El color de la mujer para Marjane Satrapi
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EXPONE EN LA GALERÍA JÉRÔME DE NOIRMON, EN PARIS

El color de la mujer para Marjane Satrapi

Marjane Satrapi (Irán, 1969) siempre ha pintado. Aunque hasta ahora sus cuadros no habían visto la luz, la pintura es la base de toda su creación,

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El color de la mujer para Marjane Satrapi

Marjane Satrapi (Irán, 1969) siempre ha pintado. Aunque hasta ahora sus cuadros no habían visto la luz, la pintura es la base de toda su creación, cualquiera que sea su forma final. Primero mostró sus cómics y sus películas, buscando creaciones para un público más amplio. Ahora, por primera vez, la artista revela un trabajo hasta ahora oculto: 21 pinturas, que se exponen desde el 30 de enero y hasta el 23 de marzo en la Galería Jérôme de Noirmon de Paris.

Las pinturas acrílicas, realizadas entre 2004 y 2012, retratan personajes anónimos, aunque inspirados en su infancia. Fue precisamente en ese periodo de su vida cuando nació Marjane Satrapi, la artista. Desde que tuvo uso de razón, su tía le inculcó el amor por la pintura. La pequeña garabateaba sobre las paredes de la casa las obras a las que su maestra daba vida sobre el caballete. "Moriré pronto pero mi espíritu quedará en tu cuerpo. Viendo la forma de tu frente, serás escritora o pintora. Quizá ambas cosas". Quién sabe si el rostro, o el alma, de su tía impregna hoy uno de sus retratos. 

Satrapi pintó antes que escribió y, poco a poco, se fue creando a sí misma, como mujer y como artista. Su personalidad fuerte, reservada y emotiva dio paso a una polifacética creadora, capaz de superarse y dar vida a su serie de cómics Persepolis, convirtiéndolos en película. Entonces, con el blanco y el negro, contó su historia, la historia de cómo creció rodeada de un régimen fundamentalista islámico que terminaría por empujarle a abandonar su país.

En esta ocasión, sus Peintures, abandonan la visión monócroma para dar paso al color. Bebiendo de la pintura fauvista de Matisse, utiliza el color y su degradación para la limitación de las formas. Por su parte, los fondos, con los que crea la atmósfera del retrato a partir de colores primarios y secundarios, son un guiño a la geometría de Mondrian.

Reflexiones y relaciones de mujer

Si el tratamiento que hace del color le acerca a Matisse, también lo hace el protagonismo de la mujer. Ambos, Satrapi y el maestro francés, hacen de sus modelos el tema principal de su obra. En el caso de la pintora iraní no es una cuestión feminista sino, como la propia artista ha confesado, es más fácil para ella abstraer y representar los rasgos femeninos que los masculinos. 

Pinta mujeres de pelo negro y largo, con unas cejas y narices pronunciadas, con los labios rojos, siempre cerrados. Caras plagadas de expresividad, siendo en ellas donde únicamente se matiza el color, pintándolas en tonos pastel que expresan la sutileza de las emociones humanas. 

Los doce retratos individuales comparten una misma característica: la mirada de reojo de sus protagonistas. Son mujeres solteras, siempre giradas hacia afuera, que parecen estar perdidas en sus pensamientos. Un rasgo con el que Satrapi apela a la reflexión, al fuera de campo, a pensar en lo que no se ve.

Por su parte, en las parejas y en los retratos de grupo, la interacción es la que cobra sentido. En los seis retratos a dúo, el fuera de campo desaparece y es la apariencia sugestiva  entre los dos sujetos -cuando hay dos personajes, uno siempre monopoliza al otro- la que da tensión a la composición. Por último, los tres cuadros con grupos de mujeres son como los retratos de familia, donde cada uno busca su sitio.

Un paso más en su obra

Esta serie de pinturas es un paso más en toda su obra. Retratos con los que da continuidad a sus creaciones anteriores, con los que Marjane Satrapi ha buscado retratar la complejidad de la naturaleza humana con una expresión pictórica simplificada, todavía muy expresiva, siguiendo los criterios clásicos de la representación humana y con mucha ironía.

Además, la exposición coincide con el estreno en Francia de su última película, La bande des jotas que, al contrario que en sus anteriores largometrajes, nace de la necesidad de hacer algo con total libertad. La misma libertad que le da la pintura. “Me encanta pintar porque me calma, no pienso en nada, es el vacío total".