UNA INSTITUCIÓN FEUDAL CON REGLAS MEDIEVALES

Los 8 males del profesor universitario: “es uno de los trabajos más tóxicos que existen”

Hasta hace relativamente poco, la de profesor universitario era una ocupación privilegiada. No sólo gozaba de una buena reputación entre todos los estamentos de la sociedad,
Foto: Impartir clase es sólo una parte muy pequeña del trabajo de un profesor. (iStock)
Impartir clase es sólo una parte muy pequeña del trabajo de un profesor. (iStock)

Hasta hace relativamente poco, la de profesor universitario era una ocupación privilegiada. No sólo gozaba de una buena reputación entre todos los estamentos de la sociedad, sino que esta se correspondía con una gran influencia social y una remuneración acorde con el puesto. John Edward Masefield, poeta inglés, escribió que “hay pocas cosas terrenas más hermosas que la universidad: un lugar donde los que odian la ignorancia pueden luchar por el conocimiento, y donde quienes perciben la verdad pueden luchar para que otros la vean”.

No obstante, y de manera paralela al crecimiento de la población universitaria durante la segunda mitad del siglo XX, el profesor universitario parece estar sometido a más estresantes que nunca. No sólo ha perdido su categoría social, sino que también ha visto cómo su sueldo ha disminuido de manera inversamente proporcional al del estrés que ha de afrontar. Todo ello formando parte de una institución cuyas estructuras apenas han evolucionado en siglos.

“El trabajo del profesor universitario es uno de los más tóxicos”, recuerda con contundencia el psicólogo y profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá Iñaki Piñuel. “Se valora poco porque se cree que el trabajo del sector educativo es de guante blanco, pero contrariamente a ello, el entorno del profesor universitario produce niveles de estrés superior a otros y quiebra la capacidad laboral de muchos profesores a una edad más temprana”.

Se desprecia el valor del conocimiento por la eficiencia

Hace ya ocho años que un estudio de la Universidad de Murcia puso de manifiesto que el 83,6% del profesorado sufría de estrés crónico, y aunque su autor, el profesor ya retirado de Psicopatología de la Universidad de Murcia José Buendía reconoce que “los datos son perecederos”, la situación parece haber empeorado tras la implantación del Plan Bolonia. Es una situación que se repite en otros países vecinos, como el Reino Unido, donde recientemente una investigación publicada por el UCU (Universitary and College Union) ponía de manifiesto que las enfermedades mentales habían aumentado sensiblemente entre la población académica.

El estudio sintetizaba algunos de los principales escollos para la felicidad del profesor, entre los que se encuentran el constante escrutinio externo, la imposibilidad de conciliar la vida personal con la laboral y la necesidad de proporcionar constantemente resultados positivos. Como recuerda la profesora titular de sociología de la Universidad de La Coruña Rosa Caramés, “se desprecia el valor del conocimiento por la eficiencia”. Estos son los principales “jinetes del Apocalipsis” a los que tiene que enfrentarse el profesor contemporáneo.

1. Es una institución del siglo XXI que sigue funcionando de manera medieval

Quizá la comparación más reveladora para definir la universidad sea la que utiliza Piñuel: las universidades siguen reflejando con gran fidelidad las características de la sociedad feudal en la que nacieron. “El feudalismo genera sus cabecillas y sus súbditos, que están obligados a respetar ciertos códigos ajenos al siglo XXI, como cuando te dicen ‘no te presentes a esta plaza porque ya está adjudicada’ o ‘tú no puedes publicar en esta revista hasta que yo lo haga”, explica el autor de La dimisión interior (Ed. Pirámide).

Se ha conseguido consumir el tiempo dedicado a la preparación de las clases y dedicar más tiempo a labores puramente administrativas

Como dejó escrito el administrador de la Universidad de Harvard Henry Rosovsky en The University: an Owner’s Manual, “las universidades aman los rangos jerárquicos tanto o más que el ejército”. El psicólogo añade que, a diferencia de la educación primaria o secundaria, la universidad está formada por alumnos ya adultos, “que son gente más exigente”, y el profesor está obligado a actualizarse continuamente. Ello da lugar a factores de riesgo psicosocial como  “la rivalidad, la competitividad, las camarillas de poder o las guerras intestinas”, frecuentes en el ámbito universitario y que minan poco a poco la resistencia del profesor.

