La carrera espacial, viñeta a viñeta

Para encontrar superhéroes no hace falta buscar en ningún laboratorio con fugas de rayos gamma ni apuntar hacia lejanos planetas con superhombres como habitantes: la ciencia

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La carrera espacial, viñeta a viñeta

Para encontrar superhéroes no hace falta buscar en ningún laboratorio con fugas de rayos gamma ni apuntar hacia lejanos planetas con superhombres como habitantes: la ciencia -sin llegar a ser ficción- ha dado suficientes historias de grandes héroes dignas de ser convertidas en cómic. Bien lo sabe Jim Ottaviani, que ya ha publicado otras novelas gráficas dedicadas a la historia de la ciencia y que acaba de presentar en EEUU su último trabajo, T-Minus, un cómic sobre la carrera espacial desde que Yuri Gagarin recorrió el espacio en octubre de 1957 hasta que casi 12 años más tarde Neil Armstrong puso un pie en la Luna.

 

En pocos ámbitos se proyectó tanto la Guerra Fría como en la carrera espacial: embarcadas en su lucha para conseguir ser los primeros en todo y de paso convencer a la opinión pública mundial de las ventajas de la tecnología propia, las dos superpotencias del momento se lanzaron al desarrollo de la conquista del espacio apoyados por los avances científicos que se sucedían. Desdichados animales como Laika se quedaron en el camino, pero personajes con mejor suerte, pioneros como Gagarin o Armstrong, fueron convertidos en héroes instantáneos, transformados en superhombres por arte de los recursos de propaganda de la URSS y EEUU. En definitiva, carne perfecta para una novela gráfica que sin embargo ha tardado décadas en ver la luz.

 

Otavianni convierte en viñetas “el lado humano de la ciencia, expresando la pasión, las maravillas y las frustaciones de los científicos e ingenieros que ‘lucharon’ en la carrera espacial a los dos lados del Telón de Acero”, explica Cory Doctorow en la web Boingboing. Su trabajo, especialmente fiel a la historia gracias a un profundo trabajo de investigación, incluye hasta el más pequeño dato y esa es una de lsus mejores valores: la fidelidad con los datos conocidos.

 

Aparte de recordar perfectamente los nombres de los científicos que dedicaron su carrera a la conquista del espacio, Ottaviani encuentra hueco para mostrar el lado más humano de toda la historia, como las penurias de un científico soviético deportado en Siberia o los lamentos del padre de un astronauta que no creía que “montarse en un cohete fuera trabajo para un hombre”.

 

El trabajo de Ottaviani es posiblemente uno de los más bellos en la historia de la divulgación científica: por sus manos han pasado las biografías de personajes como Galileo Galilei, Isaac Newton o Niels Bohr y él las ha convertido en grandes novelas gráficas. Entre sus próximos trabajos se encuentra un libro sobre el Nobel Richard Feynman y otro sobre las primatólogas Jane Goodall, Dian Fossey y Biruté Galdikas.
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