La impresionante ruta ferroviaria que cruza Brasil y ofrece paisajes de película: cubre 664 kilómetros en 13 horas
Esta espectacular ruta ferroviaria atraviesa 30 ciudades de Brasil, cubriendo 664 kilómetros en una travesía de 13 horas. Una aventura inolvidable entre montañas y selvas que redefine el lujo accesible sobre raíles
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Brasil despliega ante el viajero un mapa de vías que desafía la velocidad del mundo moderno, rescatando la mística de los grandes trayectos sobre raíles. El gigante sudamericano, a pesar de haber priorizado las carreteras durante décadas, aún conserva joyas ferroviarias que permiten cruzar estados enteros mientras el paisaje de la Mata Atlántica o el Sertão se desliza tras el cristal. Estas rutas no son solo medios de transporte, sino crónicas vivientes de la ingeniería y la cultura de un país que se descubre mejor al ritmo pausado del traqueteo, conectando comunidades remotas con las grandes metrópolis.
La experiencia más emblemática de este resurgimiento ferroviario es, sin duda, el trayecto operado por la compañía Vale a través de la Estrada de Ferro Vitória a Minas (EFVM). Esta línea une la ciudad de Belo Horizonte, en el corazón de Minas Gerais, con Cariacica, en la región metropolitana de Vitória, Espírito Santo. Con un recorrido que abarca 664 kilómetros, esta ruta se ha consolidado como el viaje diario en tren más largo de todo Brasil al transportar a más de dos millones de personas cada año, reafirmando que el tren sigue siendo el alma de muchas regiones brasileñas.
Esta travesía, que destaca por su singularidad y eficiencia, supone una ruta que se prolonga durante 13 horas que atraviesa el interior profundo del país. Hablamos de un servicio que presume de puntualidad y confort, operando con una estructura que resiste al olvido del sector ferroviario nacional. A lo largo de este texto, desgranaremos los secretos de este trayecto por el Valle del Río Doce, pero también exploraremos otras alternativas fascinantes como la estratégica ruta de Carajás o la espectacular bajada por la Serra do Mar paranaense.
Un viaje de 664 kilómetros entre Minas y el mar
Cruzar el corazón de Brasil a bordo del tren de la EFVM implica sumergirse en una jornada de entre 13 y 14 horas de pura contemplación. El servicio parte puntualmente cada día a las 7:00 de la mañana desde ambos extremos: la Estación Central de Belo Horizonte y la Estación Pedro Nolasco en Cariacica. Durante el camino, el convoy atiende a 42 municipios y realiza paradas en 30 puntos de embarque y desembarque, convirtiéndose en un cordón umbilical que une valles, montañas y selvas. El precio es una de sus mayores virtudes, con pasajes que oscilan entre los 73 reales brasileños (unos 12 euros al cambio) en clase económica y los 105 reales brasilños (unos 17,50 euros) en ejecutiva, una tarifa muy competitiva frente al autobús o el avión.
La vida a bordo está diseñada para que el tiempo transcurra con la máxima comodidad posible, ofreciendo dos tipos de experiencias según el presupuesto. En la clase ejecutiva, los viajeros disfrutan de asientos más amplios con configuración 2-1, reclinación eléctrica y tomas de corriente individuales, mientras que la clase económica mantiene un estándar de calidad con buen espacio para las piernas y aire acondicionado. Ambas opciones cuentan con pantallas de entretenimiento y acceso a un sistema de streaming vía wifi. La seguridad es prioritaria, por lo que el embarque se cierra 15 minutos antes de la salida y es indispensable presentar documentación oficial con fotografía para acceder a los vagones.
Uno de los puntos álgidos de este viaje es la comida, centralizada en un vagón-restaurante que sirve platos tradicionales como pollo con arroz, frijoles y farofa. Para quienes prefieren no desplazarse, un carrito recorre los pasillos ofreciendo café con pan de queso horneado al momento. Se recomienda a los pasajeros planificar sus pedidos con antelación, ya que el personal suele tomar nota de los almuerzos al inicio del trayecto para evitar aglomeraciones. Con paradas breves de apenas dos minutos en la mayoría de las estaciones —a excepción de Gobernador Valadares, donde el tren se detiene unos ocho minutos—, la logística a bordo funciona como un reloj suizo en medio de la exuberante geografía brasileña.
Explorando la inmensidad del Norte: la ruta Carajás
Si buscamos una travesía que supere en distancia a la anterior, debemos mirar hacia la Estrada de Ferro Carajás, la joya ferroviaria que conecta el estado de Pará con el litoral de Maranhão. Este trayecto es una verdadera odisea de 892 kilómetros que se completa en 16 horas aproximadamente, uniendo la ciudad portuaria de São Luís con Parauapebas. Inaugurada en 1985 para dar salida al mineral de la Serra dos Carajás, hoy es un pilar fundamental para el turismo y la integración regional, transportando a unos 350.000 pasajeros anuales. El tren atraviesa 27 ciudades, serpenteando entre bosques tropicales y comunidades rurales que dependen casi exclusivamente de este gigante de hierro.
El confort en esta ruta de larga distancia no se queda atrás, ofreciendo vagones con aire acondicionado y un servicio de a bordo completo que incluye lanchonete y restaurante. Los precios son igualmente accesibles, rondando los 90 reales brasileños (unos 15 euros al cambio) para la clase económica y los 170 reales brasileños (unos 28,50 euros) para la ejecutiva en el trayecto completo. El calendario de salidas es específico: desde São Luís el tren parte los lunes, jueves y sábados a las 8:00, mientras que desde Parauapebas inicia su retorno los martes, viernes y domingos a las 6:00. Es una oportunidad inigualable para descubrir el "Brasil profundo", ese que se aleja de las postales típicas y muestra la pujanza minera y la biodiversidad del norte del país.
