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El Confidencial

Marcianos, anarquistas y romanos: diccionario esencial de Eduardo Mendoza

El escritor catalán recibe este jueves en un acto presidido por los Reyes el máximo galardón de las letras en castellano. ¿Cuáles son las claves de su obra?

Marcianos, anarquistas y romanos: diccionario esencial de Eduardo Mendoza
20.04.201705:00 H.

En 1975 Eduardo Mendoza era un niño bien de la burguesía catalana que disfrutaba de sus ociosos treinta años en Nueva York viviendo de las traducciones. Fue ese año cuando publicó su primera novela, la excepcional 'La verdad sobre el caso Savolta'. En aquella intriga policial, sucia y violenta en la Barcelona de los años 20, la de las persecuciones entre pistoleros de la patronal y anarcosindicalistas, brillaban ya sus destrezas narrativas: una prosa sencilla y eficaz, la composición de materiales diversos, el gusto por los temas históricos y populares y, sobre todo, el sentido del humor. El libro fue reeditado el pasado 2015 por Seix Barral con el título original que quiso ponerle su autor y que impidió la censura franquista: 'Los soldados de Cataluña'. Este jueves Mendoza recibirá en Alcalá de Henares de manos de los Reyes el premio Cervantes dotado con 125.000 euros.

Hijo de un fiscal, Mendoza obtuvo la licenciatura de Derecho en 1965 y se marchó inmediatamente a recorrer mundo, primero el continente y después EE.UU. a donde llegó a principios de los 70. Pese al éxito fulgurante de 'La verdad sobre el caso Savolta', siguió trabajando como traductor en organismos internacionales de Viena y Ginebra y otras ciudades y no regresó a España hasta 1983. Su popularidad creció en los 90, convirtiéndose en un escritor muy popular que fue reconocido como tal con el premio Planeta en el año 2010 por 'Riña de gatos'. Y que no ha ceñido su afición por la comedia histórica a la España reciente como muestra en uno de sus últimos libros más vendidos, una de romanos titulada 'El asombroso viaje de Pomponio Flato'.

¿Cuáles son las claves literarias del Cervantes 2017, sus motivos, sus querencias, su peculiar cartografía literaria?

A de Anónimo

Nueva York, verano de 1977. Eduardo Mendoza ha irrumpido espectacularmente en el mundo literario con 'La verdad sobre el caso Savolta' y ahora no sabé de qué demonios va a ir su segunda novela. Un viaje relámpago a su Barcelona natal le sienta bien, le espabila el recuerdo de la ciudad de su infancia y le carga las pilas con la pasión y esperanza que prenden en los primeros compases de la Transición. Así que se encierra en su modesto apartamento neoyorquino con un aparato de aire acondicionado "asmático" y comienza a escribir en cuadernos rectangulares que compra de cinco en cinco. El resultado es tan divertido que su autor no puede evitar reírse solo recordando lo escrito al término de cada jornada mientras cena en un turbio figón. Concluye el manuscrito enfebrecido en solo una semana y, sin muchas certezas, lo empaqueta destino Seix Barral, en Barcelona. Y adjunta esta nota: "leed esto y, si os merece interés, publicadlo; si no, tiradlo a la papelera más próxima".

'El misterio de la cripta embrujada'

La respuesta no tarda en llegar: "La novela nos ha divertido; la publicaremos y dejaremos que los lectores decidan". Cuarenta años después 'El misterio de la cripta embrujada' (1978) suma más de treinta ediciones y es una de las obras más populares de su autor quien asegura, según ha declarado públicamente, que es su novela favorita de entre todas las que ha escrito. En sus páginas, a medio camino entre la novela negra y la comedia costumbrista, hace aparición el desopilante detective sin nombre al que la inepta policía barcelonesa saca del manicomio cada vez que entra en barrena la investigación de un caso. El personaje tuvo tanto éxito que ha protagonizado hasta el día de hoy nada menos que cinco novelas, la última de ellas publicada en 2015 con el título de 'El secreto de la modelo extraviada'.

B de Barcelona

"No creo que 'La ciudad de los prodigios' sea ni pretenda ser 'la novela de Barcelona'. En contra de lo que a veces sea dicho, cuando apareció Barcelona ya contaba con un número considerable de novelas que acometían una empresa similar: la de dar una visión global de la evolución de esta ciudad excéntrica a través de las peripecias individuales de un conjunto de personajes no menos excéntricos". Así, quitando hierro, presentaba Mendoza en el prólogo la que la crítica considera la mejor de sus obras, una excepcional panorámica histórica de la ciudad condal que persigue la peripecia vital del inmigrante Onofre Bouvila, delincuente de poca monta y anarquista entre las exposiciones universales de 1888 y 1929.

