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La gente emocionalmente estable y sus siete principales hábitos
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LAS CLAVES DE NUESTRO BIENESTAR

La gente emocionalmente estable y sus siete principales hábitos

Emotional First Aid es el título que el psicólogo Guy Winch ha dado a su último libro, una suerte de “primeros auxilios emocionales”. Este estadounidense comienza

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La gente emocionalmente estable y sus siete principales hábitos

Emotional First Aid es el título que el psicólogo Guy Winch ha dado a su último libro, una suerte de “primeros auxilios emocionales”. Este estadounidense comienza con una reflexión muy pertinente en nuestros días, afirmando que todos nosotros prestamos mucha atención a nuestra salud física, así como a nuestra comodidad. Cuando hace frío nos abrigamos, cuando nos hacemos una herida la curamos con los alcoholes y las tiritas pertinentes, cuando nos duele la espalda nos damos un masaje o practicamos algún tipo de estiramiento. El experto afirma que las heridas psicológicas también existen y que es importante que nos ocupemos de nuestra salud mental tanto como de la física, con el fin de mejorar nuestra resistencia emocional. Ofrece siete claves que aseguran nuestra estabilidad psíquica.

  • Tomar el control tras un fracaso. Los resultados adversos en las empresas que acometemos distorsionan la visión que tenemos de nosotros mismos y de nuestros proyectos. El fracaso nos hace ver nuestras metas como inalcanzables y nos permite visualizarlos como personas incapaces para la tarea que queremos llevar a cabo. Pero no debemos dejarnos llevar por esa falsa percepción. Lo deseable es analizar los hechos con un poco de perspectiva y aprender de los errores cometidos, valorando también aquello que hemos hecho acertadamente. Muy a menudo nuestros fracasos no dependen exclusivamente de nosotros mismos. En cualquier caso, ser conscientes de lo que podemos mejorar, sin juzgarnos con demasiada severidad, aumentará las posibilidades de éxito en el futuro.
  • Otorgar sentido a las pérdidas y las experiencias traumáticas. Winch señala éste como uno de los factores que claramente distingue a aquellos capaces de lidiar equilibradamente con serios problemas emocionales de aquellos para los que resulta imposible. Después de un lógico y necesario periodo de duelo, es importante entrever los beneficios de cualquier experiencia, y pensar no sólo en lo que hemos perdido, sino también en lo que hemos ganado (entereza, fuerza, rigor, independencia…). Todo ello nos ayudará positivamente y nos fortalecerá a nivel mental.
  • Evitar la urgencia de inquietarse y reflexionar. Pensar de manera práctica en las posibles soluciones a un problema que nos acucia es, sin duda, útil para intentar resolverlo. Pero de nada sirve darle vueltas a la cabeza a algo que no está en nuestras manos remediar, o imaginar escenarios posibles en los que las cosas vayan de mal en peor. En este tipo de casos los psicólogos recomiendan centrarse en actividades que requieran una gran atención, desde hacer un sudoku hasta ponernos una serie o una película especialmente absorbentes.
  • Alimentar la autoestima. La autoestima es una de las cosas que más fluctúa de un día para otro en un gran número de personas: tan pronto nos vemos estupendos como nos consideramos lo peor sobre la faz de la tierra. Es frecuente volverse especialmente autocrítico cuando nos sentimos mal, tristes o estamos de mal humor. Sin embargo, es un error que nos conduce a círculos viciosos bastante insanos. Un ejercicio práctico es el de considerar nuestra situación como si fuera la de algún amigo: en seguida relativizaremos lo que nos pasa y nos daremos consejos mucho menos melodramáticos y más realistas, como haríamos con cualquier persona querida.
  • Avivar la valoración de uno mismo tras un rechazo. Los rechazos son tan dolorosos que con frecuencia intentamos hallar una explicación a la negativa culpándonos a nosotros mismos: si no me quieren, será porque soy débil, patético o no susceptible de ser amado. En estas ocasiones, lo mejor que podemos hacer es recordarnos las mejores y más significativas cualidades que poseemos. El autor no duda a la hora de recomendar que las escribamos en una lista, si eso nos va a ayudar a verlas con más claridad.
  • Combatir la soledad identificando comportamientos contraproducentes. La soledad crónica es mucho más frecuente de lo que puede parecer y tiene un pacto devastador en nuestra salud física y emocional. Cuando nos sentimos solos, a menudo adoptamos actitudes que impidan que seamos rechazados, saboteando así las posibilidades que tenemos de disfrutar de compañía. Las excusas que nos ponemos a nosotros mismos son innumerables: ¿para qué voy a ir a la fiesta, si no conozco a nadie? ¿para qué les voy a llamar yo, si no me llaman ellos? Es importante forzarse a entrar en contacto con viejos amigos o nuevos conocidos, y no ser condescendientes con las propias excusas que nuestra mente crea por miedo al rechazo.
  • Culparse por dañar a los demás. Un excesivo cargo de conciencia aparece cuando nuestros actos han perjudicado a alguien querido que no nos perdona por el dolor causado. Normalmente esto se debe a lo inadecuado de nuestras disculpas. No debemos perder de vista que el ingrediente fundamental de cualquier disculpa efectiva es la empatía. Así, hay que hacer ver a la otra persona que realmente comprendemos cómo se siente, y expresar un sincero arrepentimiento. La persona herida nos perdonará si entiende cuánto lo sentimos y nuestra culpa desaparecerá al instante.