MARIO TASCÓN ANALIZA EL CIBERACTIVISMO

"Con casos como el de Pablo Herreros, las élites pretenden acallar a los críticos"

Apocalípticos o integrados. Así agrupaba Umberto Eco hace ya 47 años las dos corrientes teóricas sobre las consecuencias, positivas o negativas, de la cultura de masas

Foto: Con casos como el de Pablo Herreros, las élites pretenden acallar a los críticos
"Con casos como el de Pablo Herreros, las élites pretenden acallar a los críticos"
Autor
Tags
    Tiempo de lectura7 min

    Apocalípticos o integrados. Así agrupaba Umberto Eco hace ya 47 años las dos corrientes teóricas sobre las consecuencias, positivas o negativas, de la cultura de masas en la sociedad. Una clasificación que no ha perdido ni un ápice de actualidad con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, aunque adaptando su terminología al entorno cibernético: ciberpesimistas frente a ciberoptimistas. Las tesis de Mario Tascón, empresario y consultor tecnológico, además de afamado gurú internacional de los medios de comunicación, se enmarcan claramente en la segunda opción, como se puede comprobar en su última obra, escrita conjuntamente con Yolanda Quintana, bajo el título de Ciberactivismo, las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas (Catarata).

    Un ensayo en el que se pone de relieve el alcance de las nuevas tecnologías de la comunicación para protestar contra los gobiernos, políticos o grandes empresas, mientras los poderes clásicos asisten con estupefacción a un mundo en el que el “control” sobre los clientes, trabajadores o ciudadanos se les escapa de las manos, según apunta el autor a El Confidencial. “En los últimos años se han producido una serie de cambios muy importantes que han repercutido en diferentes ámbitos sociales, desde el político y económico hasta el laboral y cultural”. Un contexto que para Tascón se está traduciendo en “una guerra entre las viejas y las nuevas élites”.

    El poso que están dejando en la sociedad los cambios tecnológicos dibuja, según el empresario, un nuevo e irreversible escenario en el que “los poderes establecidos tienen los días contados en caso de que sigan resistiéndose a integrarse en el nuevo entorno”. De no adaptarse a las herramientas digitales y a los valores que las sustentan, asegura, muchos de los actores y estructuras sociales tradicionales acabarán desapareciendo.

    Cambios en las relaciones de poder

     “No sabemos cuánto tardarán en derrumbarse, pero ya hay señales claras, como las de la marea blanca impulsada por los sanitarios y pacientes, por poner un ejemplo de actualidad, que demuestran la incapacidad de los sindicatos de conectar con esta nueva cultura de protesta laboral. Una cuestión que también quedó reflejada en la pasada huelga general”, añade Tascón. Antes, no quedaba más remedio que recurrir a algún tipo de organización para impulsar una reivindicación política o laboral, sin embargo, “ahora cualquiera puede convertirse en activista y erigirse él solo en un intermediario de la sociedad con el poder, independientemente de las intenciones de cada uno”.El sistema económico actual no ha sabido adaptarse al nuevo paradigma de la digitalización, lo que ha empeorado la crisis

    Los sindicatos solo son un ejemplo de lo que la sociedad digital se puede llevar por delante. Para el empresario y consultor, la crisis de legitimidad de los partidos y representantes políticos reside precisamente en la falta de encaje de unas estructuras jerárquicas y opacas con la horizontalidad y trasparencia que dan esencia a la red. “No es de recibo que en pleno siglo XXI tengamos presidentes que son analfabetos digitales, como ellos mismos han reconocido. Desde mi punto de vista, la brecha entre ciudadanía y políticos se debe a la falta de cultura tecnológica de los segundos, cuya forma de actuar, por ejemplo abriendo cuentas en redes sociales solo durante la campaña electoral, provoca su descrédito y desconfianza, aunque este último sentimiento es mutuo”. Esta desconfianza mutua es para Tascón una de las principales explicaciones de falta de legitimidad de los representantes políticos entre la ciudadanía, como han señalado durante los últimos meses las encuestas del CIS. 

