2.200 MULTAS POR BOTELLÓN EN TRES MESES

Hartos del 'parque temático' de Malasaña: "Ya se meten a cagar dentro de los portales"

Los vecinos lanzan un desesperado mensaje de ayuda al Ayuntamiento. Botellones, ruido, suciedad, meadas, vomitonas, pisos turísticos, lateros... "estamos en peligro de extinción", denuncian

Foto: Una viandante haciendo sus necesidades en una calle de Malasaña
Una viandante haciendo sus necesidades en una calle de Malasaña

"Somos vecinos en peligro de extinción. Malasaña en un parque temático que está sepultando derechos de los residentes como son el descanso y la inviolabilidad del domicilio. Necesitamos un estatuto especial, un pacto de la clase política, para que se nos proteja si es necesario, como el lince", señala contundentemente Jordi Gordon, portavoz de la asociación SOS Malasaña, que ha vuelto a lanzar un mensaje de socorro al Ayuntamiento de la capital, ahora que llega de nuevo el buen tiempo, para intentar frenar el desmadre que se vive, semana tras semana, hace ya muchos años, en uno de los barrios más populares de la capital.

Ese desmadre se traduce en botellones, ruido, mucho ruido, venta de alcohol ilegal, música en la calle, vómitos, meadas, basura, alguna que otra pelea y la proliferación de nuevas formas de negocio como los pisos turísticos y las barras de degustación que dañan seriamente la convivencia vecinal. "Malasaña siempre ha vivido picos. Y ahora se ha puesto de nuevo de moda. El parque temático se ha consolidado. Y nos jugamos la supervivencia de un barrio histórico. El alma de la ciudad son sus vecinos. El problema es que en Malasaña no hay límites, todo se puede hacer", se lamenta Gordon.

Miembros de la asociación SOS Malasaña
Miembros de la asociación SOS Malasaña

Carmelo Tejada, jubilado, vive con su mujer en la calle Velarde, una de las principales arterias del barrio que desemboca en la plaza del Dos de Mayo. "La mañana es salvable, pero llega la tarde y empieza el botellón, que ahora se extenderá a todos los días de la semana con el buen tiempo. Y entonces empieza el martirio que ya durará hasta bien entrada la madrugada. Estoy deseando que llueva para que el botellón se desinfle. Mi mujer nació en esta casa y yo vivo desde el año 1973. Dormimos con tapones y somníferos. La idea de mudarme es una derrota", señala este vecino.

"No hay respeto ni civismo. Muchos días cuando salgo de casa por la mañana temprano tengo que sortear latas, meadas, vomitonas y cagaleras. He pillado a gente que entra dentro de mi portal para hacer sus necesidades. O incluso a tener relaciones sexuales", asegura Carmelo. Sin olvidar un deporte que se ha puesto de moda entre muchos visitantes gamberros del barrio: llamar a todos los telefonillos por la noche para despertar a los inquilinos. Todos asumen que hay un problema. De hecho, el Ayuntamiento de Madrid creó en febrero la figura de la comisionada para el barrio de Malasaña, cargo que cayó en Mar Barberán, trabajadora social y periodista.

Gente bebiendo en la calle Velarde
Gente bebiendo en la calle Velarde

En principio, el objetivo de Barberán es claro: ser la interlocutora entre la Administración y los vecinos para tramitar sus reivindicaciones, movilizar y coordinar los recursos municipales para dar respuesta a esas peticiones, y poner en marcha un plan integral de actuación con el objetivo de recuperar Malasaña como "barrio histórico, cultural y emblemático de Madrid", un barrio que según SOS Malasaña se muere poco a poco. "De éxito". Malasaña está dentro del barrio Universidad del distrito Centro. Su población ha disminuido en la última década un 8%. De los 33.678 habitantes que había en 2010 ahora hay 30.897, de los que solo 2.500 son menores de 15 años y unos 9.400 son extranjeros, según datos del padrón municipal.

¿Cuáles son los problemas a los que se enfrenta el barrio? Mar Barberán lo tiene claro: el principal es "el consumo de alcohol en la calle, el botellón. Que con el buen tiempo ahora se extiende a altas horas de la noche. Un consumo barato, ya que los lateros que se mueven por todo el barrio venden las cervezas a un euro. Y todo esto provoca ruido y suciedad. En algunos puntos los distintos servicios de limpieza del Ayuntamiento pasan hasta siete veces al día". La Policía Municipal ha diseñado un dispositivo específico para el barrio y ha detectado los puntos más conflictivos.

Los restos del botellón en la plaza Dos de Mayo
Los restos del botellón en la plaza Dos de Mayo

Los primeros resultados llegaron en febrero. En el mismo mes de 2018, cuando los vecinos no habían conseguido todavía llamar la atención del Ayuntamiento, la Policía Municipal puso en todo el distrito Centro 902 multas por beber alcohol en la calle. En febrero de 2019, en solo un fin de semana, el primero en el que la Policía ponía en marcha su plan especial, los agentes pusieron 346 en un fin de semana solo en Malasaña. El dispositivo ya lleva tres meses, febrero, marzo y abril. En este tiempo se han tramitado ya 2.205 multas por consumo de alcohol en las calles de Malasaña. También se ha sancionado a 313 personas por miccionar en la vía pública y a 379 lateros por la venta ambulante de alcohol.