2. El día que el profesor pasó a ser un burócrata

El Plan Bolonia ha traído consigo, entre muchas otras cosas, una burocratización de la enseñanza que ha provocado que los profesores pasen más tiempo rellenando formularios, pruebas y revisiones que dedicados a la preparación de sus clases y a sus proyectos de investigación. “Bolonia se ha implantado de manera desastrosa”, sintetiza Rosa Caramés. “Sólo se ha conseguido consumir el tiempo dedicado a la preparación de las clases y dedicar más tiempo a labores puramente administrativas”.

Piñuel se muestra de acuerdo: “Son un montón de horas de trabajo que sobrecargan a un profesor que ya está suficientemente sobrecargado de por sí. Para conseguir nada estamos incrementando una carga que no tiene mucho valor añadido. No por rellenar más papeles es mejor, al contrario, el tiempo disponible para preparar clases e investigar se emplea en reuniones y consignar papeles”. También disminuyen las horas de descanso y esparcimiento, vitales para el bienestar de cualquier trabajador.

El Plan Bolonia ha añadido nuevas cargas a los cuerpos docentes universitarios. (Efe)
El Plan Bolonia ha añadido nuevas cargas a los cuerpos docentes universitarios. (Efe)

Esta “maquinaria”, como la define el psicólogo, conlleva otro problema: el aumento de las pruebas sobre el control del profesorado. Algo que en principio tendría como objetivo garantizar la calidad de la enseñanza, se añade a las montañas de burocracia ya existentes y someten al profesor a un continuo escrutinio. “Es la paradoja tras la ilusión del control”, explica Piñuel. “Es un efecto de la centralización de las políticas de la UE que necesita sistemas de control. La idea de consignar papeles, documentos o comisiones da la sensación de que las cosas se están gestionando mejor. Es pura entelequia”.

Pablo, profesor durante quince años tanto en España como en Inglaterra, cree que ello ha provocado, no obstante, que haya un mayor control sobre el acceso a los puestos docentes. “Antes, cualquier catedrático o profesor con influencia podía enchufar a quien le diese la gana (te sorprendería saber en cuántos departamentos de la universidad pública hay padres e hijos o maridos y mujeres)”, explica. “Ahora, al menos, el enchufado ha de pasar un filtro, aunque sea un filtro de mínimos, no del todo exigente, discutible, etc.”

3. Acoso por parte de los alumnos… y por parte de los compañeros

Aunque el acoso por parte de los estudiantes no es tan frecuente como en la educación secundaria, los profesores también manifiestan ser víctimas de amenazas por parte de sus alumnos. El desprestigio reciente de la educación no ha ayudado precisamente: “En los últimos años ha entrado una corriente que desprestigia la labor del docente. En ocasiones parece haber un afán reduccionista, un tanto persecutorio, de la labor de las personas que se dedican a la docencia”, explica Rosa Caramés, que sugiere que muchas veces el profesor es acusado de una serie de cosas –“que no corrige bien, que tiene manía a los alumnos, que no sabe dar clase”– que tan sólo son ciertas en un número limitado de casos, pero que suele hacerse extensible a todo el cuerpo docente.

La creciente competencia provoca que las zancadillas sean frecuentes

A este hay que añadirle el mobbing ocasionado por los propios compañeros: según el estudio anteriormente citado, realizado en la Universidad de Murcia en el año 2004, hasta el 44% del personal manifestaba sufrir acoso laboral. Algo que, como señaló en aquella ocasión el profesor José Buendía, “tiene como objetivo que se abandone el centro, puesto que al ser funcionarios, no se les puede despedir”. Piñuel añade que la creciente competencia provoca que las zancadillas sean frecuentes: “Quien no acata las reglas, se convierte en un chivo expiatorio y es perseguido”.  

4. Hay que luchar mucho para ascender

El del acceso a la docencia universitaria es un camino lleno de palos y piedras y, sobre todo, sacrificios obligados. Pasan años hasta que se pueda impartir clase, mucho más hasta que alguien se convierte en profesor titular y ya no digamos convertirse en catedrático. Abundan las horas extras, las asignaturas impartidas a cambio de nada o el “tráfico” de artículos que permite a algunos profesores seguir un año más aferrados a su puesto gracias a trabajos realizados por sus estudiantes.

