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Un proyecto español busca abaratar la fabricación de coches

Jaume Esteve

La tecnología de Aeon-T quiere aumentar la productividad de piezas en fibra de carbono en cortos espacios de tiempo para poder reducir el coste de fabricación

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Se ha preguntado alguna vez por qué un Fórmula 1 es tan caro? ¿O por qué esa bicicleta que monta el último ganador del Tour se va a las decenas de miles de euros? Existen muchos motivos que explican ambas causas pero hay un denominador común que ayuda a entenderlo: la fibra de carbono y los materiales compuestos.

A Alejandro Abou-Assali se le encendió la bombilla después de finalizar unas prácticas en Audi en 2014. A este joven ingeniero le había picado el gusanillo del motor, como lo demuestra su participación en la llamada Formula Student, una competición en la que estudiantes universitarios de todo el planeta diseñan, construyen, desarrollan y pilotan un monoplaza. “De ahí saqué toda la experiencia fabricando vehículos y luego detecté el potencial de mercado”.

Ese potencial lo detectó tras su estancia en la marca de coches; fue ahí cuando tuvo un momento eureka. Un chasis de un utilitario convencional tiene unas 200 piezas, “cada una con su línea de producción, que cuesta una millonada”, explica Assali. ¿No existe una forma de abaratar ese proceso? La respuesta la tiene la fibra de carbono. Y es una respuesta que se conoce desde hace años pero que, hasta ahora, no se había planteado de cara al mercado.

“Los procesos de producción de materiales compuestos son manuales. Es un proceso muy caro que no se había podido industrializar. Por eso un Fórmula 1, entre otras cosas, es tan caro: se hacen dos modelos a mano. Al ser un proceso que no se puede industrializar, requiere de mucha mano de obra”, ilustra Assali. Y es ahí donde entra en juego Aeon-T, la ‘startup’ que puso en marcha en 2018. “Ese año conseguimos crear un prototipo viable”, recuerda. Un prototipo que les permitía industrializar ese proceso, de manera que acelera el proceso y elimina mucha mano de obra. “Ahora somos competitivos respecto a Taiwan o China y podemos relocalizar la producción”, asegura.

“Solo reduciendo un chasis a diez piezas tienes una reducción muy grande en los costes de inversión, a la vez que simplificas la producción”

Aeon-T es fruto de años de trabajo que comenzaron con los ahorros tanto de Assali como de uno de sus profesores, Enrique Chacón. También con diferentes ayudas, como becas, formar parte del programa de emprendedores de Banco Santander —quien también le apoya mediante financiación— o la competición de ‘startups’ que les permitió hacerse con un lugar en un programa de incubación de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Una de las ventajas de los materiales compuestos, como la fibra de carbono, es su versatilidad. Por ello, se puede utilizar en ámbitos tan dispares como el ciclismo, el de la automoción o incluso en el sector aeronáutico. Y en cada uno de ellos, además, su presencia responde a diferentes necesidades. “Cuando fabricas una bicicleta en aluminio, tienes que vender muchas unidades para que el molde que fabriques sea rentable. En fibra de carbono hay más margen. Todo lo que implique flexibilidad, ligereza o protección con bajo peso se puede llevar a este terreno”, explica Assali, que pone como ejemplo una raqueta de padel, que cumple con algunas de estas características.

“Tienes que vender muchas bicicletas de aluminio para que el molde que fabriques sea rentable. En fibra de carbono hay más margen”

La adopción masiva de piezas fabricadas en fibra de carbono en el sector del automóvil está pensada para eliminar pasos intermedios que, en última instancia, retrasan los procesos productivos. “Es una industria en la que prima la productividad”, recuerda Assali. El potencial en este sector concreto todavía se encuentra “a medio o largo plazo”, pero las posibilidades son muy golosas. “Solo reduciendo un chasis a diez piezas tienes una reducción muy grande en los costes de inversión, a la vez que simplificas la producción. Nuestro trabajo pasa por modificar el chasis interno, que tiene que ser ligero y absorber los impactos para que prime la seguridad. De la carcasa se encargaría cada fabricante”, recuerda.

De las industrias citadas, la aeroespacial tiene unas necesidades diferentes, en las que prima la calidad de los procesos. “Un material de mala calidad puede tener un gran coste. Piensa en la resistencia que podría generar un ala de un avión mal hecha”, ilustra. Además, es una industria dispuesta a hacer mayores desembolsos para apostar por la calidad de los materiales.

Por el momento, Aeon-T sigue trabajando para poder poner en marcha sus primeras líneas de producción en serie de cara a 2021. El equipo liderado por Assali sigue investigando en otros sectores pero, como buena ‘startup’, se ha marcado el objetivo de iterar rápido y tener tiempos de desarrollo muy cortos. “En el entorno industrial la gente se sorprende”, admite el fundador de Aeon-T, consciente de que en el ámbito de la innovación no les queda otra que adelantarse a las expectativas del resto de competidores.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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