la sareb ejecuta bienes por 5,8 millones

El último gran problema judicial de Andrés Ballester, el patriarca del ladrillo en Valencia

El promotor ha logrado salir a flote de la crisis, pero la Sareb acaba de ejecutar bienes por 5,8 millones de una de las sociedades afectadas por el concurso de su buque insignia, Edificaciones Calpe

Foto: A la derecha, las torres Gemelos 28 de Benidorm, del promotor Ballester, que la justicia ha ordenado derribar. (iStock)
A la derecha, las torres Gemelos 28 de Benidorm, del promotor Ballester, que la justicia ha ordenado derribar. (iStock)

Fue uno de los reyes del ladrillo en la Comunidad Valenciana, se vio arrastrado por el pinchazo inmobiliario a finales de la pasada década y, como un gato de siete vidas empresariales, ha regresado al mundo de los negocios al calor de la recuperación económica. Andrés Ballester, uno de los patrones del negocio de la construcción y el desarrollo urbanístico de la costa mediterránea, sigue al frente de la actividad de su grupo junto a su hija Reyes y ha regresado al escenario empresarial con la intención de reactivar algunos de los megaproyectos que parecían estar condenados a la desaparición con la crisis, como el llamado Manhattan de Cullera.

Discreto protagonista en los años de vino y rosas en algunas salsas como la puesta en marcha de Terra Mítica y la operación de puesta en valor urbanística del entorno del parque temático de Benidorm y socio histórico de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), que suele celebrar en uno de sus hoteles, el cinco estrellas SH Valencia Palace, sus reuniones periódicas y la mayor parte de encuentros institucionales, Ballester logró poner a salvo un importante patrimonio que le ha permitido plantearse nuevas aventuras, como la puesta en marcha de promociones de obras en su territorio de actuación. Dueño de una cadena de hoteles, aparcamientos y activos inmobiliarios diversos a través de sociedades como Nereida Mediterránea, Ágora Patrimonial o Florazar puede presentar una situación patrimonial saneada.

El cinco estrellas SH Valencia Palace que Ballester logró conservar y en el que celebra sus reuniones la Asociaciación Valenciana de Empresarios, de la que es socio. (SH)
El cinco estrellas SH Valencia Palace que Ballester logró conservar y en el que celebra sus reuniones la Asociaciación Valenciana de Empresarios, de la que es socio. (SH)

Sin embargo, los problemas financieros que le llevaron a declarar en 2012 el concurso de acreedores de uno de sus buques insignia, Edificaciones Calpe, con un pasivo de más de 300 millones de euros, siguen persiguiéndolo y manteniendo vivas reclamaciones económicas de acreedores de postín. La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) le reclama 5,8 millones de euros. El banco malo, de hecho, ha instado la ejecución hipotecaria de una sus sociedades, Coll de Rates, participada por Edificaciones Calpe. La ejecución hipotecaria afecta a cuatro fincas rústicas de su propiedad situadas en Altea, terrenos de secano con almendros, olivos y algarrobos, toda ellas gravadas con una anotación preventiva de embargo a favor de la Hacienda Pública, a quien adeuda casi 17 millones de euros.

Andrés Ballester fue uno de los promotores más emblemáticos de la Comunidad Valenciana junto a su hermano Enrique, con quien decidió en 2004 repartir y dividir las actividades del Grupo Ballester. Su nombre figuraba en el 'dream team' de los señores valencianos del ladrillo, con el de Enrique Bañuelos, Salvador Vila o Juan Bautista Soler, con la diferencia de que siempre apostó por un perfil bajo y discreto, también alejado de problemas judiciales distintos a los de las reclamaciones de acreedores por la crisis que afectaron a centenares de promotores. Nunca quiso presumir de las celebridades que se hospedaban o elegían sus urbanizaciones de lujo en la Costa Blanca, como Altea Hills o Villa Gadea, ahora controladas por terceros.

El promotor valenciano Andrés Ballester
El promotor valenciano Andrés Ballester

En plena fiesta inmobiliaria, sus inversiones fueron más allá de la Comunidad Valenciana, y en 2006 en el punto más álgido del 'boom', compró edificios singulares en Madrid y Barcelona que, tras el pinchazo de la burbuja, se vio obligado a vender. Cerró operaciones en las calles Velázquez, Jorge Juan y Paseo de Recoletos de Madrid y en el Paseo de Gràcia de Barcelona con el objetivo de rehabilitarlos como viviendas de lujo, inversiones millonarias que, tras el pinchazo inmobiliario, se convirtieron en un auténtico lastre.

En el reparto de activos familiares apostó por el ciclo inmobiliario y acumuló importantes bolsas de suelo, mucho de él rústico y muy apalancado, en zonas de costa (Benidorm, Altea…). El pinchazo de la burbuja de crédito le arrastró como una ola y, pese a su resistencia a tirar la toalla, en 2012, se declaraba en concurso Edificaciones Calpe y varias de sus sociedades filiales con una deuda de 324 millones con entidades financieras y la Agencia Tributaria. La sentencia que obligaba a derruir la polémica promoción de los Edificios Gemelos 28, dos bloques de 21 alturas en Benidorm, le llevó a mantener un duro conflicto económico con la Generalitat valenciana, condenada a asumir el coste de la demolición.

Tuvo que desprenderse de numerosos activos, alguno de ellos rentables, como el aparcamiento de la superficie comercial de Nuevo Centro que vendió a Isolux Corsán para liberar 40 millones de euros de Nereida Mediterránea y mantener fuera del alcance de los acreedores su cadena hotelera SH. Nereida presentó en 2017 números negros de más de nueve millones de euros de beneficio y un patrimonio neto de 27 millones que permite a los Ballester afrontar tranquilos los ejercicios futuros, pese al proceso de liquidación y reclamaciones pendientes de Edificaciones Calpe.

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