AUTORA DE 'LAS ESTRELLAS SON LEGIÓN'

¿Lesbianas espaciales? Kameron Hurley y la revolución feminista geek

La escritora publica 'La revolución feminista geek', una colección de ensayos sobre feminismo, cultura, experiencias personales o relaciones de poder en un mundo en el que aún late la misoginia

Foto: Detalle de portada de 'Las estrellas son legión'
Detalle de portada de 'Las estrellas son legión'

Las nuevas de ‘Star Wars’ son una mierda porque la protagonista es una mujer. Las mujeres solo juegan a videojuegos por moda. La ciencia ficción no es un género para mujeres. Estas afirmaciones se siguen escuchando -y leyendo, sobre todo, desde el escurridizo y cobarde manto anónimo de internet- cada cierto tiempo. Las campañas de odio hacia mujeres creadoras se abren paso por redes sociales como un torrente carroñero. Kameron Hurley (Washington, 1980), escritora de ciencia ficción -’Las estrellas son legión’, el rebautizado como ‘Lesbianas en el espacio’- y ganadora de dos Premios Hugo, lo ha vivido en sus propias carnes y sabe que aún quedan batallas por librar.

Kameron Hurley
Kameron Hurley

La revolución feminista geek’ (Alianza) es su última publicación: una colección de ensayos en los que reflexiona sobre la cultura, la que siempre se ha relacionado con hombres y de la que las mujeres han sido expulsadas. También sobre el estereotipo del héroe blanco y heterosexual que todavía prevalece aunque, mientras, se escuchen críticas sobre una “diversidad forzada” cuando en una serie hay dos personajes no heterosexuales. La igualdad todavía no ha llegado, sabe Hurley, pero vamos por el camino.

'La revolución feminista geek' (Alianza)
'La revolución feminista geek' (Alianza)

PREGUNTA: Como cuentas en ‘La revolución feminista geek’, muchos fans masculinos atacan a las mujeres creadoras o protagonistas (como en ‘Star Wars’ hace poco) porque sienten que ese mundo ya no es suyo...

RESPUESTA: Muchos de nosotros tenemos miedo al cambio. Eso es de esperar. Pero los ataques coordinados que tantos de estos hombres hacen es mucho más que eso. Se ha demostrado que mucho del rechazo que vemos en internet es una minoría de la comunidad de fans, simplemente tienen las herramientas para parecer más grandes e importantes de lo que son. Por desgracia, incluso una minoría puede tener un efecto horrible en la mayoría y tomar el control de nuestra narrativa. Así que no estoy segura de si es la nostalgia lo que hace que esto sea peligroso, sino el miedo al cambio. Y la voluntad de destruir a todos y a todo.

P: Las mujeres siempre hemos estado presentes, jugando a videojuegos, leyendo cómics o novelas de ciencia ficción, incluso creando. ¿Por qué se nos ha invisibilizado?

R: Misoginia. Una respuesta de una sola frase para un problema muy complejo y extendido. La programación es un buen ejemplo de una profesión que fue, al principio, predominantemente femenina. Pero a medida que se iba viendo claro que la tecnología informática era el futuro, más hombres entraron en la profesión y, consecuentemente, hostigaron y empujaron fuera a las mujeres. Vemos esto en el trabajo y en los fans. Los fans de 'My Little Pony' son otro buen ejemplo. 'My Little Pony' se hizo para chicas jóvenes y ellas crecieron y siguieron siendo fans. Pero a medida que los hombres empezaron a ver el programa y a participar en el 'fandom', no quisieron estar asociados con las fans. Incluso acuñaron un término para ellos, “Bronies”, y comenzaron a mostrar el mismo comportamiento de acoso hacia las chicas fans.