    “Las tensiones entre las élites acabarán explotando”

    Las tensiones entre las viejas élites y las nuevas se producen porque las primeras pelean por no perder terreno, mientras que las segundas exigen su reconocimiento. Esta “batalla” se ha producido en diferentes campos. Uno de los más visibles fue la Ley Sinde sobre propiedad intelectual, y según vaticina Tascón, este enfrentamiento no tiene visos de resolverse mediante la integración de la cultura tradicional con la digital, sino que “esto tiende a romper”. Es decir, el empuje hacia delante de unos es tan fuerte como las resistencias de los otros, por lo que “si enfrentas así dos posturas antagónicas, las estructuras no se deformarán, sino que se romperán directamente”.Hoy en día no hace falta que los grandes periódicos hablen sobre algo para que la opinión pública lo conozca

    Las primeras brechas de la ruptura que anticipa Tascón se visualizarán en aquellas estructuras que estén más debilitadas. Como ejemplo, el autor recurre a las revueltas de la denominada Primavera Árabe. “Su sistema era débil y las redes sociales lo hicieron explosionar, lo que no deja de ser sorprendente al tratarse de una región donde la conexión a internet es de las más bajas del mundo. Lo que pasó fue que quienes contaban con perfiles en Facebook o Twitter y difundieron sus reivindicaciones fueron los jóvenes y estudiantes; es decir, esas nuevas élites hicieron de altavoz a sus familias y al resto de la sociedad sabiendo manejar las nuevas dinámicas de la difusión de información”.

    La cultura hacker está moldeando la sociedad

    Como gurú de la comunicación, Tascón no puede dejar por alto durante la entrevista el hecho de que ya estemos viviendo en un nuevo ecosistema de la comunicación. “El papel no es importante, hoy en día no hace falta que los grandes periódicos hablen sobre algo para que la opinión pública lo conozca porque ya tenemos acceso a esas informaciones en las redes; y el éxito de los grandes medios digitales es un ejemplo. Lo que pasa es que los cambios están siendo tan rápidos que no nos está dando tiempo a verlos y menos aún a asimilarlos”, concluye.No es de recibo que en pleno siglo XXI tengamos presidentes que son analfabetos digitales como ellos mismos han reconocido

    Los principios éticos de los padres de internet en la década de los 60 son los que hoy en día dan forma a las relaciones de poder en la red, que poco tienen que ver con las tradicionales. La meritocracia, un valor fundamental para aquellos hackers de ARPANET, significa que “los internautas no son quienes son por su sexo, raza o clase social, sino por lo que hacen y por lo buenos que son. Este fenómeno está muy extendido y se empieza a practicar entre las nuevas generaciones”, apunta el autor, saltando de la vida virtual a la real. Asimismo, la democratización del acceso a la información, la cultura libre y la creación del conocimiento mediante la inteligencia colectiva no han dejado de contagiarse de la red a la calle, transformándose en esa suerte de ciberactivismo sobre la que indaga Tascón. La economía del don o del regalo es otra de las prácticas que intercalan. Quizá porque la economía tampoco se libra de los efectos de la cultura surgida al amparo de la red. “El actual sistema económico no ha sabido adaptarse a la digitalización”, en la cual la producción de materias primas pierde peso en favor de los bits y la redistribución a gran velocidad. "Esta falta de adaptación posiblemente ha empeorado las consecuencias de la crisis”, apunta el autor.

    Precisamente, la popularización de estas prácticas está provocando como respuesta de los poderes establecidos una cruzada jurídica en muchos países “para tapar todos los agujeros posibles, que van desde el control de los sistemas de propiedad intelectual, hasta leyes completamente obsoletas que pretenden acallar las opiniones de los internautas”. El caso Pablo Herreros es para Tascón, “un ejemplo más de que no solo se intenta silenciar a los críticos, sino que quieren dar un escarmiento para que nadie más repita su acción”. Pero el efecto Streisand ha vuelto a demostrar que cuanto más se intente silenciar más ruidoso lo hará la red.

    Alma, Corazón, Vida
    Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
    2 comentarios
    Por FechaMejor Valorados
    Mostrar más comentarios