Aún hoy se ven rencillas entre profesores que se enfrentaron unos a otros por plazas

“El motivo de conflicto más grande que puede haber en un departamento es casi siempre las plazas”, explica Pablo, que matiza que al no haber plazas nuevas durante los últimos años, los conflictos han desaparecido. “En el pasado, cuando no existía el método de las acreditaciones, las plazas las decidía el catedrático de turno, y siempre terminaba favoreciendo a sus preferidos, mientras que los otros se jodían y tenían que esperar años hasta conseguir sacar su plaza. Aún hoy se ven rencillas entre profesores que vivieron ese sistema y que se enfrentaron unos a otros por plazas”.

Algo que, no obstante, no siempre es percibido de forma necesariamente negativa, especialmente como una solución al piloto automático que provoca la falta de ilusión entre los docentes de mayor edad. Luna Paredes goza de una beca FPU (Formación del Profesorado Universitario) e imparte clases de «Análisis y comentario de textos literarios» en la Universidad de Alcalá. “El hecho de que un becario imparta una asignatura completa me parecía a priori una irresponsabilidad”, explica. “Sin embargo, un becario también va a afrontar las clases con un entusiasmo que algunos profesores (no todos, no siempre) han perdido”.

Preparar bien una hora de clase puede llevarte entre ocho y diez horas

El esfuerzo exigido a los primerizos, frente al de los funcionarios, “sólo puede traer cosas buenas”, señala, aunque “implica que las horas de preparación de una sola clase sean ingentes”. Como recuerda Pablo, que imparte ocho horas de clase a la semana, “preparar bien una hora de clase que impartes por primera vez puede llevarte entre ocho y diez horas”. “El becario debe hacerlo bien porque, en primer lugar, está inseguro y se esfuerza ante los alumnos y en segundo lugar, porque no quiere cagarla ante el director de tesis ni el departamento”, concluye Paredes.

5. Se cobra menos de lo que se piensa

El de los sueldos de los profesores universitarios es un tema complicado, en cuanto que estos varían sensiblemente dependiendo del centro, de la categoría del docente o de los diferentes incentivos autonómicos. Las categorías inferiores son las principales perjudicadas de un sistema que se complementa con los célebres quinquenios y sexenios –períodos dedicados a la investigación–, pero a los que no todo el mundo tiene acceso. El salario base puede llegar a encontrarse en unos 1.100 euros. Rosa Caramés recuerda que, aunque ella no pertenezca a dicho grupo, los más jóvenes sufren una mayor precariedad, “con contratos de muy pocas horas por las que se paga muy poco, a pesar de que el tiempo de preparación de las clases sigue siendo el mismo. La docencia se concentra en poco tiempo para ahorrar presupuesto”.

Los alumnos también sufren las consecuencias de la desmotivación de los profesores. (Corbis)
Los alumnos también sufren las consecuencias de la desmotivación de los profesores. (Corbis)

6. Sistema educativo “marketinizado”: el estudiante siempre tiene la razón

Existe cierto consenso entre los profesores en señalar que el alumno ha pasado de ser un estudiante a convertirse en un cliente, algo en consonancia con la tendencia privatizadora del sistema universitario. Ello obliga a que el docente redefina sus tareas y se vea obligado a reinterpretar su labor, lo que en opinión de Rosa Caramés, da lugar a una relación “un tanto viciada”. “Todas las cosas materiales e inmateriales tienen un precio y un valor, que no tienen por qué coincidir”, explica la socióloga. “No se entiende que los conocimientos y su proceso de adquisición es un proceso mutuo. Como todo se ha mercantilizado, lo único que parece sustentar la relación entre profesor y alumno es el precio de la matrícula”.