Es una estrafalaria pero predecible reacción que tiene una doble lectura: la primera es la misoginia. Un odio por todas las cosas femeninas. Esto tiene sus raíces en la masculinidad tóxica. Los hombres están constantemente intentando definirse en relación a lo que no son. Para hacer eso necesitan hacer a las mujeres, y a todas las cosas asociadas con ellas, tontas, repugnantes, malas, débiles y demás para tener algo con qué compararse. Esto requiere una doble mentalidad por su parte: si las mujeres son repugnantes y malas, ¿por qué tener sexo con mujeres? ¿Por qué tener novia? Esto es también por lo que los hombres dicen a las mujeres por las que se sienten atraídos: ‘Oh, no eres como las otras chicas’. Las ponen en un pedestal. Es la mente de los hombres, o eres una santa perfecta o una puta horrible. ¡Y a veces las dos a la vez! Es agotador.

P: Hemos interiorizado mucha misoginia, como eso de ‘No eres como las demás chicas’. ¿Qué papel ha jugado en esto la ciencia ficción tradicional?

R: Como muchas mujeres, he crecido leyendo ciencia ficción y fantasía cuyos protagonistas eran hombres. Nuestros medios de comunicación son iguales. Empecé a interiorizar este idea de que era simplemente “diferente” de otras mujeres porque era lista y marimacho y me tomarían más en serio. Lo que descubrí fue que al mundo no le importaba lo que yo pensaba de mí misma. El mundo me veía como una mujer y me trata acorde. Me llevó un tiempo identificarme con el feminismo y entender el poder de pertenecer a un movimiento, de unirnos juntas y de hablar con gente que pensaba igual que yo sobre estos problemas y colectivamente discutir por el cambio. Nuestros medios de comunicación, nuestros libros, todas estas historias quieren que pienses que tus problemas están individualizados, que estás sola. Dividiéndonos, nos dan menos poder. “Divide y vencerás” como una estrategia para la dominancia de grupos de personas todavía funciona. Espero que esto lo veamos todos pronto, pero otra vez, estamos constantemente siendo alimentados por mensajes que crean esta interiorizada narrativa de misoginia. Puede ser difícil rescribir una mala programación.

La programación fue predominantemente femenina pero cuando se vio que era el futuro, los hombres entraron y empujaron a las mujeres

P: Hemos comentado que cuando una mujer se expone a la opinión pública como escritora, columnista, dibujante… Suele llegarle mucho más odio que a un hombre. ¿Cómo podemos parar esto? ¿De verdad estamos yendo a mejor y cambiando el statu quo?

R: Primero esto tiene que ser reconocido por quienes manejan los medios, nuestros empleos y otras organizaciones. Negar que el sexismo existe o que las mujeres soportan más acoso no va a dirigirnos al cambio. Esto lo vemos en América con este problema y con el problema del racismo. Muchos blancos en América no quieren reconocer que el racismo existe, como si nombrándolo lo hicieran más presente. Pero tenemos que hablar y afrontar estos abusos si queremos ir hacia delante.

Pienso en la Comisión para la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica y los juicios de Nuremberg después de la Segunda Guerra Mundial. Fueron oportunidades donde las naciones podían pagar colectivamente por los horrores que habían cometido y, con eso, empezar a hacer el trabajo de ir hacia delante. A menudo hablamos sobre cómo y por qué La Reconstrucción después de la guerra civil americana fue un fracaso. En gran parte, diría porque fallamos al llegar a un acuerdo sobre las maldades de la esclavitud y el hecho del racismo. “¡Ahora sois libres!” suena maravilloso pero el hecho es que fracasamos a la hora de proveer a la gente libre una manera de salir hacia delante. En lugar de eso, les dejamos con pocos recursos y muchos fueron golpeados y aterrorizados varias generaciones después por la gente que solía ser sus dueños. En 1940, el presidente Roosevelt recibió una carta de una mujer negra cuyo marido había sido capturado y esclavizado en una plantación del sur y no hizo nada. No pudieron terminar de verdad con la esclavitud, sin contar con el racismo.

'Lesbianas en el espacio', la reedición de 'Las estrellas son legión', como respuesta a una crítica del libro de Hurley por incluir personajes no heterosexuales.
'Lesbianas en el espacio', la reedición de 'Las estrellas son legión', como respuesta a una crítica del libro de Hurley por incluir personajes no heterosexuales.

