas campañas del ejército británico por todo el planeta, desde Palestina a Egipto o Italia. Había una atracción por este mundo tan de hombres -y había algo físico en ello- que tenía algo que ver con sentirse una intrusa, una impostora. Le resultaba más fascinante ser la única rodeada de hombres que si hubiera habido alguna otra mujer en aquel batallón.

placeholder Jan Morris junto al Duque de Edimburgo en 2013 en el aniversario del ascenso al Everest (Getty)
Jan Morris junto al Duque de Edimburgo en 2013 en el aniversario del ascenso al Everest (Getty)

Tras la época militar llegó la periodística. Ya en los cincuenta y sesenta Morris trabajó para ‘The Times’, ‘The Manchester Guardian’ y la ‘Agencia de Noticias Árabe de El Cairo’. Aparte de la subida al Everest, cubrió noticias como el conflicto del canal de Suez o el juicio a Adolf Eichmann. Conoció al Che Guevara, “a espeluznantes líderes negros en América del Sur, clérigos frustrados en Rodesia, personas que me pedían que sacara cartas de contrabando de Leningrado”. Era un corresponsal de éxito, bien considerado. Es muy curioso cómo narra su paso por los diferentes medios y la opinión que tiene de ellos.

De ‘The Manchester Guardian’, ya entonces un periódico progresista y humanista, recalca que, aunque siempre le trataron bien, nunca le gustó. Es llamativo cómo lo argumenta: “Era como trabajar para una mujer en vez de para un hombre”. Una frase misógina que chirría, si bien después no tanto porque hay un buen cúmulo de ellas a lo largo de todo el libro. “Los elementos que yo ansiaba eran el fuego, el brío, la risa: las especialidades del ‘Guardian’ eran la imparcialidad, la modestia y el análisis racional”, añade. Parece claro lo que él observaba en el carácter masculino y en el femenino.

'The Guardian' nunca le gustó: "Era como trabajar para una mujer en vez de para un hombre"

Por el contrario, ‘The Times’ era la virilidad. “Allí trabajaban poquísimas mujeres, y ninguna en el departamento de noticias extranjeras, así que sentí, igual que había sentido en el 9º de Lanceros, la fascinación de ser una intrusa con permiso”, describe. El propio Times se definía como “Un periódico para caballeros, escrito por caballeros”. Morris estaba en su salsa soldadesca. Ahora bien, también expresó su límite cuando despidieron a un compañero por, sencillamente, hacerse mayor: “Contribuyó a mi desafecto hacia esas soledades tan cerradas de tradicionalismo masculino”, escribió quien también solía acudir a clubs cerrados para hombres antes de hacer el cambio de sexo.

Leer a Morris hoy (y ayer)

La lectura de sus experiencias vividas como hombre y su descripción del cambio de sexo y su posterior vida como mujer reflejan bien su estilo, su forma de ver las cosas y, finalmente, como lectora, una ambigüedad que no desaparece nunca del texto. Dicho de forma clara: a menudo se hace difícil ver ahí a una escritora, a una mujer. Tampoco a un hombre. Simplemente, es difícil de definir (si hubiera que definirlo).

Aparte de la profusión de adjetivos -¿cursis?- hay algunas descripciones llamativas. Cuando empieza a hormonarse afirma que “disfrutaba del sol de un modo más directo y físico, y por primera vez en la vida entendí el sentido de tumbarse en la playa sin hacer nada”. O: “Siempre me habían gustado los animales, pero entonces me sentía más próxima a ellos, y algunas veces acababa hablando sin darme cuenta con las flores del jardín, deseándoles unas felices pascuas o dándoles las gracias por el despliegue de colores”. En el tratamiento con las mujeres: “Me hacían señas para que me sentara con ellas, sin ningún motivo especial, sino simplemente para compartir mi presencia”. Sin dudar de que fuera verdad, parece una exageración de lo que ¿un hombre? considera la esencialidad femenina.

Cuando empieza a hormonarse afirma: "Disfrutaba del sol de un modo más directo y entendí el sentido de tumbarse en la playa sin hacer nada"

Ya después de la operación total el tono es todavía más hiperbólico sobre todo en su relación con respecto a los hombres. “Descubrí que los hombres siguen prefiriendo que las mujeres estén menos informadas, menos capacitadas que ellos, que sean menos habladoras y, sin duda, mucho menos egocéntricas que ellos”. No está mal la percepción, pero añade: “Por tanto, me acostumbré a complacerlos”. Pocos párrafos después escribe: “el sutil sometimiento de la mujer estaba calando en mí, y yo me iba adaptando a él igual que el resto de mujeres se han adaptado a lo largo de generaciones”. Es pasmoso cómo relata la primera vez que un hombre le besó siendo ya una mujer. Fue un taxista que la llevó a un destino y después se bajó junto a ella. “Buena chica, me dijo mientras me daba una palmada en el culo, y volvió a meterse en el taxi. Lo único que hice yo fue ruborizarme”.

