GRA443, VALENCIA, 19 03 2017. Valencia celebra como cada San José, pero ahora luciendo su nuevo título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, el ritual del fuego para quemar sus 770 fallas, que han llenado de arte y sátira toda la ciudad durante cinco días de fiesta, turismo, devoción, pirotecnia y buen tiempo. En la imagen dos ninots de la falla infatil de Periodista Azzati son pasto de las llamas. EFE Manuel Bruque.

 

La Cremà de Valencia pone fin a las primeras Fallas Patrimonio de la Humanidad

Las fallas repartidas por cada barrio -que este año han invertido casi siete millones de euros en sus monumentos- han sucumbido esta madrugada ante el fuego que aniquila un año de trabajo y sus variopintas temáticas, tanto políticas -con Donald Trump como inesperado invitado- como deportivas, artísticas, históricas y del chismorreo.

Todo ha transcurrido sin incidentes, como ha sido la tónica desde que el pasado día 1 comenzara la vida fallera en Valencia, una ciudad alterada en su vida diaria con 700 tramos de calle cortados, 238 carpas instaladas, 345 zonas acotadas para fuegos de artificio y cientos de puestos móviles de comida y bebida.

Los ninots que este año se han salvado del fuego son el grupo escultórico formado por niños carnavalescos jugando en una fuente, realizado por el artista Joan S. Blanch para la falla Duque de Gaeta-La Pobla de Farnals, y el grupo de la pescadera y su hijo en su puesto del mercado, hecho por Manuel Algarra Salinas para Almirante Cadarso-Conde de Altea. En cuanto a las ganadoras, las llamas se han cebado también con la falla l'Antiga de Campanar, que logró el primer premio de la sección Especial con "Eterna seducció", de Julio Monterrubio, y con el monumento de Convento Jerusalén-Matemático Marzal, que obtuvo el cetro infantil con su "Abecedario artesano", de José Gallego.

Y la más mediática al caer ha sido, un año más, la falla municipal de la abarrotada plaza del Ayuntamiento, nuevamente de Manolo García y hecha de vareta (listón fino de madera): un imponente "pirulí" de 41 metros de alto, 1.800 kilos de peso y 170.000 euros de presupuesto.

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