Uno de los factores novedosos es que el profesor se tiene que poner al servicio del alumno, algo que antes no se entendía así

Como señalaba el filósofo José Luis Pardo en 2008, “todo comenzó con la sustitución de las “asignaturas” por “créditos”. Piñuel lo interpreta como una liberación del estudiante de las cadenas que el sistema feudal le había impuesto. “Uno de los factores novedosos es que el profesor se tiene que poner al servicio del alumno, algo que antes no se entendía así, sino que se ponía énfasis en el profesorado. El alumno ha evolucionado a ser alguien que tiene derechos, que puede exigir, que puede pensar y reclamar”. Algo a priori positivo pero de lo que, sin embargo, el profesor no parece haberse beneficiado: “Precisamente, el burnout en el profesor genera situaciones de maltrato hacia los alumnos impropia de este tiempo, como arrogancia, prepotencia…”

7. La investigación, ¿sirve para algo?

A finales del año pasado, la comunidad científica se vio sacudida después de que el Premio Nobel Randy Schekman denunciase que el factor de impacto de las revistas –es decir, la puntuación recibida por cada publicación sobre el número de veces que sus artículos son citados– vicia la investigación, y crea burbujas en torno a determinados temas. Algo semejante ocurre con el funcionamiento de los diferentes departamentos de investigación, que se centran exclusivamente en aquellos temas que les pueden dar una mayor visibilidad, despreciando aquello que no está de moda.

Una parte importante de los ingresos de los departamentos dependen de la productividad de los miembros

La máquina de la producción científica no puede pararse. Como recuerda Pablo, en países como Inglaterra, “una parte importante de los ingresos de los departamentos se los juegan con la productividad de los miembros. Es decir, si un profesor se pasa tres años sin publicar un artículo de prestigio o sin conseguir un proyecto de investigación, baja los promedios del departamento y este pierde dinero”. No obstante, se trata de una situación que afecta más en el extranjero que en nuestro país. “Un profesor titular (y conozco no a uno o a dos, sino a muchos) puede tirarse, no tres años, sino toda una vida sin dar un palo al agua, excepto prepararse sus horas de clase semanales, corregir exámenes y punto”, explica el profesor.

8. Sentimiento de inutilidad

En una reciente investigación llamada It’s a Bittersweet Symphony, This Life: Fragile Academic Selves, el profesor de gestión de las organizaciones de la Universidad de Lancaster David Knights, tras analizar los problemas de identidad entre el cuerpo lectivo inglés, llegó a la conclusión de que la mayor parte de sentimientos de los profesores hacia sus centros estaban marcados por la ambivalencia. Por una parte, porque su idea del mundo académico estaba marcada por la pasión, por el entusiasmo y por unas elevadas expectativas. Pero, al mismo tiempo, estas se encontraban matizadas por una agria sensación de que muchas de sus aspiraciones parecían “irrealizables, si no irreales”.

Así como periódicamente hacemos una revisión de nuestro vehículos, deberíamos hacer la ITV psicológica de los profesores

“Los que tenemos más vocaciones de hacer cosas nos vamos desgastando”, afirma Pablo. “Muchos de estos profesores que sólo hacen docencia en realidad no tienen interés en nada y por eso no investigan, lo único que les apetece es leerse el periódico, hablar por teléfono y tomar cafés”. Es la última etapa de un proceso que erosiona poco a poco las ilusiones privilegias y que, como recuerda Piñuel, aparece mucho antes que en otras profesiones. “Si bien la respuesta a nivel institucional a sus esfuerzos no alcanzaba el reconocimiento jerárquico, social o por parte de los compañeros, la dulzura de una carrera potencialmente estimada y una identidad reconocida de manera pública disparó sus esfuerzos”, concluía el estudio sobre esos frustrados, pero ilusionados, profesores.

“Así como periódicamente hacemos una revisión de nuestro vehículo, deberíamos hacer la ITV psicológica de los profesores”, concluye Piñuel. “Tenemos entre nuestras manos el mejor capital simbólico del país”. No se trata únicamente de preservar la calidad de vida de los docentes, sino también, de evitar que el alumnado sea la última víctima de un sistema desencantado y cada vez más oprimido.

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#53
En respuesta a casipof
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Es simple: Como tantos funcionarios, quieren trabajar poco y ganar mucho.

 

en las Univ. " de verdad" los profesores estrella tienen una trayectoria personal destacada en la empresa privada. La mayoría...tienen verdaderas fortunas personales...

 

En España...es un modo de vida.

 

imagine un profesor de tanto, predicando de economía de mercado, de acciones en bolsa, etc...sin haber invertido nunca, y viviendo de su salario...como muchos.

 

y otro, consultor de hedge funds, o de grandes empresas, con conocimiento y fortuna contrastadas en la "selva". ¿Quien merecería más atención y respeto?

