DE NADA SIRVE LAMENTARSE

Cómo sobrevivir a la crisis y no morir en el intento

Hay dos cosas fundamentales en que la crisis económica nos ha torpedeado desde el punto de vista psicológico. La primera se llama seguridad, que es lo

Autor
Tags
    Tiempo de lectura8 min

    Hay dos cuestiones fundamentales en las que la crisis económica nos ha torpedeado desde el punto de vista psicológico. La primera se llama seguridad, que es lo mismo que sensación de control de lo que nos sucede, y por eso Rojas Marcos nos aconseja en su último ensayo sobre la felicidad que intentemos mantener siempre un último reducto de control personal ante la adversidad, un lugar de libertad interior, porque pensar que somos nosotros los que gobernamos nuestro destino y no las circunstancias, nos hará más felices, más fuertes, y nos proveerá de más herramientas útiles para cambiar aquellos factores de nuestra realidad que nos causan infelicidad. Ejemplos no faltan. Si pensamos en Nelson Mandela y sus años de cautiverio nos aparecerá meridianamente clara la importancia de la autonomía interior. 

    Es verdad que para muchos de nosotros la crisis significa desempleo propio o de personas muy próximas, con sus secuelas de escasez, deshaucios, pobreza, y lo que es peor, indefensión y desesperanza; pero no es menos cierto que tenemos armas con las que defendernos. El cerebro humano es un ente prodigioso y la pregunta real es qué podemos hacer ante esta situación.

    La primera decisión fundamental es tomarse el tiempo para decidir si nos vamos a declarar víctimas o supervivientes. De nada sirve lamentarse y esperar de forma pasiva a que escampe o a que otros solucionen nuestros problemas mientras morimos frente al televisor escuchando la crónica cotidiana de los desastres políticos y económicos. Al menos de nada sirve, si de esto no se desprende la idea clara de declararse superviviente y por lo tanto actor de la propia vida y ponerse a actuar en consecuencia.

    El lado positivo

    Lo primero es plantearse cuál es el lado positivo de las cosas, que casi siempre existe, como plantea David O. Rusell en su película de 2012, donde los dos protagonistas deben luchar no sólo contra sus crisis personales desatadas por factores externos a ellos, y sobre las que carecen de responsabilidad, sino que además deben hacerlo condicionados por el desequilibrio mental que les tortura y por el que tanto son estigmatizados por la sociedad.

    La primera decisión fundamental es tomarse el tiempo para decidir si nos vamos a declarar víctimas o supervivientesPero a pesar de todo, estas dos personas comienzan a ser supervivientes y no víctimas cuando se unen en un empeño común de superación, simbolizado en el reto de componer un baile juntos y presentarse a un concurso. No diré si ganan o pierden el concurso, porque espero que alguno de los que lean esto vaya a ver la película. El arte siempre se adelanta a la psicología, porque intuye los principios esenciales que gobiernan la naturaleza humana. 

    Casi cualquier situación humana tiene un lado positivo. Quizá nosotros perdimos el empleo, y con ello el norte y el sur de nuestra vida, pero, ¿qué hemos ganado? Contémonos las cosas bien. Quizá ahora podemos estar más tiempo con nuestros hijos, hablar con ellos, jugar con esos hijos que crecían muy deprisa mientras no los veíamos casi nunca. O es la ocasión de podernos formar en eso que siempre fuimos dejando atrás por falta de tiempo, y que quizá nos ayude a encontrar ahora empleo, o podemos planear ese negocio que siempre quisimos tener, escribir nuestra historia, que es un ejercicio muy saludable para nuestra salud mental, o podamos leer, pasear por las mañanas tranquilamente, ir a un parque y tener el tiempo de fijarnos en los árboles y hablar con desconocidos, disfrutar de los espacios de ocio y esparcimiento gratuitos que en casi todos los pueblos y ciudades existen, visitar a esos abuelos o parientes lejanos.

    Existen tantos y tantos placeres gratuitos y cotidianos que nos perdemos cuando estamos trabajando que esta es la ocasión de vivir, o como diría Lennon, la vida es eso que pasa mientras nosotros estábamos ocupados en otra cosa.

