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Segundas oportunidades que llegan a los 18

Sara Rivas

Sin familia, sin permiso de trabajo y sin un lugar dónde ir. La Asociación Horuelo evita que jóvenes extutelados acaben en la calle al llegar su mayoría de edad

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acer un intercambio de culturas para que los jóvenes inmigrantes que vinieran a España pudieran integrarse en la sociedad, pero sin dejar nunca de lado sus raíces. Ese fue el primer objetivo con el que nació la Asociación Horuelo en el año 2000 cuyo primer proyecto -puesto en marcha solo un año después- se desarrolló en el centro de menores Al – Almal, en la localidad de Daimiel (Ciudad Real). Desde entonces, han crecido entre sus paredes menores procedentes de distintos mundos, culturas, orígenes y realidades.

Fue trabajando en este centro cuando se dieron cuenta de que algo fallaba en el sistema. “Al cumplir los 18 años los chavales debían salir del centro pero la realidad es que no estaban preparados para pasar a la vida de adulto, y el problema es que ninguno tenía dónde ir porque sus familias se encontraban en sus países de origen”, relata Ana de Julián, coordinadora del programa de acogida integral de jóvenes extutelados y jóvenes inmigrantes de la asociación.

Sin poder trabajar ante la falta de permiso, estos jóvenes se ven abocados a la exclusión social, llegando en muchos casos a tener que vivir en la calle y delinquir. Para evitarlo, la asociación los acoge en casas en las que cubren, además del alquiler, los gastos de suministro, alimentación, higiene personal y transporte, entre otros.

Cuentan con cinco viviendas gracias a fondos de subvenciones públicas ubicadas en Madrid, Guadalajara, Azuqueca de Henares, Ciudad Real y un pueblo de Palencia, donde viven, sobre todo chicos. De las 45 personas que pasaron por ellas en 2018, solo dos fueron mujeres. En cuanto a la nacionalidad, más de la mitad provienen de Marruecos, pero también de Camerún, Guinea Conakry, Argelia, Burkina Faso o Mali, hasta sumar un total de 13 países. “Al principio solo estaban en la casa entre seis meses y un año, pero nos dimos cuenta de que no era suficiente. Ahora hasta que no tienen el permiso de residencia, han logrado un puesto de trabajo y tienen dos meses de ahorro los mantenemos con nosotros”, dice De Julián. Con ello, el tiempo se ha extendido hasta el año u año y medio. Lo importante, según cuenta la coordinadora, es que tienen que mostrarse activos para permanecer en las casas, estudiando, formándose o aprendiendo castellano.

“Nos dimos cuenta de que no sabían cuánto costaba vivir, pagar el alquiler, la luz, el agua, cuánto supone ir a la compra”

La dinámica de convivencia depende de cada piso de acogida, pero en todos ellos se obliga a convivir con los demás, respetar las reglas establecidas y cuidar los espacios y pertenencias. En el piso de Madrid, por ejemplo, cada semana uno se encarga de hacer la compra y elaborar el menú, que debe ser equilibrado. Para este cometido cuentan con 25 euros semanales, que van a parte de los productos de higiene personal y limpieza del hogar hasta los suministros. Mensualmente cada joven dispone entre 40 y 50 euros para sus gastos más 20 euros de transporte.

“Trabajando con ellos nos dimos cuenta de que no sabían cuánto costaba vivir, pagar el alquiler, la luz, el agua, cuánto supone ir a la compra, y mucho menos saber leer una factura del teléfono o de la luz. Incluso muchos de ellos tenían dificultades para abrir una cuenta bancaria”, apunta la coordinadora del programa. Por ello, pusieron en marcha un proyecto en el que se les enseña gestión económica, medioambiental, las diferentes gestiones bancarias o cómo leer una nómina. “En los centros de acogida, aunque hay excepciones, esto no se aprende. Se les da todo hecho y cuando salen no saben desenvolverse. Por eso son tan importantes estos pisos y estar a su lado hasta que consiguen ser independientes”, afirma.

En el piso de Madrid, por ejemplo, cada semana uno se encarga de hacer la compra y elaborar el menú, que debe ser equilibrado

Como Horuelo otras asociaciones intentan lograr que los más de 2.000 jóvenes que anualmente pasan de los 17 a los 18 años no se queden en una situación de desamparo y puedan lograr un contrato de trabajo y ser independientes. ¿El problema? No hay pisos de acogida para todos. En Madrid, según explica Ana de Julián, este año 300 chavales estarán en esta situación y solo existen 96 plazas conveniadas con la Comunidad de Madrid. Lo que desembocará en que más de 200 pasarán en un solo día a ser tratados como adultos y no tendrán un sitio dónde ir.

Por intentar solventar esta situación también son necesarios los programas que Horuelo realiza a través de algunos proyectos, entre ellos Avivar, que desarrolla actividades de convivencia intercultural y desarrollo comunitario. Lleva más de 10 años funcionando en el distrito de San Blas – Canillejas, en la capital. Su principal misión es que las personas extranjeras puedan integrarse en la sociedad que las acoge. Para ello trabajan con todas las personas involucradas, tanto extranjeras como de la sociedad de acogida, asumiendo un papel activo a favor de la cohesión social en los diferentes ámbitos que afectan a las familias: escuela, empleo, espacios públicos y ocio enfocándose en la resolución de conflictos, la sensibilización o el desarrollo comunitario intercultural, entre otros focos.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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