En su primera reunión con los vecinos, Barberán señaló que iba a ser "implacable con el botellón". No hay que olvidar que consumir alcohol en la calle conlleva multas de entre 100 y 600 euros. Y mear en la calle está castigado con una sanción de 751 euros. Los vecinos denuncian una y otra vez que el botellón no solo genera ruido, también suciedad, vandalismo, peleas y meadas en calles y edificios. "Ahora con el buen tiempo llega la temporada del aroma de Madrid, que no es otra cosa que los orines por todo el barrio", explica Jordi Gordon.

Un viandante orinando en una calle de Malasaña
Un viandante orinando en una calle de Malasaña

Para cuantificar el martirio que supone el botellón los vecinos han instalado tres sonómetros en tres puntos calientes: la calle Velarde, la calle San Andrés y la plaza del Dos de Mayo. "Hemos medido picos de 80 y 85 decibelios, lo que es ruido industrial. Con 75 decibelios debes llevar cascos contra el ruido", señala Gordon. "En mi casa tenemos que dar voces para oírnos y poner la tele a un volumen muy alto para poder escucharla", asegura Carmelo Tejada. "Y lo de abrir las ventanas en verano hay que olvidarse. Es imposible". Los vecinos no solo señalan el botellón como uno de los principales problemas del barrio.

Luego están las barras de degustación, que han empezado a proliferar en Malasaña. En el barrio los vecinos han contabilizado 650 locales de ocio, "seguramente la mayor concentración de bares del mundo". Pero ahora también han surgido estas barras de degustación, "una especie de cajón de sastre, que son una competencia desleal para el resto de bares que cumplen la normativa, y que venden alcohol a partir de las 22 horas aunque está prohibido. Basta con hacer una declaración responsable para abrir este tipo de negocios", señalan desde SOS Malasaña.

Uno de los sonómetros instalados en un domicilio de Malasaña
Uno de los sonómetros instalados en un domicilio de Malasaña

Vicente Pizcueta, de la Asociación de Empresarios de Ocio Nocturno de Madrid, recuerda que desde hace siete años no se pueden abrir nuevos bares en Malasaña, barrio incluido dentro de la Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE), y que por tanto no son los bares los que generan los problemas de ruido. "Son estas nuevas barras de degustación, como las tiendas regentadas por ciudadanos chinos o los negocios de comida rápida. No tienen ni baños, ni espacio, solo venden alcohol, lo que provoca que se consuma en la calle".

Pizcueta asegura que "el comercio está invadiendo a la hostelería. Lo hemos visto en las fiestas del Dos de Mayo. Estas barras de degustación venden a los lateros, que luego revenden a bebida en la vía pública. Ser ilegal sale gratis. Los lateros se meten hasta en los bares. Sin olvidar que las barras al tener libertad de horario también suministran bebidas a los inquilinos de los pisos turísticos", otro de los nuevos fenómenos de una ciudad tan cosmopolita como Madrid del que el barrio de Malasaña no está exento.

Según la asociación SOS el Ayuntamiento ha llegado ya a inspeccionar 1.300 pisos turísticos en Malasaña. "Muchos edificios se están vaciando de vecinos y todas las viviendas se están convirtiendo en pisos turísticos". Jordi Gordon, por ejemplo, ha tenido suerte porque en su bloque han hecho una junta y han vetado su instalación. "Somos 11 viviendas y solo había uno. Ya no se puede". El nuevo decreto aprobado por el Gobierno regional permite, por transposición de la ley estatal en vigor, que las comunidades de vecinos veten los pisos turísticos en sus bloques. Si hay una mayoría de tres quintos que lo respalda, se podrá incluir expresamente en los estatutos del inmueble para evitar que este negocio entre en el bloque. Tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento de la capital acaban de endurecer los requisitos para que el dueño de una casa destine su inmueble a fines turísticos.

Turistas llegando al barrio de Malasaña
Turistas llegando al barrio de Malasaña

Carmelo Tejada tiene dos pisos turísticos de un total de 26. "Solo esperamos que los inquilinos que vengan sean cívicos". Malasaña se ha convertido en uno de los barrios de Madrid donde más oferta concentran las plataformas de pisos turísticos. Informaciones publicadas por un diario del barrio, 'Somos Malasaña', aseguran que por ejemplo Airbnb ha llegado a ofrecer 1.900 viviendas en esta zona, solo superada por Lavapiés. "Los precios de los alquileres se han disparado en los últimos años", señala Jordi Gordon, "lo que está provocando que haya menos parejas con niños en el barrio. Solo tenemos cuatro parques infantiles".

Como la joven Manuela Malasaña hizo en mayo de 1808, levantándose en armas contra las tropas francesas, los vecinos del barrio quieren resistir "al ocio desmedido" que amenaza la zona. "Necesitamos un compromiso político que renueve nuestros derechos". La comisionada reconoce que el problema es complejo y necesita diferentes frentes de actuación, no solo el policial y las multas. "La solución está en la sensibilización, en el civismo y la educación", señala Mar Barberán, que recalca que el Ayuntamiento también ha puesto en marcha el programa 'salimos sin molestar', donde mediados informan a los visitantes del barrio que su ocio debe ser compatible con los vecinos de Malasaña. Mientras, estos singuen lanzando su particular SOS. "Lo dicho, estamos en peligro de extinción".

Madrid
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