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Pedro de Valdivia: el explorador que murió con las botas puestas

El más terrible de los sentimientos es el de tener la esperanza perdidaFederico García Lorca Para poner la tinta sobre el

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Pedro de Valdivia: el explorador que murió con las botas puestas
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    El más terrible de los sentimientos es el de tener la esperanza perdida

    Federico García Lorca

    Para poner la tinta sobre el papel, si alguien le dio buen uso al “Camino Inca” en el siglo XVI, esos fueron los soldados españoles en su ajetreo conquistador. Aquella obra de ingeniería podía compararse a las calzadas romanas de mejor factura sin tener nada que envidiar. Posiblemente el verdadero El Dorado estuviese bajo sus pies y no fueran conscientes de ello, pues las facilidades de transito y acceso rápido que proporcionaba esta estratégica vía eran incontestables.

    Pedro de Valdivia era un extremeño que tenía una expectativa algo escéptica en cuanto a un futuro prometedor y que de joven se apostaba a la salida del pueblo, en una encrucijada de caminos, para combatir el tedio, la solana o lo que fuera que no le daba una respuesta a sus sueños de volar, y ahí, encima de una piedra, solía echar el rato mientras le atizaba con una “china” a algún lagarto con insolación. El caso es que el futuro se acercaba a paso de tortuga y este hidalgo hijo de una longeva familia militar fue al encuentro de su apuesta. Lo tuvo muy claro desde que se extendió la voz de que allende los mares había unas tierras donde todo lo infrecuente ocurría y la exuberancia era la tónica. Con estos mimbres, el de Castuera tejió su lógica.

    El alma de la época estaba habitada por el impacto del Descubrimiento. Sus consecuencias habían calado hasta el último estrato de la sociedad y nadie que se preciara de tener aspiraciones era indiferente a sopesar alternativas.

    Una carrera meteórica

    Nuestro soldado cruzó el océano y se metió en harina rápidamente. Una buena relación con Pizarro y una apreciada colaboración en las trifulcas contra los almagristas hicieron que prosperara su posición y rango de tal manera que en poco tiempo estaba situado en cargos de confianza.

    Entonces apareció en la escena Chili (Nueva Extremadura) o lo que hoy podría ser la franja de cinco mil kilómetros que recorre estrecha y comprimida de norte a sur el peculiar país andino al que hoy conocemos como Chile. El problema es que había bastantes “indios” que eran reacios a entenderse con el rey español y había que meterlos en “contabilidad”. Para recordarles la autoridad, y de paso recaudar fondos para el monarca, fue designado Pedro de Valdivia.

    Valdivia tuvo que lidiar con un intento de asesinato promovido por su mentor y mayor accionistaEn su incesante progresión, los españoles a veces colisionaban en pequeñas escaramuzas con dispersos grupos de indígenas mal armados. En otras, debían de enfrentarse a formaciones con alto grado de preparación y un superior conocimiento del terreno. Tanto la tropa como los mandos eran conscientes de estar asistiendo a un momento histórico en medio de aquellos parajes donde el silencio estaba más presente que cualquier otra expresión de la naturaleza. Haber cruzado un océano y subir a las cumbres mas altas de la Cordillera Andina les permitía ver las cosas con cierta perspectiva.

    Por el camino hacia el sur, Valdivia, además de sufrir algunos severos contratiempos financieros –las ayudas prometidas no llegaban a tiempo–, tuvo que lidiar con un intento de asesinato promovido por su mentor y accionista de mayor peso, Pedro Sánchez de la Hoz, que previamente había caído en desgracia por el acoso de los acreedores, pues sus deudas le habían granjeado algunos enemigos que le aligeraron bolsa y alforjas. La verdad es que no pintaba bien una exploración de esa envergadura con tan malos augurios.

    Superadas estas contingencias, el centenar largo de soldados que había reunido el empecinado extremeño discurría entre escaramuzas y algunos momentos de asueto en la consecución de la sufrida tarea de conquistar.

    No siempre los locales eran invisibles

    Los indígenas acudieron a toda suerte de añagazas y trapacerías para disuadir a los españoles en su afán de hacer mas elásticas las fronteras del emperador. Podían, a la más mínima advertencia o alerta, dejar sus pertenencias más consideradas, pero el grano y las vituallas siempre lo acarreaban consigo. La tropa, algo famélica, empezó a pegar en vacío y a visitar aldeas fantasmagóricas, por deshabitadas. Un solemne silencio solía preceder al rumor metálico de petos y arcabuces.

