Es noticia
Menú
El piso a cambio de una pensión: otro ‘cadáver’ del crash inmobiliario
  1. Vivienda
LAS HIPOTECAS INVERSAS, OTRA MAULA PARA LOS BANCOS

El piso a cambio de una pensión: otro ‘cadáver’ del crash inmobiliario

Las llamadas hipotecas inversas, aquellas en las que los ancianos ponían su vivienda como garantía a cambio de una pensión vitalicia, han caído víctimas de la

Foto: El piso a cambio de una pensión: otro ‘cadáver’ del crash inmobiliario
El piso a cambio de una pensión: otro ‘cadáver’ del crash inmobiliario

Las llamadas hipotecas inversas, aquellas en las que los ancianos ponían su vivienda como garantía a cambio de una pensión vitalicia, han caído víctimas de la burbuja inmobiliaria. Es difícil hoy encontrar una entidad financiera que ni tan siquiera considere la posibilidad de otorgarlas. Los ancianos que firmaron en su momento han hecho, pese a lo que se pensaba entonces, un gran negocio: hoy, no hay mayor ‘condena’ para un banco que quedarse con otro piso.

La hipoteca inversa nació como producto financiero en España en mal momento, gracias a una disposición adicional en la reforma de la Ley del mercado inmobiliario, publicada en diciembre de 2007, cuando ya casi todo el mundo menos el Gobierno Zapatero se estaba barruntando lo que llegaba: el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Por eso, no fue un alumbramiento feliz. Más bien quedó en aborto. Apenas se constituyeron unos pocas miles de esas hipotecas, según Santos González, presidente de la Asociación Hipotecaria Española (AHE), aunque precisa que no hay datos exactos al respecto. Hoy, parece como si un tupido velo se hubiera corrido sobre ellas. Ni la Asociación de la Banca Española (AEB), ni la Confederación de Cajas de Ahorro (CECA) dicen tener datos sobre un producto que, en principio, estaba destinado a asegurar una vejez digna a ciudadanos con pocos recursos pero con alguna propiedad inmobiliaria.

Los bancos y cajas de ahorro quisieron hacerse con cuanto mayor capital inmobiliario mejor, antes del pinchazo de la burbuja, claro. Sebastiá Rodés, abogado de la Asociación de Usarios de Banca (Ausbanc), cree que donde más hipotecas inversas se dieron fue en Cataluña. “Las primeras en comercializarlas fueron Caixa Penedès (ahora en BMN) y Caixa Terrassa”. Les siguió la Caixa d’Estalvis y Pensions, “La Caixa”, aunque no publicitaba el producto, “pero lo ofrecía”, dice Rodés.

Incertidumbre

Dos factores han eliminado a esta hipoteca del mercado, opina Rodés. Uno, el hundimiento de los precios de los pisos, que hace que a los bancos ya no les interese seguir acumulando patrimonio, cuyo nivel actual en manos de entidades financieras es el segundo factor que impide la constitución de hipotecas inversas: los bancos no quieren más activos de dudoso valor.

El presidente de la AHE, Santos González, concide indirectamente con Rodès.  “El escenario financiero ha cambiado”, dice. Además cree que la hipoteca inversa no ha cuajado porque “le faltan ajustes desde el punto de vista financiero y jurídico: genera incertidumbres”.

Y añade una tercera causa. Va contra la costumbre española de tener como objetivo vital poseer una vivienda propia para transmitir algo a los hijos. “Es un choque cultural”, piensa González, “porque significa renunciar a dejar herencia” para muchos pensionistas que no tenían otra opción de asegurarse su corto futuro que constituir una hipoteca inversa.

Hubo algún caso de abuso por parte de entidades bancarias con este tema, como muestra una sentencia del Juzgado de Primera Instancia de Blanes (Gerona) que obligó a Caixa Manressa Vida a devolver el importe de una prima única de riesgo de 51.000 euros camuflada en la letra pequeña de la hipoteca inversa suscrita con Caixa d’Estalvis de Manressa por un anciano de 92 años que falleció cuatro meses después de firmar.

La juez Eva María Gil González estimó que la entidad de ahorro había abusado de la buena fe de F.H., fallecido el 6 de octubre de 2007, cuatro meses después de firmar la hipoteca, como se reveló cuando su hija acudió a la caja a devolver lo devengado por la entidad y recuperar el piso: le pidieron además esos más de 50.000 euros.

F.H. recurrió a esa vía pues era ya la única para poder pagar los cuidados médicos que precisaba por su delicado estado de salud. El hombre sufría ceguera, entre otras dolencias. La sentencia ni siquiera fue apelada por la entidad bancaria, ahora integrada en Catalunyacaixa.

Las llamadas hipotecas inversas, aquellas en las que los ancianos ponían su vivienda como garantía a cambio de una pensión vitalicia, han caído víctimas de la burbuja inmobiliaria. Es difícil hoy encontrar una entidad financiera que ni tan siquiera considere la posibilidad de otorgarlas. Los ancianos que firmaron en su momento han hecho, pese a lo que se pensaba entonces, un gran negocio: hoy, no hay mayor ‘condena’ para un banco que quedarse con otro piso.