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La ley del silencio del porno: por qué los actores y actrices no pueden hablar

Nikki Benz sufrió una violación mientras rodaba una película. La falta de pruebas y la escasez de apoyo colectivo e institucional hacen que todavía pida justicia

Foto: La actriz Nikki Benz. (Wikimedia Commons)
La actriz Nikki Benz. (Wikimedia Commons)

Desde que el año pasado saltara a la palestra el #MeToo, las estrellas de Hollywood dieron voz a toda una serie de abusos sexuales perpetrados por directores, productores y actores con el fin de conseguir favores profesionales o en base a meras conductas machistas para con las actrices. El movimiento, en pleno auge, a día de hoy sirve para dar visibilidad a este grave problema no solo en el cine, sino también en todas las esferas profesionales, y para que muchas mujeres de todo el mundo digan: “Esto me ha pasado y no me tiene por qué volver a pasar jamás”. Sin embargo, existe una industria en la que impera la ley del silencio en torno a estos temas, uno de los negocios más rentables y vulnerables a este tipo de prácticas violentas: el porno.

"Estoy muy desconcertada sobre por qué las actrices convencionales están recibiendo el reconocimiento por parte de la justicia a la hora de denunciar a sus acosadores. Yo, sin embargo, llevo un año hablando sobre lo que me pasó y todavía espero una respuesta. Estoy destrozada solo por tener que suplicar ser considerada como un ser humano". Diez meses antes de que se extendiera el #MeToo, la estrella del porno de 36 años Nikki Benz declaró por Twitter haber sido víctima de una violación grabada en un set de rodaje pornográfico. Por entonces, nadie la creyó ni recibió el más mínimo apoyo por parte de jueces y opinión pública. Ahora, meses después, su caso sigue sin estar aclarado. Sus acosadores, el actor Tony T y su compañero de escena, Ramón Nomar, están libres de culpa y sentencia.

Aunque accedí a realizar sexo anal, en ningún momento acepté tal nivel de violencia

El 18 de diciembre de 2016, Nikki Benz tomaba un vuelo junto a su compañera y amiga de rodaje Jesse Jane. "Ella se vino abajo en el avión", narra Jane en un artículo de 'BuzzFeed'. "Me dijo que había sido violada el día anterior". Ella la creyó, pero no los jueces. Los hechos se remontan a una mañana en la que el director pidió encarecidamente al resto del equipo técnico que abandonara la sala. El único atuendo para Benz fue un pasamontañas. Según el informe policial, Benz fue amordazada y Tony T. se acercó por detrás para intentar asfixiarla, luego le arrancó la ropa interior a mordiscos y la penetró tan fuerte que "la sangre salpicó las paredes blancas".

Al día siguiente y animada por sus compañeras, Benz denunció ante la policía que "aunque ella había accedido a realizar sexo anal, en ningún momento aceptó que se cometiera ese nivel de violencia durante la escena". La reacción de los dos denunciados fue demandar a la actriz por difamación e injurias contra su persona e imagen. Nomar terminó por retirar la querella, mientras que Tony T. todavía persigue una indemnización por las graves confesiones de Benz. Actualmente, sigue negándolas y afirma que estas "denuncias falsas" han afectado seriamente a su carrera como actor porno. En la querella, Tony T. alega que la asfixia fue "simulada" y aceptada por la actriz de antemano en una supuesta llamada telefónica mantenida entre ambos en la que Tony T. pidió a Benz: "Queremos que superes tus límites".

Al verse abandonada y silenciada tanto por los propios compañeros y compañeras como por el sistema judicial, Benz decició presentar una nueva demanda, esta vez contra la productora pornográfica MindGeek. Debido a que gran parte del día fue filmado en vídeo, Benz pensó que su caso estaría "pan comido", tal y como lo expresa en el reportaje de 'BuzzFeed'. Sin embargo, el fiscal del distrito alegó que la actriz no podía demostrar no haberlo consentido de antemano con los actores y el director. "Dijo que no podía diferenciar si estaba actuando o siendo violada", comenta la actriz. Finalmente, la demanda fue tumbada por "la ausencia de pruebas".