    Herramientas psicológicas a poner en marcha

    Pero esto es sólo un lado de la parte positiva. Existe un lado menos contemplativo. También podemos asociarnos a entidades o con otros para luchar por nuestros derechos legítimos, trabajar de voluntarios, aprender a cocinar, planchar o hacer bricolaje o encargos para los otros que aún trabajan y viven con nosotros, es decir, trabajar a favor por y con los demás. Cierto, todas las actividades del mundo enunciadas no nos devolverán el trabajo seguramente, ni la tranquilidad económica, y a los hijos, además de contemplarlos hay que alimentarlos, luego a la vez que buscar y disfrutar del lado positivo de las cosas hay otro tipo de herramientas psicológicas que deberemos poner en marcha para volver a encontrar un empleo.

    Otro factor fundamental es mantener una disciplina estricta en cuanto a horarios y actividades de autocuidado personalCada cual en su ámbito deberá entonces plantear las estrategias activas que más le convengan, desde la reconversión a otro tipo de empleo, el autoempleo, la formación profesional dirigida a los sectores de mayor demanda, oposiciones al estado o autonomías… Y entretanto, esa pequeña multitud de pequeños trabajos que se nos pueden pasar desapercibidos y que se encuentran dentro de la propia comunidad: llevar a los hijos de otros al colegio, pequeños trabajos de bricolaje en el vecindario, cuidado de personas mayores y animales domésticos, clases particulares de las materias en que estemos formados… trueque incluso de unos servicios por otros con otras personas paradas. Sacar ventaja de la desventaja, la imaginación al poder adquiere aquí todo su sentido. 

    Para conseguir todo esto, un método sencillo es plantearse una serie de metas a corto plazo, día a día. Elaborar una lista al inicio del día y revisarla al día siguiente, tachando lo conseguido o realizado y añadiendo nuevas metas, pero ojo, siempre metas realistas, no de esas que se escapan a nuestro control nuevamente, como “ganar a la lotería”. Otro factor fundamental es mantener una disciplina estricta en cuanto a horarios y actividades de autocuidado personal, lo que se llama “no abandonarse”, y que es el paso previo a la depresión.

    Hasta aquí el primer factor que ha truncado nuestra tranquilidad, la pérdida de nuestra seguridad y el cómo ir recuperándola. El segundo factor de supervivencia tiene que ver con la convivencia social, la mayor o menor satisfacción con las normas sociales del mundo que nos ha tocado vivir. Esta crisis ha afectado también a nuestra concepción del mundo social. Nada va a ser igual que ayer, nada es igual, como tan bien explica Antonio Muñoz Molina en su ensayo Todo lo que era sólido, o más bien lo parecía, porque sólo era un remake moderno del antiguo Retablo de las Maravillas de Cervantes.

    Control personal y aquiescencia social

    Nada es nuevo entonces, pero lo que no cambia es la naturaleza humana. Esa naturaleza que se nutre de la necesidad de poder anticipar al menos en parte el futuro y adaptarse al medio social. O lo que es lo mismo, aceptar más o menos lo que es “políticamente correcto” y asumido por la comunidad en cada momento histórico.

    La paz social se llama hoy familia, amigos, abuelos y personas anónimas que con su ayuda y sostén están consiguiendo más que todos los ministrosControl personal y aquiescencia social son las dos variables psicológicas necesarias para nuestra salud mental y nuestra felicidad: el sentimiento de gobernar nuestra propia vida y la conformidad con las reglas sociales formales e informales que nos toca asumir. Pero estamos descontentos con los que nos gobiernan y gobernaron y muchos consideran que esta es una situación catastrófica. ¿Por qué? ¿Existe algún motivo para pensar, con datos históricos en la mano que las cosas no van a mejorar de ahora en adelante?

    No es un ejercicio de ingenuidad pensar que de todo el descalabro político actual vendrán tiempos mejores, más racionales y menos corruptos, y no lo es, por el mero hecho de que la historia demuestra que tras cada crisis o debacle viene un tiempo mejor. Y toda debacle tiene también un lado positivo, que es el de la solidaridad y el altruismo absoluto del género humano, cuando es preciso; o si no, ¿de verdad creen ustedes que con seis millones de parados es posible la paz social?

    La paz social se llama hoy familia, amigos, abuelos y personas anónimas que con su ayuda y sostén están consiguiendo más que todos los ministros y sesudos economistas europeos juntos en todas sus reuniones y conferencias. Así pues, contémonoslo otra vez bien. Otras cosas vendrán, pero no volveremos a sufrir casos Urdangarín, Bankia, Bárcenas o ERES andaluces. Y volveremos un día a estar satisfechos del país en que nos tocó vivir.

    Alma, Corazón, Vida
    Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
    1comentario
    Por FechaMejor Valorados
    Mostrar más comentarios