Viajar en el tren de Carajás permite al viajero observar la transición de paisajes que van desde las zonas costeras del Nordeste hasta la densidad de la selva amazónica. Las paradas estratégicas en lugares como Santa Inês, Açailândia y Marabá ofrecen una radiografía cultural única de estas regiones en crecimiento. Al igual que en la ruta Vitória-Minas, se recomienda llevar entretenimiento offline y cargadores portátiles, ya que la señal de telefonía suele ser intermitente al atravesar zonas selváticas. Esta línea representa uno de los pocos tramos ferroviarios activos de pasajeros que mantienen una infraestructura de alto nivel en el continente, combinando utilidad pública con un atractivo turístico de primer orden.
Descenso al paraíso en el Serra Verde Express
Cambiando radicalmente de escenario, el sur de Brasil custodia una de las experiencias ferroviarias más bellas del planeta según publicaciones como The Guardian. El Serra Verde Express, que recorre el tramo entre Curitiba y Morretes en el estado de Paraná, es una aventura de 110 kilómetros que se adentra en el corazón de la Serra do Mar. Aunque es un trayecto más corto, de unas cuatro horas de duración, su complejidad técnica es asombrosa: el tren atraviesa 41 puentes y 13 túneles en un descenso vertiginoso entre cascadas, acantilados y una vegetación de un verde casi irreal. Es, en palabras de sus operadores, un auténtico milagro arquitectónico que sigue operativo desde hace más de un siglo.
El destino final de esta ruta es Morretes, una ciudad colonial que parece detenida en el tiempo, con sus calles adoquinadas y su arquitectura antigua a orillas del río Nhundiaquara. Aquí, los viajeros no solo buscan la belleza del paisaje, sino también la excelencia gastronómica local. El plato estrella es el barreado, un estofado de carne cocinado durante horas en ollas de barro que se sirve con harina de mandioca y plátano. La combinación de la adrenalina del descenso ferroviario con la paz de este enclave histórico convierte al Serra Verde Express en una parada obligatoria para los amantes del turismo ferroviario de alta calidad.
Este ferrocarril centenario ofrece una perspectiva única de la ingeniería del siglo XIX adaptada a las necesidades del siglo XXI. A diferencia de las rutas de gran distancia de Vale, esta tiene un enfoque eminentemente turístico, permitiendo disfrutar a los viajeros de la naturaleza sin prisas. La opción de regresar a Curitiba en coche por la carretera BR-277 está disponible, pero la mayoría prefiere la experiencia completa del tren para capturar fotografías de los viaductos que cuelgan literalmente sobre el abismo. Es el complemento perfecto para entender la diversidad de la red ferroviaria brasileña, que va desde la integración social de Carajás hasta el deleite visual de Paraná.
Consejos esenciales para dominar las vías brasileñas
Para aprovechar al máximo estas rutas sobre railes, la planificación es el billete hacia el éxito. Un consejo de oro para quienes viajan en la ruta de la EFVM es elegir bien el lado del vagón al comprar el billete, buscando siempre la mejor perspectiva hacia el Río Doce para no perderse ni un detalle del paisaje. Además, debido a que el aire acondicionado suele ser potente y el viaje termina al anochecer, es fundamental incluir en el equipaje de mano un abrigo ligero y una almohada de cuello. Al ser trayectos donde la conexión a internet es volátil, llevar libros o música descargada garantizará un viaje mucho más ameno.
La dinámica de las comidas también requiere estrategia para evitar las filas en el vagón-restaurante durante las horas punta. Adelantar el almuerzo a las 11:30 o retrasarlo ligeramente permite disfrutar de una comida tranquila mientras el tren avanza por los tramos más pintorescos de Minas Gerais. Es importante recordar que, aunque se permite llevar bocadillos, el transporte de alimentos perecederos está restringido por motivos de higiene. Tener a mano efectivo o haber configurado el sistema de pago PIX es vital, ya que los datáfonos pueden fallar en las zonas de sombra de cobertura móvil.
Quienes se atreven a viajar sobre los raíles de acero descubren un Brasil auténtico, pausado y lleno de historias por la ventana de un tren
Finalmente, estos viajes representan una forma de resistencia cultural en un país que casi olvida sus raíles. Recorrer 30 ciudades en un solo día, atravesando viaductos centenarios y túneles excavados a mano, ofrece una conexión emocional con la historia de Brasil que ningún otro medio de transporte puede igualar. Ya sea por necesidad de desplazamiento o por el simple placer de viajar, estas rutas ferroviarias demuestran que el camino es tan importante como el destino. Quienes se atreven a cambiar las nubes del avión por los raíles de acero descubren un Brasil auténtico, pausado y lleno de historias que solo se pueden ver a través de la ventana de un tren.
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Brasil despliega ante el viajero un mapa de vías que desafía la velocidad del mundo moderno, rescatando la mística de los grandes trayectos sobre raíles. El gigante sudamericano, a pesar de haber priorizado las carreteras durante décadas, aún conserva joyas ferroviarias que permiten cruzar estados enteros mientras el paisaje de la Mata Atlántica o el Sertão se desliza tras el cristal. Estas rutas no son solo medios de transporte, sino crónicas vivientes de la ingeniería y la cultura de un país que se descubre mejor al ritmo pausado del traqueteo, conectando comunidades remotas con las grandes metrópolis.