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#52
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El capitalismo salvaje quiere imponer una universidad parecida a la empresa capitalista. Quieren que los profesores se conviertan en vendedores, de tal forma que lleguen aquellos que más venden. Es decir, no se valora, el conocimiento del profesor, ni sus capacidades docentes, se antepone el que el profesor sea capaz de ir a una empresa, y que esta de dinero subvenciones un proyecto o estudio.  De tal forma que se considere mejor profesor aquel que mejor venda. Lo que es una barbaridad. Pero por ahí van los tiros. El sistema quiere cargarse la universidad tal y como la hemos conocido, sí o sí.

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#51
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  ¿Seis meses de vacaciones? ¿Dónde? ¿Ha pisado usted alguna Universidad? Estoy jubilado, pero he sido profesor de Universidad durante 40 años y le puedo asegurar que de seis meses nada. Cuando eres un profesor "en formación" tienes que provechar los periodos no lectivos para completar tu curriculum, hacer estancias en el extranjero, publicar, etc. Y cuando finalmente consigues una plaza (en mi caso, a la tercera y bastante lejos de mi casa) te encuentras con una carga docente apabullante. Y como bien dice el artículo, la presión "social" te obliga a seguir publicando, preparando clases y dedicarte a la gestión. Y si estás en una carrera técnica, la defensa de los proyectos fin de carrera es la última semana de Julio...Y la primera semana de Setiembre empiezan de nuevo los exámenes y las clases. Así que vacaciones Agosto, y una semana de Navidad y otra de Pascua que, casi siempre, aprovechas para terminar alguna publicación.

 

He estado tambien en la empresa privada, dos años, y son mundos que no se pueden comparar. Aunque el nivel de stress es similar en ambos mundos, en la empresa ganaba más del doble... pero la reconversión industrial me echó a la calle (76) en una época en que no había seguro de desempleo ni nada parecido.

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#50
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Datos, datos, solo datos. Dejamos para otro día opiniones sobre el asquerosos enchufismo. Única forma de entrar en la Universidad.

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#49
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El informe Panorama de la Educación 2014, que ha presentado en varios países la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), dice que, en 2012, el salario medio de los docentes en España fue superior a la media de 34 países, especialmente en los inicios de la profesión docente en todos los niveles educativos [vea el informe completo en PDF].

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#48
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Según informe de la Cámara de Cuentas, la Institución recomienda a la Fundación de la Universidad Complutense de Madrid no desarrollar en el futuro promociones como la de Somosaguas porque "no es coherente con sus fines y objetivos de prestar asistencia social a la comunidad universitaria". Además, indica que sobre los costes "se ha detectado una diferencia entre el precio del contrato de construcción suscrito con una UTE en 2009 y el presupuesto del proyecto de obra que se contrata, recusado en octubre de 2008, que asciende a 11.537.000 euros, diferencia que no ha sido justificada en el curso de la fiscalización". Además, indica que la explicación recibida es "irregular, además de inverosímil". http://www.europapress.es/madrid/noticia-camara-cuentas-recomienda-fundacion-ucm-no-desarrollar-mas-promociones-inmobiliarias-somosaguas-20120205113056.html

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#47
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Datos a reflexionar: Gasto anual en instituciones educativas por alumno para todos los servicios con relación al PIB por habitante (2007) En España: 27%, Noruega 22%, Alemania 24%, Finlandia 24%, OCDE 25%. Pero claro, fíjese qué dato más escalofriante: Proporción de gasto en profesorado con relación al gasto total y a nivel de educación (2007), en Educación universitaria España 55,8%, en OCDE 42,9%. Y claro cuando se pretende adaptar el gasto de personal a las necesidades reales es cuando todos los que pueden perder privilegios hablan de reducción en la educación. Tenemos cobrando a sustitutos de sustitutos de los sustitutos porque hay una vagancia considerable y derroche de medios. Así nos va. Por cierto, puede ver los datos en: http://www.crue.org/export/sites/Crue/Publicaciones/Documentos/Otras_publicaciones/OCDE_2010.pdf (Anselmus).

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#46
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Yo me creo todo lo que me cuenta, sobre lo maravillosos que son y la gran labor social y académica que realizan

 

Pues nada, se privatizan todas las universidades y como son tan fantásticos no tendrán ningún problema en seguir triunfando.