'La ciudad de los prodigios'

En ese mismo prólogo Mendoza explica el lento y penoso proceso de escritura de un libro que en un principio iba a cubrir un periodo histórico mucho más extenso. Pero el cambio más sustancial consistió en trocar un protagonista externo a los hechos, puro observador, por otro plenamente implicado en ellos. Por último, el escritor, tirando nuevamente de modestia, aseguraba que el evidente éxito cosechado por la novela debía mucho "de la fama que adquirió Barcelona poco después de ser publicada. Quiero decir que sin el interés adicional de Barcelona y su reputada transformación urbanística, la novela no habría despertado tanto interés".

La verdad, si 'La ciudad de los prodigios' no es "la novela de Barcelona", se queda muy cerca.

C de Cervantes

Sí, como premeditación o juego del destino, el flamante premio Cervantes abrió la primera novela que escribió, la elogiada 'La verdad sobre el caso Savolta', con una cita de 'Don Quijote de la Mancha'. Como queriendo prefigurar las oscuridades criminales en las que el lector se adentraba, el texto recogía cómo el maltrecho hidalgo intentaba tranquilizar al siempre tan fiel como cobardica Sancho Panza: "No tienes de qué tener miedo, porque estos pies y piernas que tientas y no ves sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados, que por aquí los suele ahorcar la justicia, cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta; por donde me doy a entender que debo de estar cerca de Barcelona".

G de Gurb

Los lectores de Mendoza aprecian por igual la altura literaria de novelas complejas como 'La verdad sobre el caso Savolta' o 'La ciudad de los prodigios' y la muy divertida levedad de su saga del detective anónimo del manicomio, pero, si hay un libro al que guardan especial cariño, ese es 'Sin noticias de Gurb', publicado incialmente como serial en la prensa. Gurb es un marciano, un extraterreste que aterriza y se pierde en la Barcelona preolímpica con la apariencia de Marta Sánchez. Un compañero alienígena emprende su búsqueda mientras describe en su diario de viaje, a modo de antropólogo circunstancial, el carnaval ambulante en el que se ha convertido la ciudad. Y se adentra también en las más hondas visicitudes del alma humana. Valga un ejemplo.

'Sin noticias de Gurb'

"Concluyo el recorrido del barrio de Pedralbes sin haber encontrado a Gurb, pero muy gratamente impresionado por lo elegante de sus casas, lo recoleto de sus calles, lo lozano de su césped lo lleno de sus piscinas. No sé por que algunas personas prefieren habitar en barrios como San Cosme, de triste recuerdo, pudiendo hacerlo en barrios como Pedralbes. Es posible que no se trate tanto de una cuestión de preferencias como de dinero. Según parece, los humanos se dividen entre otras categorías, en ricos y pobres. Es ésta una división a la que ellos conceden gran importancia, sin que se sepa por qué. La diferencia fundamental entre los ricos y los pobres parece ser ésta: que los ricos, allí donde van, no pagan, por más que adquieran o consuman lo que se les antoje. Los pobres, en cambio, pagan hasta por sudar".

M de Mendoza

¿O de 'Menopausia'? Algunos críticos han detectado en la trayectoria literaria del Mendoza de los últimos años una suerte de bajón narrativo. Sus novelas, siempre dignas, parecían haber abandonado el reto de la complejidad y el esfuerzo de sus magnas obras iniciales. Alberto Olmos resumía así en este periódico el "acomodo" del escritor: "Eduardo Mendoza es un catalán londinense, un elegante congénito; educado, bonachón, fiel a su bigote y responsable de una las frases más decentes que le habré oído nunca a un escritor: 'Yo ya sé que no voy a cambiar la historia de la literatura'. La pronunció hace algunos años en una entrevista, y venía a dar la razón -interpreto- a aquel concepto que acuñara Cyril Connolly en los años cuarenta del siglo XX: la menopausia del escritor. Era aquello que un autor podía empezar con grandes ambiciones, con la aspiración atolondrada de hacerle sombra al mismísimo Shakespeare, pero que siempre llegaba un momento en el que tenía que reconocer que su talento no daba para más".