Cuando los riesgos pueden ser una lección

6 cosas peligrosas que deberías dejar hacer a tus hijos

¿Pone en peligro la sobreprotección la autonomía de los más pequeños? Algunos expertos creen que sí y defienden recuperar costumbres del pasado para mejorar su independencia

Foto: ¿Es malo que los niños tomen ciertos riesgos? (iStock)
¿Es malo que los niños tomen ciertos riesgos? (iStock)

Hoy en día, los padres están menos dispuestos a permitir que sus hijos exploren el mundo por sí mismos. Las actividades de los niños están cada vez más controladas y se hace todo lo posible para que los riesgos a los que se les expongan sean mínimos.

¿Estamos sobreprotegiendo a los más pequeños? Muchos progenitores sienten que el mundo es hoy un lugar más inseguro. Los datos, sin embargo, revelan que la tendencia es justo la contraria. Hace un par de años el diario ‘The Washington Post’ publicaba un artículo en el que se señalaba, ya desde el titular, que no ha habido nunca un momento más seguro para ser niño. Las tasas de mortalidad infantil nunca han sido tan bajas, el número de menores desaparecidos ha descendido drásticamente e incluso la cantidad de atropellos a niños son hoy mucho más bajos.

Cocinar un plato fomenta el altruismo y que el niño entienda lo importante que es preparar algo para los demás

Por otro lado, apartamos a los pequeños de los peligros del mundo material y, sin embargo, los dirigimos hacia los riesgos de la vida online cuando les entregamos una tablet o un ordenador, olvidando así, que cuando controlamos demasiado un tipo de amenazas, otras aparecen automáticamente sustituyéndolas. Ejercer un cuidado exagerado priva a los pequeños de poder interactuar y observar los fenómenos por sí mismos, así como de entrenar sus habilidades motrices y desarrollar, incluso, su capacidad para juzgar correctamente qué es realmente una amenaza y qué no lo es.

Gever Tulley es el creador de la escuela de verano ‘Tinkering School’, un programa que promueve que los niños construyan con diferentes materiales, aquellos inventos que les pasan por la mente. Para ello, Tulley se atreve incluso a poner en sus diminutas manos herramientas de trabajo pesadas con las que realizar sus proyectos. Tulley es también el autor del libro ‘50 Dangerous Things (You Should Let Your Children Do)’ en el que a través de instrucciones muy precisas explica a los padres cómo enseñar a sus hijos a explorar el mundo y darles, al mismo tiempo, toda una lección sobre seguridad. De las actividades que Tulley propone, hemos elegido 6 que eran típicas de otros tiempos y que quizás deberíamos recuperar hoy para nuestros hijos.

1. Cocinar un plato

Los programas de televisión han hecho que la cocina para niños parezca una actividad que no resulta tan peligrosa. Basta ponerse delante de la encimera para que el mito caiga por su propio peso: cuchillos afilados, fuegos y productos extremadamente calientes como el aceite hacen despertar, sin embargo, la alarma inmediata de cualquier adulto ante una posible contingencia.

Foto: iStock.
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Preparar un plato fomenta, sin embargo, que el niño adquiera una habilidad práctica y divertida al mismo tiempo. A través de la cocina, aprende a satisfacer por sí mismo una necesidad vital como alimentarse, al tiempo que su mundo sensible se vuelve más complejo experimentando a través del gusto. Preparar una comida, una cena o un pastel para toda la familia promueve también el altruismo y ayuda a tomar conciencia, ya desde una tierna edad, de cuán importante es hacer algo para los demás.

2. Trepar un árbol

Si hoy en día vemos a un niño intentando subir a la copa de cualquier pequeño árbol del parque seguramente le avisaremos para que descienda inmediatamente de allí. Décadas atrás, que un niño hiciera algo así se veía incluso como un tradicional juego de la infancia.

En Finlandia los niños se desplazan solos al colegio desde los 7 años, ya sea a pie, en bicicleta o tomando el transporte público

Resulta, sin embargo, tremendamente emocionante y liberador despegar los pies del terreno y tomar conciencia de que somos también capaces de desplazarnos en un plano vertical. Se trata de una actividad que permite a los pequeños tomar una mayor conciencia de su cuerpo, de sus fuerzas y de su motricidad.

3. Ir a la escuela caminando o en bici

Hoy en día en España es muy extraño ver a niños menores de 12 o 13 años acudir solos al colegio. Sin embargo, en países como Finlandia los niños se desplazan solos al centro educativo desde los 7 años, ya sea a pie, en bicicleta o tomando el transporte público si es necesario. Los padres cuelgan, incluso, del cuello de los pequeños la llave de casa para que no la pierdan y puedan entrar a la vuelta de clase en su hogar, donde esperan solos la llegada de los progenitores.

Tulley da algunos consejos para que la transición hacia esta particular independencia sea progresiva:

1. Caminad juntos señalándole al niño los posibles peligros del tráfico e insistiendo en cómo se debe tratar a los extraños.

Foto: iStock.
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2. Acompaña al niño la mitad del trayecto y deja que realice una parte solo, vigilándolo con la mirada.

3. Permite finalmente que vaya de la casa a la escuela por sus propios medios.

4. Conducir un coche

Esta, por supuesto, es una actividad que tiene que estar muy controlada. No se debe llevar a cabo nunca en una vía pública y la supervisión del padre o la madre en cuestión tiene que ser total.

Encender un fuego enseña al niño que una misma herramienta puede resultar un elemento útil o funesto, dependiendo de cómo se utilice

Para los pequeños es particularmente excitante manejar el volante mientras los mayores mantienen el control del vehículo a través de los pedales y el freno de mano. Imagínate lo que significa para un niño que pesa unos pocos kilos sentir que es capaz de mover una máquina que alcanza las dos toneladas.

5. Explorar un túnel

Es uno de los impulsos más presentes ya desde los primeros años de vida como demuestra el hecho de que a los más pequeños les encante meterse debajo de la cama o construir sus propios túneles con sábanas y mantas.

Típico de la adolescencia era explorar una cueva en el lugar al que se iba a veranear o sondear los túneles que se abrían por diferentes motivos en los barrios de las afueras. Antes de que los niños acaben satisfaciendo esta necesidad metiéndose donde no deberían, piensa si no merece la pena cubrirla a través de una actividad como la espelelogía. Muchas asociaciones y empresas promueven excursiones de este tipo exclusivamente para los más pequeños.

6. Encender una hoguera

50 dangerous things
50 dangerous things

Existe una conexión muy elemental entre el ser humano y el fuego. El fenómeno que en la antigüedad estaba considerado como el cuarto elemento nos resulta, lo queramos o no, fascinate. Por eso mismo, en vez de alejar a los niños del fuego, resulta mucho más útil enseñarles a controlarlo y darles una lección sobre los verdaderos peligros que entraña, utilizando, por ejemplo, la chimenea de casa.


Lo que parece una incitación a cometer un acto irresponsable se convierte en toda una lección de seguridad. Una misma cosa, el fuego, puede resultar un elemento útil o funesto, dependiendo de cómo lo utilicemos y del control que sobre él tengamos: una bella lección, en definitiva, que merece la pena aprender en la infancia.

Alma, Corazón, Vida

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