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El viaje en un tren histórico de madera que no olvidarás nunca en Mallorca: inaugurado en 1912 e historia viva de la isla
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Un recorrido centenario

El viaje en un tren histórico de madera que no olvidarás nunca en Mallorca: inaugurado en 1912 e historia viva de la isla

Un trayecto único invita a redescubrir la isla desde una perspectiva diferente, donde el tiempo parece haberse detenido. Entre paisajes, esta experiencia ferroviaria sigue conquistando a quienes buscan algo más que un simple desplazamiento

Foto: El viaje en un tren histórico de madera que no olvidarás nunca en Mallorca. (Tren de Sóller)
El viaje en un tren histórico de madera que no olvidarás nunca en Mallorca. (Tren de Sóller)

Mallorca guarda uno de esos trayectos que transforman una simple escapada en una experiencia difícil de olvidar. Entre paisajes cambiantes, vagones de época y un ritmo alejado de la prisa actual, este recorrido ferroviario permite descubrir otra cara de la isla, más pausada, más auténtica y profundamente ligada a su historia. Desde la salida, el sonido del hierro sobre la vía, la entrada de la luz por las ventanas y la atmósfera de otro tiempo convierten el desplazamiento en parte esencial del viaje. No se trata solo de llegar a destino, sino de disfrutar del camino como una vivencia en sí misma, algo que hoy resulta cada vez más excepcional.

Ese viaje tiene nombre propio: el Tren de Sóller, inaugurado en 1912, sigue siendo una de las estampas más reconocibles de la isla gracias a sus históricos vagones de madera y a un trazado que enlaza Palma con Sóller. Su estación de salida, junto a la plaza de España, ya anticipa la singularidad del trayecto, con un edificio modernista, antiguas cocheras y un ambiente que remite a otra época. En el interior del convoy se conservan elementos que refuerzan esa sensación de viaje en el tiempo: madera lacada, puertas acristaladas, ventanas de guillotina y asientos que mantienen la esencia con la que este tren histórico ha llegado hasta hoy. Además, el trayecto, de aproximadamente una hora, invita a contemplar sin prisas una Mallorca agrícola y tradicional que aparece poco a poco ante la mirada del viajero.

Un paisaje histórico que se prolonga hasta el mar

A medida que avanza hacia la Serra de Tramuntana, el recorrido del Tren de Sóller despliega algunos de sus momentos más llamativos. Tras dejar atrás los arrabales de la ciudad, la línea atraviesa campos, apeaderos y zonas rurales hasta acercarse a Bunyola, antesala de un paisaje mucho más abrupto. Después llega el tramo más espectacular, cuando el convoy se adentra en el entorno del olivar y cruza los trece túneles abiertos en la montaña para salvar la compleja geografía. Al salir de esa oscuridad, se abre el valle de Sóller con sus huertos y montañas, una panorámica que convierte cada curva en una nueva imagen para recordar. La singularidad del trazado, los viaductos y la sucesión de túneles explican por qué este tren centenario sigue despertando interés año tras año entre visitantes y residentes.

La experiencia no termina al llegar a Sóller. De hecho, una parte importante de su atractivo está en cómo el recorrido puede continuar con el tranvía histórico que conecta la localidad con el Port de Sóller, prolongando el viaje entre patrimonio, montaña y costa. Según los horarios comunicados a partir del 30 de marzo de 2026, el tren entre Palma y Sóller cuenta con siete salidas diarias desde Ciutat y ocho en sentido inverso, mientras que el tranvía mantiene un servicio continuo a lo largo del día entre el pueblo y el puerto. Más de un siglo después de su inauguración, el Tren de Sóller sigue funcionando con la misma vocación con la que nació: unir territorios, mostrar el paisaje y recordar que viajar despacio también puede ser uno de los grandes lujos de Mallorca.

Mallorca guarda uno de esos trayectos que transforman una simple escapada en una experiencia difícil de olvidar. Entre paisajes cambiantes, vagones de época y un ritmo alejado de la prisa actual, este recorrido ferroviario permite descubrir otra cara de la isla, más pausada, más auténtica y profundamente ligada a su historia. Desde la salida, el sonido del hierro sobre la vía, la entrada de la luz por las ventanas y la atmósfera de otro tiempo convierten el desplazamiento en parte esencial del viaje. No se trata solo de llegar a destino, sino de disfrutar del camino como una vivencia en sí misma, algo que hoy resulta cada vez más excepcional.

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