 

El concepto de beca, ayuda,... puede seguir existiendo sin necesidad de que todo el aparataje sea público.

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#45
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Manda narices!! Así que un trabajo de los más tóxicos, lo que nos faltaba.

esta claro que aquí todos hemos nacido para ser reyes.

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#44
En respuesta a drguerez35
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De qué está doctorado?

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#43
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Buenas tardes. Permítanme que haga una breve presentación de mi perfil universitario, a los principales efectos de justificar mi experiencia y conocimiento del sistema universitario español, pasa pasar seguidamente a comentar someramente este artículo.

 

He sido profesor honorario (sin cobrar nada) de una de las Universidades más prestigiosas del país durante tres años. Actualmente estoy en situación de legal de desempleo desde ese tiempo, y sin percibir prestación ni ayuda social alguna. Anteriormente trabajé con contrato laboral temporal -algo sólo permitido legalmente a las Universidades-, durante seis años y medio y, previamente, obtuve una beca predoctoral de cuatro años concedida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. A pesar de ser Doctor "cum laude", Premio Extraordinario de Doctorado y acreditado para plazas de profesorado permanente por la Agencia de la Acreditación, Calidad y Prospectiva de la Comunidad de Madrid, no encuentro trabajo. De nada.

 

Como comentaba al principio, y en estricta observancia de las normas de esta Comunidad, a la que agradezco la posibilidad de expresar mi opinión, lo que he escrito lo he hecho con la finalidad de fundamentar mi experiencia y mi conocimiento del sistema universitario español, de sus grandezas y de sus deficiencias.

 

A mi juicio, los principales problemas del sistema universitario no son ni la sobrecarga administrativa -aunque a mí me pasó factura-, ni el modelo feudal denunciado en el artículo -hoy mezclado con un régimen de control de agencias de calificación que hace que se potencien los efectos negativos de uno y otro modelo-, ni otros -a mi juicio anecdóticos- que se mencionan. Los principales problemas de la Universidad española actual son, a mi juicio, básicamente dos, y afectan, sobre todo, al reemplazo generacional.

 

En primer lugar las bases de ambos problemas se encuentran en el tremendo desfase entre el tiempo de la Universidad y el tiempo de la vida actual, que viene a coincidir, mal que nos pese, con el tiempo del mercado de trabajo. La Universidad ha exigido -por el reconocimiento que históricamente tuvo, al menos en este país-, un tiempo de "formación" muy superior al de la empresa privada e incluso al del sector público. El tiempo de tesis doctoral -que no es sólo el tiempo de realización de la tesis, sino tiempo de formación general, de colaboración en tareas docentes, de docencia real, de tareas administrativas, de trabajos por encargo-, se ha alargado tanto que, para cuando una persona consigue tener un perfil universitario ideal, tiene de media 34 años, según la última encuesta del CIS. Yo me doctoré algún año antes por encima de la media, pero lo que percibíamos muchos Ayudantes cuando comenzó la crisis universitaria, antes de que comenzara la crisis general, era que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, nunca conseguiríamos estabilizarnos, pues los Rectorados iban a cerrar el grifo de las plazas permanentes, tanto laborales como de cuerpos docentes universitarios.

 

El segundo gran problema, consecuencia en buena medida del anterior, es que, precisamente como los que tenemos un currículum laboral-universitario y no conseguimos obtener plazas, nos vemos abocados a entrar en el "tiempo" que nos corresponde. En el de personas de la década de la treintena cuya vocación universitaria ya no puede compensar por sí misma las necesidades de una persona que, no ya por su edad, sino por sus méritos, debería tener un "status" de "senior". En lugar de esto, nos encontramos sin trabajo y en peores condiciones de quienes todavía no han acabado la carrera. Es una de las manifestaciones de la hipercualificación, tan penalizada en este país debido al cortoplacismo empresarial y social imperante, de la que ya he hablado en otro lugar. El sentimiento de frustación de muchos expulsados como yo, además, agrava las secuelas psicológicas de nuestra situación y hace más difícil que consigamos, literamente, "rehacer nuestra vida". Porque, a pesar del sentimiento de frustación que nos produce el ver nuestra carrera universitaria truncada, algunos, como yo, seguimos teniendo vocación universitaria y creyendo en la Universidad como un proyecto de comunidad de vida, más que como en un trabajo.