Tenemos mucho trabajo que hacer para terminar con lo que vino antes que nosotros. Pero primero, debemos decirlo en alto. Entonces podemos empezar a tener una conversación honesta con los que están en el poder sobre cómo sus reacciones al acoso en sus plataformas, eventos o centros de trabajo no está funcionando, y discutir una manera real de hacerlo. ¿Estamos entonces cambiando el statu quo? Sí y no. Tenemos herramientas con las que antes no contábamos que pueden ayudarnos a organizar y alcanzar a las personas. El problema es que también las tienen los supremacistas blancos y los misóginos. Ahora estamos en un periodo de cambios grandes. Y los cambios aterrorizan a la gente. El progreso, como dicen, no es una línea recta, son cinco pasos hacia delante y tres hacia atrás.

P: ¿Qué precio debemos pagar las mujeres por intentar cambiar esto, por ser la voz de una generación?

R: Alguien tiene que empujar por el cambio. Es una verdad que aquellos que más se benefician de un sistema es improbable que sean los que lo hagan, así que cae en los que más sufren bajo los sistemas opresivos. No es justo, no es igualitario, pero la alternativa es no hacerlo, no hablar y no ser parte de la vanguardia del cambio. Yo prefiero hablar.

P: ¿Qué piensas sobre los espacios no mixtos? Como los eventos de videojuegos exclusivos para mujeres y organizados por mujeres.

R: Hace muchos años no entendía la necesidad de este tipo de espacios pero a medida que he visto por mí misma el abuso hacia las mujeres de todas las razas, hombres de color y gente LGTBIQ, entiendo completamente por qué estos eventos son muchas veces más disfrutados que los mixtos. La verdad es que muchos hombres no quieren cambiar su comportamiento. Al contrario que quienes hemos tenido que acostumbrarnos a un mundo hecho para hombres, nunca han tenido que trabajar para conocer y entender a la gente que es diferente a ellos. A menudo, las mujeres en espacios mixtos tienen que ser las que eduquen a los hombres, parar el acoso, reclamarles y eso se cobra un precio emocional. Lo único que queremos es disfrutar sin sentir constantemente que no somos respetadas. Cuando los hombres cambien su comportamiento y se posicionen contra otros hombres que perpetúan el acoso, aún se necesitarán este tipo de espacios.

Somos alimentados constantemente por mensajes que crean una interiorizada narrativa de misoginia

P: Dices que la perseverancia es la clave para el éxito pero las mujeres lo tenemos más complicado, ¿qué más necesitamos?

R: ¡La igualdad estaría bien! Yo digo que perseverar es clave porque es una de las pocas cosas sobre las que tenemos un control directo. Mientras yo busco ver pequeñas cantidades de progreso a lo largo de mi vida, todavía tengo que tener una carrera en este sistema roto. Para hacer eso, me centro en la resistencia, en mi propio arte. Eso lo puedo controlar. Juntos, sin embargo, podemos alcanzar mucho más. Dejar claro que hay consecuencias reales por el pago desigual o por el acoso sería una buena forma de empezar.

P: Hablas sobre la responsabilidad que tenemos respecto a lo que escribimos sobre el papel. Dices que no es censura, aunque algunos escritores lo llamen así. ¿La responsabilidad siempre debe estar por encima de la historia que se escribe?

R: Nadie va a detenerte a la hora de escribir lo que quieres. Si hay algo racista en tu libro o sexista y quieres dejarlo, nadie va a pararte. Pero como artista no eres inmune a las consecuencias de tus acciones. Te conviertes inmediatamente en responsable de perpetuar esa mala narrativa. Una vez que está hecho, está hecho, incluso aunque no pretendieras contribuir a esa narrativa. Los escritores que me molestan son los que piensan que no deberían rendir cuentas de lo que están escribiendo. Se enfadan si llaman a su trabajo racista o sexista cuando son ellos quienes han elegido escribir esas cosas racistas y sexistas. La responsabilidad y la historia que quieres contar no son cosas mutuamente exclusivas. Si quiero poner un argumento problemático, lo incluiré pero no voy a fingir que “está bien” o que no es dañino para grupos específicos de personas. Mis elecciones tienen consecuencias, tanto en la vida como en la literatura. Si le pegara a alguien en la cara y me dijeran que es de ser mala, no sería censura. Sería una consecuencia de pegarles.

