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El investigador que trabaja para que tengas una bombilla BioLed en casa

Ángela Sepúlveda

Acabamos de desterrar la bombilla tradicional para apostar por el led pero Rubén Costa ya mira al futuro para hacer la próxima iluminación con proteínas

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ubén Costa es uno de los pocos investigadores en el mundo que está trabajando con proteínas luminiscentes, que podrían convertirse en la nueva generación de bombillas del mundo. Solo hay investigadores indagando en este terreno en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), en Francia, Turquía y Corea. Rubén lo hace en Madrid, después de estar varios años trabajando en Alemania. Dirige su propio equipo, acaba de recibir dos millones de euros de Europa para seguir investigando durante los próximos cinco años y va a ampliar la plantilla. ¿Un privilegiado? Un joven de 35 años con las ideas muy claras.

Ya en la década de los 90 se realizaban trabajos para entender cómo funcionaban las proteínas de las medusas, que se iluminaban debajo del mar para comunicarse entre ellas. Rubén y su equipo trabajan con la bacteria E.coli, que produce genéticamente esas proteínas que necesitan. Lo que han conseguido es extraer las proteínas de la bacteria y del agua -su medio natural- y trasladarlas a un material -el polímero- para empezar a trabajar la parte más tecnológica.

“La bombilla de led que compramos se basa en un led de color azul y unos filtros que nos dan la luz blanca o de otro color. Nos preguntamos, ¿podemos coger esos filtros que son caros y nada sostenibles y sustituirlo por aquello que utiliza la naturaleza? La respuesta fue sí. Cogimos los polímeros y las proteínas para crearlos”, explica el propio Rubén. “Estamos optimizando no solo la estabilidad de las proteínas, que es uno de los mayores cuellos de botella que tenemos, sino también el color y eficiencia”. Una proteína irradiada en la naturaleza dura unos segundos pero su primer dispositivo aguantó 100 horas, unos cuatro días; ahora ya han conseguido alargarla hasta los 150 días. La idea es alcanzar la vida de un led actual, que puede superar las 50.000 horas -unos cinco años- sin interrupción.

“El mercado del led es bueno, la proyección de futuro es enorme pero está bien que vayamos cambiando. Qué pasará en diez años si se vuelven más caros para el consumidor y si ya sabemos que el color de la iluminación nos está afectando a nuestra salud. Tenemos que trabajar en un un sistema estable y sostenible”, apunta este investigador valenciano.

Una proteína irradiada en la naturaleza dura unos segundos pero su primer dispositivo aguantó 100 horas, cuatro días

En paralelo, tienen ya en marcha una nueva línea de investigación, colocar esas proteínas en una ventana para que estas absorban la luz solar -concretamente la luz ultravioleta- y la puedan convertir en electricidad. “Esa energía eléctrica la puedes volcar al edificio directamente o a un USB, donde podrías cargar un móvil, un reloj… O te serviría para generar sistemas autónomos de energía, para retroalimentar el edificio o para paliar la necesidad energética del mismo”.

Tanto la bombilla como esa ventana-placa solar podrían tardar algo más en llegar, pero a corto plazo su investigación se podría aplicar a la fototerapia para el tratamiento de enfermedades, marcadores, señalización, decoración… Y no tiene fin. “En cinco años nos gustaría abrir nuestra investigación porque hay más compuestos a parte de la proteínas. Si utilizamos la tecnología básica, podemos ampliar el abanico de posibilidades”.

“Con el dinero de la ERC Starting grant traeré expertos en áreas donde yo no tengo ese conocimiento, para avanzar más rápido”

Rubén es capaz de explicar su trabajo con sencillez y enseñar sus avances sin pudor, permite ‘tocar’ sus proteínas, quita importancia a algo que puede cambiar el mundo de la energía y se apoya -y confía- mucho en su equipo. En la visita al IMDEA de Getafe, donde trabaja, repite varias veces que los avances son gracias a ellos, a su equipo “que sabe más que él”. El nuevo dinero que llega de Europa gracias a la ERC Starting grant le servirá para “traer expertos en áreas donde yo no tengo ese conocimiento, para avanzar más rápido”.

Abre las puertas a todos los que quieran trabajar en este proyecto, científicos o no. En unos meses una artista española residente en Londres llegará a Getafe para conocer el trabajo de Rubén y aplicar la luminiscencia de las proteínas al arte. Tiene alumnos de doctorado y hasta una italiana que trabajaba con él en Alemania y no dudó en cambiar de residencia cuando Rubén le dijo que se volvía a vivir a España. Contesta a estudiantes de instituto que se han interesado por su investigación y unos alumnos de 12 años de un colegio de Madrid le han hecho una biografía como trabajo de clase. Un texto en el que no pueden faltar todos los premios que ya ha recibido, entre ellos, el de la Real Sociedad Española de Química y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) a uno de los mejores innovadores europeos menor de 35 años. Sí, el MIT, el mismo instituto que también está investigando la luminiscencia de las proteínas.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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