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La calle con más encanto de este precioso pueblo de Alicante: donde tienes que hacer la foto que tienes en la cabeza
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En pleno casco antiguo

La calle con más encanto de este precioso pueblo de Alicante: donde tienes que hacer la foto que tienes en la cabeza

Entre fachadas blancas, pequeños comercios y una perspectiva muy reconocible, este rincón se ha convertido en una parada imprescindible para mirar dos veces antes de sacar la cámara

Foto: La calle con más encanto de este precioso pueblo de Alicante. (Comunitat Valenciana)
La calle con más encanto de este precioso pueblo de Alicante. (Comunitat Valenciana)

Hay una imagen que muchos viajeros buscan cuando llegan al casco antiguo de Altea: una calle empedrada que asciende entre casas blancas, fachadas cuidadas, flores en los balcones y, al fondo, la silueta más reconocible del pueblo. Es uno de esos rincones de la Costa Blanca que parecen pensados para caminar sin prisa, detenerse a mirar los escaparates y encontrar la foto perfecta antes de alcanzar la plaza más emblemática de esta localidad alicantina, donde el ambiente mediterráneo se mezcla con el carácter artístico que distingue al casco viejo.

Ese lugar es la calle de San Miguel de Altea, considerada una de las vías con más encanto del municipio y una parada imprescindible para quienes recorren el casco viejo de Altea. Su trazado conduce de forma natural hacia la plaza de la Iglesia, donde se encuentra la parroquia de Nuestra Señora del Consuelo, famosa por sus cúpulas azules y blancas. Precisamente esa perspectiva, con la subida empedrada en primer plano y la iglesia al fondo, convierte esta calle en uno de los puntos más fotografiados del pueblo y en una de las postales más buscadas de Alicante.

La subida más bonita hacia la plaza de la Iglesia

El atractivo de la calle San Miguel no se limita a su valor visual. A medida que se avanza por ella, el paseo permite entender parte de la esencia de Altea: un ambiente tranquilo, comercios pequeños con personalidad y bajos ocupados por tiendas de artesanía, decoración, moda mediterránea y recuerdos con sello local. En sus alrededores también aparecen talleres de arte y bocacalles que refuerzan ese carácter bohemio que ha acompañado durante años al casco histórico. Además, la escena gana fuerza en la parte final de la subida, justo antes de llegar a la plaza, cuando el suelo adoquinado, las fachadas encaladas y las cúpulas de la iglesia componen la fotografía que muchos visitantes tenían en la cabeza antes incluso de llegar.

Una vez alcanzada la plaza de la Iglesia de Altea, el paseo puede continuar sin perder ese ritmo tranquilo. La zona reúne terrazas, restaurantes y rincones desde los que seguir disfrutando del ambiente del casco antiguo. Además, la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo ocupa el punto central de este espacio, que formó parte del antiguo recinto fortificado y fue el patio de armas de la desaparecida fortaleza. A pocos pasos, los miradores naturales situados entre calles como San Miguel, Santa Bárbara y Salamanca ofrecen vistas abiertas al Mediterráneo y al entramado blanco del pueblo. Para disfrutar la visita con comodidad, conviene recorrer la calle sin prisas y con calzado adecuado, ya que la pendiente y el empedrado forman parte de su identidad. El atardecer añade una luz especialmente favorecedora sobre las paredes blancas y realza la imagen de la iglesia al fondo.

Hay una imagen que muchos viajeros buscan cuando llegan al casco antiguo de Altea: una calle empedrada que asciende entre casas blancas, fachadas cuidadas, flores en los balcones y, al fondo, la silueta más reconocible del pueblo. Es uno de esos rincones de la Costa Blanca que parecen pensados para caminar sin prisa, detenerse a mirar los escaparates y encontrar la foto perfecta antes de alcanzar la plaza más emblemática de esta localidad alicantina, donde el ambiente mediterráneo se mezcla con el carácter artístico que distingue al casco viejo.

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