Crear una serie localizada en una California del sur poblada entera por gente blanca es menos creíble que una llena de vampiros

P: ¿Qué opinas de aquellos que tildan de “diversidad forzada” la inclusión de personajes LGTBI, mujeres, racializados, etc?

R: Les diría que miren al mundo real. La verdad es que hemos forzado una falta de diversidad durante décadas en nuestros medios de comunicación. La ilusión, la mentira, es que el mundo no es diverso y que está poblado solo por hombres europeos y heterosexuales. ¡Es ridículo! Veo esto en los medios todo el rato. La televisión que muestra una Nueva York con todo un reparto blanco es fantasía, la Nueva York real no es así, es un lugar diverso y vibrante. ‘Buffy Cazavampiros’ blanqueó personajes igual. Crear una serie localizada en una California del sur poblada entera por gente blanca es incluso menos creíble que una llena de vampiros. La diversidad no es forzar, es corregir una narrativa falsa.

P: A mí, como mujer bisexual, me cuesta verme representada en la ficción de una forma en la que no sea sexualizada. ¿Es la representación, como tú haces en tu trabajo, la clave para la normalización?

R: Vernos a nosotros en los medios, en la ficción, es enormemente importante. Es desde luego por lo que escribo sobre la gente de la que lo hago y en la manera en la que lo hago. Haciendo que la gente que es “diferente” a la narrativa popular sea más visible, los humaniza. Aunque discutiría que no debería ser de esa forma, es una verdad triste que hay gente que demoniza lo que no entiende. Vimos este fenómeno en América con el matrimonio igualitario. Cuanta más gente salga como trans, bisexual, gay, lesbiana, pansexual, etc., menos gente podrá decir que no conocían otra persona “así”. Es mucho más fácil negarle a alguien igualdad de derechos cuando piensas que es alguien a quien no conoces. Es mucho más duro cuando es tu primo, tu hermano y todos esos famosos que te gusta de televisión. Viéndolos a nosotros, el mundo exterior, representado en la ficción nos hace sentir menos solos. Esa es la clave también. Nuestra fuerza está en encontrarnos a entre nosotros.

Demasiado a menudo, las mujeres son vistas como objetos, como vehículos para avanzar la historia del hombre

P: Al hilo de lo que cuentas sobre ‘True Detective’ o ‘La Jungla de Cristal’, ¿crees que hay una falta de empatía hacia las mujeres en la ficción?

R: Sí, una falta de empatía hacia las mujeres sentida por hombres y mujeres por la misoginia interiorizada, como ya hemos hablado. Demasiado a menudo, las mujeres son vistas como objetos, como vehículos para avanzar la historia del hombre.

P: Y al contrario, ¿es la ficción excesivamente benevolente con los hombres?

R: Desde luego. Veo esto todo el tiempo. Los lectores disculparán todo tipo de hombres horribles pero si escribes una heroína compleja, malvada, enfadada o desagradable, recibes más rechazo. Algunos no son capaces de ver que las mujeres son gente completa y compleja (como los hombres) porque no las mostramos tanto. Otra vez: cuando las vemos (nos vemos) como alguien simple sirviendo para la historia de otra persona, puede ser interiorizado.

P: En tus historias construyes mundos en los que las mujeres son poderosas, tienen privilegios, pero en la literatura en general, el arquetipo de héroe de “hombre blanco heterosexual” es el que todavía predomina. ¿Es posible cambiar una imagen tan arraigada en el imaginario popular?

R: Por supuesto. Nos olvidamos de que el arquetipo de héroe “hombre blanco heterosexual” también es una construcción. Si podemos crear el estereotipo, podemos crear otro o muchos de ellos. A menudo pienso en la frase de Ursula Le Guin: “vivimos en el capitalismo. Su poder parece inescapable. También lo parecía el derecho divino de los reyes. Cualquier poder humano puede ser resistido y cambiado por seres humanos”. Los seres humanos construimos estas estructuras de poder. Los seres humanos podemos cambiarlas.

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