Después de todo el auge del #MeToo entre las actrices de Hollywood, Benz hace patente la indefensión de las actrices para adultos y el poco respaldo por parte de la ciudadanía y de la justicia de los casos de violaciones en la industria. "No he percibido esa solidaridad, las actrices porno tienen aún más miedo que las convencionales a no ser creídas y que se arruinen sus carreras. ¿Por qué debo luchar contra viento y marea para demostrar que fui víctima de una violación sexual durante un rodaje?", se pregunta Benz. Brazzers, la compañía propietaria de MindGeek dijo que la escena se lanzaría a pesar de toda la polémica. "Simplemente editarían las peores partes", aseguró la actriz en una entrevista. Al final, la empresa no lanzó el vídeo y afirmó estar investigando todo lo ocurrido. Además, Tony T. fue despedido por Brazzers, pero Nomar, quien retiró la denuncia contra Benz, sigue en activo.

"Brazzers posee toda la industria pornográfica. Las mujeres no tienen más opción que aceptar el abuso o dejar de alimentar a sus familias". Con este tuit la actriz Dana Armond opinó sobre el tema de Benz. "Conozco a mucha gente en la industria que todavía están demasiado aterrorizadas para salir", comenta Jacky St. James, directora porno. Para la actriz retirada Gen Padova, la situación va mucho más allá: "Si una intérprete se queja antes, durante o después de una escena, o incluso si se niega a rodar, podría ser tildada de 'diva' o 'alborotadora' y perder el trabajo".

Las sentencias judiciales no llegan y las actrices no encuentran el apoyo ni en la calle ni en los juzgados

"Mientras el #MeToo ha desencadenado una avalancha de apoyo para las mujeres en muchas industrias, el movimiento no ha sacado a la luz las historias de las trabajadoras sexuales", admite el actor y músico porno Carter Cruise. "No se ve ningún reconomiento del caso de Nikki Benz por parte de las precursoras del #MeToo". Los casos de violación dentro del porno, sin embargo, se multiplican. Al menos nueve mujeres, incluidas las célebres actrices Stoya y Joanna Angel, declararon haber sido agredidas sexualmente por el famoso actor James Deen. Más nombres: Rico Strong sobrepasó supuestamente los límites con Leigh Raven y Riley Nixon en un vídeo rodado en marzo de este año. La caja de pandora de los abusos sexuales está abriéndose cada vez más, pero las sentencias judiciales no llegan y las actrices no encuentran el apoyo ni en la calle ni en los juzgados.

"El miedo es un gran medio para controlar a las personas", reconoce Benz. "Muchas chicas viven de su sueldo, de nada más. Tienen miedo de pronunciarse contra Brazzers. Simplemente, tienen pavor a hablar". Además del temor razonable, el mundo pornográfico carece de canales formales para denunciar. La industria está descentralizada y sin regular más allá de su protocolo de pruebas de enfermedades de transmisión sexual. Alana Evans, presidenta del Gremio de Actores del Cine para Adultos, está luchando porque los productores de las películas firmen un acuerdo por escrito de consentimiento de actos sexuales con las actrices. Este fue uno de los problemas del caso de Benz: que la escena no tuviera ni guión escrito ni un documento firmado.

"Solo quiero que la industria sea mucho más segura para todas", puntualizó Benz. "Las listas de consentimiento escritas ayudarían a proteger tanto a los productores como a los talentos. Tendría que haber habido un guión aquel día, pero al ser embajadora de la marca Brazzers supuse que estaba protegida". Por más desalentador que parezca todo lo ocurrido hasta la fecha, la actriz no tiene más opciones: "Tengo que hacerlo. Si no me defiendo, ¿quién lo hará por mí?"

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