Es un libro que fue publicado en 1974 y no en 2022. Es un dato importante para entender qué este tipo de frases llamen la atención. Quizá hoy Morris no lo escribiría así. Pero lo cierto es que también fueron sorprendentes para feministas de aquella época tan conocidas como la escritora Rebecca West o la activista Germaine Greer.

"Ella no suena como una mujer, sino como la idea que tiene un hombre de una mujer, y curiosamente, la idea de un hombre no tan inteligente como solía ser James Morris… No puedo aceptar ‘Enigma’ como la historia de un verdadero cambio de sexo”, escribió West de forma taxativa. La escritora, que había sido una defensora del Frente Popular durante la Guerra Civil española, había escrito ya libros como ‘Cordero blanco, halcón gris (1941), un estudio sobre Yugoslavia y una crítica del nazismo.

placeholder La escritora Rebecca West (C.C)
La escritora Rebecca West (C.C)

Greer, autora de libros como ‘La mujer eunuco’, todavía fue más bruta -hoy se la tacha de TERF- al manifestar que “Jan Morris es un hombre que ha comido muchas pastillas, hormonas artificiales y la esencia cristalizada de la orina de yeguas preñadas, un hombre al que le han cortado el pene, pero un hombre sin embargo”.

En defensa de la propia Morris hay que señalar que ella misma era consciente de su ambigüedad, de que el cambio de sexo… llega donde llega. “En el plano físico he logrado, dentro de lo humanamente posible, la identidad que ansiaba” (...) Por muy habilidoso que fuera el doctor B. por muy solícitos que fueran en el MInisterio de Sanidad y la Seguridad Social, nunca podré ser como las demás personas” (...) Por eso no me importa que mi ambigüedad persista. He vivido la vida de un hombre, ahora vivo la vida de una mujer, y tal vez logre trascender las dos cosas: si no como persona, sí tal vez con el arte, y si no es aquí tal vez sea en otro lugar”.

"No me importa que mi ambigüedad persista. He vivido la vida de un hombre, ahora vivo la vida de una mujer, y tal vez logre trascender las dos cosas"

Asimismo, rompe una lanza por las mujeres, las que mejor aceptaron su cambio, a las que menos les importó y menos extraño lo vieron. “Ellas también habían deseado ser hombres un día, cosa que, fruto de cierta admiración, es una inclinación bastante frecuente entre el sexo femenino”, apostilla.

Coda: sus reflexiones sobre sexo y género

Además de por su extraordinaria vida, leer a Morris hoy es interesante por sus reflexiones sobre el sexo y el género. En este caso parece todo menos anticuada. No se puede ser más fluida y ayuda mucho para quien a día de hoy todavía se líe con los conceptos.

“El sexo no tiene nada de físico, sino que es completamente etéreo. Es el alma, tal vez, el talento, el gusto, el entorno, una manera de sentirse, la luz y la sombra, una música interior, un saltito al andar o un intercambio de miradas; en definitiva, tiene más de vida y amor que cualquier combinación de genitales, ovarios y hormonas”, escribió. O: “Macho y hembra son conceptos sexuales, masculino y femenino son conceptos de género, y aunque, por supuesto, ambos términos se solapan, distan de ser sinónimos”.

placeholder Jan Morris (cuando era James) junto a su mujer Elizabeth Tukniss
Jan Morris (cuando era James) junto a su mujer Elizabeth Tukniss

Su relación con su mujer, Elizabeth Tuckniss, con la que tuvo cinco hijos y estuvo más de cuarenta años casada, es significativa. Se conocieron como hombre y mujer y se mantuvieron juntas después del cambio de sexo, si bien ya con una vida diferente. “Nuestro matrimonio no tenía posibilidad alguna de funcionar, pero funcionó igual que un sueño, como el testimonio vivo, podría decirse, del poder de la mente sobre la materia; o del amor en su sentido más puro por encima de todo lo demás”, relata Morris. Tras el cambio de sexo tuvieron cada distintas parejas, pero vivieron siempre una al lado de la otra. “Y todavía hoy siento que apenas hay instantes de mi vida que no prefiera vivirlos con ella”, añadía en 1974. Pasado un tiempo se divorciaron, pero se volvieron a casar en 2008.

Cuando Jan murió en 2020, además de sus hijos, fue Elizabeth la que estaba al lado de su cama.

El día que la primera expedición del mundo consiguió hacer cima en el Everest y bajar la reina Isabel II fue coronada. La primicia la dio Jan Morris -que había ido con ellos- en ‘The Times’ y se convirtió en una noticia mundial a la altura del evento regio. La impresión de la periodista fue tal que la propia Morris escribió años después en su autobiografía ‘Enigma’: “Me emocioné como si me hubieran coronado a mí”. Fue uno de los días más felices de su vida.