 

Por tanto, la aportación que quisiera realizar a este foro es que debería distinguirse muy bien entre profesorados permanentes y quienes no lo son. No digo que éstos no tengan problemas, no estén lo suficientemente remunerados ni reconocidos como debieran ni sobrecargados administrativamente, ni que no se les haga injusticia. Pero, aun con todo, si tienen vocación, están desempeñando, a mi juicio, una de las mejores profesiones que existen. Con gusto volvería yo a la Universidad con un puesto de profesorado permanente cobrando 1.500 euros, que es el último sueldo que percibí, sobre todo teniendo en cuenta cómo está el mercado de trabajo. Por ello, cuando escucho a mis ahora ex compañeros -en realidad soy yo el ex compañero, puesto que han echado ellos- hablar de estas cosas, no puedo menos que indignarme o, en el mejor de los casos, ruborizarme. Porque no puede compararse la frustración de un Vicedecano sobrecargado con puesto fijo, o el un Profesor Titular que no llega a Catedrático, por ejemplo -por legítimas que sean estas quejas-, con la de quien ni siquiera está en situación de pedir una ayuda social con treinta y pico años tras trece años de dedicación a la Universidad lo mejor que ha podido.

 

Así que, si realmente se quiere dignificar a la Universidad, ábranse las promociones por abajo, puesto que son su futuro, y éstas asumirán con gusto las cargas de la burocratización, la endogamia y los demás males que denuncian aquellos que tienen dentro de la Academia la vida resuelta. Es más, estoy convencido de que el reemplazo generacional constituirá un elemento muy positivo para una reforma material -no política- de la Universidad, y redundará en provecho de la comunidad universitaria en su conjunto, para que aquella pueda servir a la principal finalidad que le ha sido encomendada por todas las leyes democráticas universitarias de nuestro país: la creación, desarrollo, transmisión y crítica del conocimiento, el arte y la cultura.

 

 

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#42
En respuesta a ruidoblanco
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Su planteamiento falla por la base. Si tenemos que traer gente puntera en los campos que se requieran, tendremos que pagarles lo que valen. Y se puede. España es uno de los países del mundo que más gasta per capita en Educación. Al nivel de Francia o Alemania que son países más ricos.

 

Ahora bien, somos un desastre en el nivel académico que demuestran nuestros estudiantes. Puesto 32 entre 38 países de la OCDE.

 

Y si cerramos todas las universidades públicas y empezamos de cero?

 

Les recuerdo que un alumno de universidad pública nos cuesta de promedio 12.000 euros al año y el chaval o su padre pagan en Madrid unos 600 euros de matrícula. Eso sí, se anotan 250 en un curso académico en la Complutense y asisten a clase regularmente 30. Normalmente chicas a las que se les fotocopian los apuntes para ir al examen. El resto fumando canutos en el bar de la facultad y de botellón los fines de semana.

 

Y repiten 6 veces primero. Rascándose los huevos, pero en esos 6 cursos nos gastamos los españoles 72.000 euros del ala en ese vago de turno.

 

A ver si hace eso en una universidad privada como por ejemplo la universidad de Miami que le cueste 60.000 dólares al año. Cuatro cursos para una licenciatura, un cuarto de millón de dólares. A que no hay huevos? O estudia o su padre lo caga a patadas.

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#41
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lamentablementa la docencia universitaria esta sindo vista simplemente como un medio de ganarse la vida y en muchos casos como un ingreso secundario . la empresa privada se lleva el capital humano.

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#40
En respuesta a josé m
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Eso  no se lo cree nadie. Quitando estudios que puedan ser más o menos subjetivos, si alguien me va a decir que un estudiante japones de esos, tiene el mismo nivel que un ingeniero superior industrial, le digo desde aquí que no.

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#39
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Sólo me gustaría preguntarle, en qué trabaja usted y, si no es indiscreción, cuál es su nivel de cualificación.

Es sólo para saber si tengo que preocuparme o no de su opinión.

No se trata de menosprecio porque todo trabajo, sin excepción, tiene mi respeto, sólo pido que no se prejuzgue de manera tan contundente sin conocimiento.

Gracias

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