La última factura de Calatrava: 13 millones tirados en un solar de Valencia

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Un centenar de piezas del Ágora en un descampado. (Ximo Romero)
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Un centenar de piezas del Ágora en un descampado. (Ximo Romero)

Un centenar de piezas que iban a servir para cubrir el Ágora de la Ciudad de las Ciencias de Valencia se quedarán abandonadas en un descampado.
La cubierta ya no será móvil. (Ximo Romero)
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La cubierta ya no será móvil. (Ximo Romero)

Las lamas debían servir de cubierta móvil para el Ágora, pero el proyecto ha sido descartado definitivamente.
Fusión con la vegetación. (Ximo Romero)
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Fusión con la vegetación. (Ximo Romero)

La vegetación cubre las lamas de acero abandonadas en un solar junto a la Ciudad de las Ciencias. 
Grandes dimensiones. (Ximo Romero)
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Grandes dimensiones. (Ximo Romero)

Las piezas metálicas tienen más de un metro de altura y más de viente metros de largo.
Un descampado al aire libre. (Ximo Romero)
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Un descampado al aire libre. (Ximo Romero)

Las lamas están repartidas a lo largo de un gran descampado al aire libre.
Fabricadas en Asturias. (Ximo Romero)
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Fabricadas en Asturias. (Ximo Romero)

Las piezas se fabricaron en la acerera asturiana de Augescon, del extinto grupo Ros Casares.
Santiago Calatrava descartó varias piezas. (Ximo Romero)
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Santiago Calatrava descartó varias piezas. (Ximo Romero)

Se quedaron apartadas porque Santiago Calatrava detectó desviaciones de algunos centímetros en algunas en su construcción y mandó reconstruirlas. La empresa subcontratista no aceptó esas quejas. Para cuando hubo acuerdo ya no había dinero para acabar el proyecto.
Enganchadas a la cúpula. (Ximo Romero)
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Enganchadas a la cúpula. (Ximo Romero)

Las piezas debían engancharse a la cúpula y poder abatirse para hacer un cierre móvil.
Al lado de un centro de investigación biomédica. (Ximo Romero)
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Al lado de un centro de investigación biomédica. (Ximo Romero)

Están desperdigadas al lado de un centro público de investigación en biomedicina (el Príncipe Felipe) que tuvo que hacer un fuerte ajuste de personal y proyectos por falta de presupuesto en 2011, el mismo año que se abandonaron las piezas.
El patio trasero de la Ciudad de las Ciencias. (Ximo Romero)
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El patio trasero de la Ciudad de las Ciencias. (Ximo Romero)

El descampado que acoge las lamas de acero no es visible al público que se acerca a visitar la Ciudad de las Ciencias. Es un solar no vigilado ubicado en el patio trasero del gran proyecto arquitectónico, en el tramo final del cauce del río Turia de Valencia con zonas todavía sin urbanizar.
Una obra previa de 4,6 millones. (Ximo Romero)
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Una obra previa de 4,6 millones. (Ximo Romero)

El remate del Ágora costará 4,6 millones, frente a los 20 millones que suponía acabar el proyecto original de Calatrava. Cuando esté terminado comenzarán las obras para ubicar un CaixaForum, con una inversión estimada de otros 18 millones de euros.
Así era el proyecto original con las lamas móviles.
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Así era el proyecto original con las lamas móviles.

La cubierta era móvil. Las piezas de acero se abrían y cerraban mediante un costoso mecanismo accionador.
Las lamas, en el Oculus de la Zona Cero de Nueva York. (Reuters)
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Las lamas, en el Oculus de la Zona Cero de Nueva York. (Reuters)

Santiago Calatrava rescató el proyecto de cubierta con aspas para la estación Oculus de la Zona Cero de Nueva York.
Más de un centenar de lamas de acero permanecen abandonadas desde 2011 en un solar junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Son las piezas de la cubierta móvil del edificio Ágora, cuyo cierre original ha sido descartado por su elevado coste y se ha modificado por un sellado menos complejo de instalar con el objetivo de desatascar el final de obra y ceder el espacio para un CaixaForum. El coste de su fabricación y su abandono ha sido cifrado en 13 millones por la Sindicatura de Cuentas valenciana. A esta cantidad habría que sumar los casi dos millones que cuesta sacarlas de donde están, algo que, de momento, la Generalitat no tiene en mente. Los honorarios por completar el edificio (que rondarán los 550.000 euros) y estas piezas sin destino engrosan la última factura del arquitecto Santiago Calatrava con su ciudad.
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