    Los indígenas arremetían contra los españoles con buen ánimo y malas intencionesPero no siempre los locales eran invisibles a los conquistadores, ni se echaban al monte de buenas a primeras al ver un caballo con una prolongación encima. Hubo ocasiones en que la resistencia fue algo mas que aguda y los exploradores sufrirían algunos severos correctivos. Al parecer las plegarias a su dios Viracocha eran atendidas ocasionalmente y, debidamente motivados por la iracunda deidad arremetían contra los españoles con buen ánimo y malas intenciones .

    Exhaustos y después de atravesar un lugar llamado Atacama, sitio que al parecer sólo está en los registros del diablo y poblado por una enorme cantidad de estáticas y silentes momias que saludaban a los ocasionales transeúntes, fueron salvados in extremis por las habilidades mágicas de Inés Suárez que era la amante confesa de Valdivia –la tropa solo bebía el agua del rocío que rebanaban al cuero con esmerada atención–, hizo esta que con la alegría de sus artes mágicas según cuentan, brotara un manantial de la nada ante la perpleja tropa en el lugar que hoy en día lleva por nombre la Aguada de Doña Inés.

    Mas tarde fundaría Santiago y seguiría tras la estela del recalcitrante cacique que tantos disgustos les habría dado. En las faldas del Aconcagua tenia el pillastre de Michimalonco sus lavaderos de oro a buen recaudo. Consciente de la avidez de los invasores los atrajo con malas artes y, finalmente, en una emboscada les dio un expeditivo salvoconducto para el mas allá.

    Michimalonco y su hermano Trajalongo estaban exultantes pues habían conseguido reunir a más de doce mil guerreros con el nivel suficiente de agravios como para preocupar seriamente a los españoles. Por entonces, los almagristas, que en Perú habían liquidado a Pizarro, habían dejado una carta de presentación para Valdivia con una nueva conspiración que fue abortada al límite.

    Entretanto, los ejércitos sublevados del Aconcagua con la ayuda de los Mapuches habían dejado la ciudad de Santiago como una tabla rasa a juzgar por el énfasis destructivo con el que se habían empleado. Una tenaz resistencia al limite de lo razonable impidió que acabaran cautivos o algo peor.

    Cuentan las crónicas que Valdivia intercambió con los indios 'agua de fuego' por 'humo de reír'Ya en el año 1543, el teniente Monroy, después de muchas vicisitudes había logrado aportar cerca de un centenar desoldados de caballería traídos a marchas forzadas desde Perú, que junto con los de un bergantín lleno de condumio y vituallas varias proveniente del Callao había desembarcado en Valparaíso.

    Al parecer, Michimalonco y sus colegas ante la que se les avecinaba se lo debieron pensar mejor y se hicieron amigos de toda la vida de Valdivia y los suyos. Cuentan las crónicas que intercambiaron “agua de fuego” “por “humo de reír”.

    La esclavitud, el verdadero negocio

    En las encomiendas se basaba la fuerza de la conquista de América, pero la palabra "encomienda" solo disfrazaba un hecho de más calado y peor imagen, tal cual era la esclavitud de los indígenas. Los indios locales, al no confiar en la tropa invasora, habían decidido poner pies en polvorosa con lo que los españoles no lo tenían fácil para capturar mano de obra a precio de ganga.

    Pero lo que sucedía en realidad era que la población indígena, harta de los saqueos y expropiaciones sin cuento, se había acabado organizando y la guerra de Arauco estaba a las puertas y con la macabra melodía de sus cuernos de combate al máximo de decibelios.

    En 1550 en la batalla de Andalien, los Araucanos en varios y sucesivos asaltos casi exterminan a los españoles. A aquellos indígenas que sobrevivieron a esa gran matanza Valdivia les deparaba una atención singular. Cerca de un millar de amputaciones fueron el gráfico y elocuente mensaje que el gobernador enviaba a modo de aviso a navegantes.

    Pero todo aquel ímpetu guerrero de Valdivia quedaría trastocado cuando al acudir en socorro del llamado de un amigo sitiado por las tropas de Lautaro,fue emboscado. Tras un brutal choque con los indígenas y mas de un millar de caídos en combate, finalmente fue capturado. Sometido a tortura durante tres intensos días, aquel soñador de los días de juventud expiró para desgracia suya y regocijo de sus verdugos que creían haber acabado con aquella suerte de demonio.

    El avance de Valdivia fue finalmente detenido por Lautaro y Caupolicán un caluroso día de diciembre en medio de la canícula veraniega del hemisferio austral. Discurría el año 1553. Posteriormente Alonso de Ercilla ampliaría la épica de la conquista con su poética crónica de La Araucana haciendo especial mención de este hecho.

    Alma, Corazón, Vida
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